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Novena a María, la que Desata los Nudos

Se reza en cualquier fecha

María, la que desata los nudos, es una advocación que contempla a la Virgen deshaciendo, con paciencia y ternura, los enredos de nuestra vida: conflictos, heridas, situaciones sin salida. Se le confían los «nudos» que no logramos soltar, con la certeza de que ninguna madre abandona a sus hijos. Novena para pedir su intercesión.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición para todos los días

Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque, pecando, ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como tú. Antes querría haber muerto que haberte ofendido, y propongo firmemente, ayudado por tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Oración inicial para todos los días

Santísima Virgen María, «la que desata los nudos», te ofrezco esta novena, pidiéndote por las siguientes intenciones:

(Aquí se dicen y recuerdan los favores que se quieren alcanzar.)

Día 1

Los nudos de la vida

Todos cargamos nudos: conflictos que no se resuelven, rencores que no se sueltan, pecados repetidos, situaciones que se enredan más cuanto más las jalamos. Nudos que aprietan y quitan la paz.

María sabe de nudos y de paciencia. No jala con fuerza ni corta con violencia: desata con delicadeza, hilo por hilo. Confiarle nuestros enredos es dejar de forcejear y empezar a soltar.

María, ayúdame a poner en tus manos el nudo que más me pesa, y a dejar de forcejear con él.

Día 2

La nueva Eva desata el nudo de Eva

San Ireneo, en el siglo II, escribió que 'el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María'. De esa idea antigua nace esta devoción: donde el pecado enredó, la fe de María desenreda.

El primer nudo que María desató fue el de la humanidad entera, con su sí. Por eso puede desatar los nuestros: su obediencia amorosa abre siempre camino donde el pecado había cerrado.

María, nueva Eva, desata en nosotros los nudos que el pecado ha ido apretando.

Día 3

Nudos en la familia

Muchos nudos están en casa: hermanos que no se hablan, matrimonios enredados en reproches, padres e hijos distanciados. Son los nudos que más duelen, porque aprietan donde más amamos.

María, Madre de la familia de Nazaret, conoce estos enredos. Confiémosle hoy los conflictos familiares, para que su paciencia materna vaya soltando lo que el orgullo tensó.

María, desata los nudos de nuestra familia: la falta de perdón, el rencor, la incomunicación.

Día 4

El nudo del rencor

Hay un nudo especialmente apretado: el rencor. Guardar una ofensa es como sostener un nudo con las dos manos: nos ata a nosotros más que al otro. Perdonar es soltarlo, y solo con la gracia se logra.

María, que perdonó a los que crucificaron a su Hijo, puede ayudarnos a soltar lo que no logramos perdonar solos. Pidamos hoy la gracia difícil del perdón.

María, desata el nudo del rencor en nuestro corazón; danos perdonar como tú perdonaste.

Día 5

Nudos de angustia y miedo

También el miedo hace nudos: la ansiedad que oprime el pecho, la preocupación que no deja dormir, los pensamientos que se enredan de noche. Nudos que no siempre se resuelven pensando más, sino confiando más.

'No se angustien por nada', dice San Pablo, 'presenten a Dios sus peticiones'. Entregar la angustia a María es aflojar el nudo del miedo y respirar de nuevo en manos de la Madre.

María, desata los nudos de la angustia y el miedo; devuélvenos la paz del corazón.

Día 6

La paciencia de la Madre

En la imagen, María no rompe la cinta: la desata con paciencia infinita, nudo por nudo. Algunos enredos de la vida no se resuelven de golpe, sino poco a poco, con constancia y sin desesperar.

Dios rara vez desata todo de una vez; nos enseña a esperar y a colaborar. La paciencia de María nos contagia la certeza de que, si perseveramos, el nudo cederá.

María, danos tu paciencia para esperar mientras desatas, poco a poco, los nudos de nuestra vida.

Día 7

Nudos que yo mismo aprieto

Algunos nudos los apretamos nosotros: la terquedad, el orgullo que no cede, el vicio que no soltamos. Pedir a María que los desate incluye dejar de tirar de ellos, colaborar con su gracia, cambiar lo que está en nuestra mano.

La Madre desata, pero no contra nuestra voluntad. Reconocer nuestra parte en el enredo es el primer hilo que se suelta. La humildad afloja lo que el orgullo tensó.

María, ayúdame a soltar mi parte del nudo: mi orgullo, mi terquedad, mis apegos.

Día 8

Confiar el nudo que no entendemos

Hay nudos cuya causa no entendemos y cuya salida no vemos. No siempre hace falta comprender para confiar. Basta poner el enredo en manos de quien sí ve el hilo entero y sabe por dónde empezar.

María contempló misterios que no entendía y los guardó en su corazón, confiando. Entreguémosle también lo que no comprendemos, seguros de que ella ve lo que a nosotros se nos escapa.

María, te confío el nudo que no entiendo; desátalo tú, que ves lo que yo no alcanzo a ver.

Día 9

Manos libres para amar

Termina la novena. El fruto de dejar que María desate nuestros nudos no es solo la paz: son las manos libres. Quien ya no forcejea con sus enredos tiene las manos disponibles para amar y servir.

Quizá el nudo que le confiamos no esté del todo desatado, pero algo cambió: ya no lo cargamos solos. Sigamos poniéndolo en sus manos cada día, con la confianza de un hijo.

María que desatas los nudos: concédeme la gracia de esta novena, desata lo que me ata y deja mis manos libres para amar. Amén.

Oración final para todos los días

Oración de Consagración a María

Señora y Madre mía, Virgen Santa María, «la que desata los nudos»: a tus pies me encuentro para consagrarme a ti. Con filial afecto te ofrezco en este día cuanto soy y cuanto tengo: mis ojos, para mirarte; mis oídos, para escucharte; mi voz, para cantar tus alabanzas; mi vida, para servirte; mi corazón, para amarte. Acepta, Madre mía, el ofrecimiento que te hago y colócame junto a tu corazón inmaculado. Ya que soy todo tuyo, Madre de misericordia, la que desata los nudos que aprisionan nuestro pobre corazón, guárdame y protégeme como posesión tuya. No permitas que me deje seducir por el maligno, ni que mi corazón quede enredado en sus engaños. Enséñame a aceptar los límites de mi condición humana, sin olvidar que puedo superarme con la ayuda de la gracia, y a agradecer siempre a Dios por mi existencia. Ilumíname para que no deseche al Creador por las criaturas, ni me aparte del camino que él pensó para mí. Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oraciones fijas para todos los días (Señal de la Cruz, Acto de Contrición y Oración de Consagración a María): texto tradicional de dominio público, de práctica difundida en devocionarios de la advocación; el Acto de Contrición «Pésame, Dios mío» es la fórmula clásica de dominio público. La Oración inicial y las meditaciones/reflexiones propias de cada día son composición original de Rezo. Pendiente de revisión.

Reza la novena a María, la que Desata los Nudos donde estés

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