Novena a la Divina Misericordia
La novena a la Divina Misericordia se reza tradicionalmente del Viernes Santo al sábado anterior a la Fiesta de la Misericordia (el domingo después de Pascua), encomendando cada día distintos grupos de almas al Corazón misericordioso de Jesús. Puede rezarse también en cualquier tiempo, acompañada de la Coronilla. Meditaciones propias de Rezo sobre los temas de la devoción.
Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.
Oración inicial para todos los días
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de Contrición para todos los días
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo; y sobre todo, porque te ofendí a Ti, que eres tan bueno y que tanto me amas, a quien yo quiero amar sobre todas las cosas. Propongo firmemente, ayudado con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Oración para todos los días
Jesús misericordioso: de tu Corazón traspasado brotaron sangre y agua como fuente de misericordia para el mundo. En ti ponemos toda nuestra confianza. Recibe esta novena, y con ella a todas las almas que cada día te encomendamos. Jesús, en ti confiamos. Amén.
(Aquí se pide la gracia que se desea alcanzar por esta novena.)
Día 1
Por toda la humanidad, especialmente los pecadores
El primer día, la tradición de esta novena encomienda a la humanidad entera, y en primer lugar a los pecadores — es decir, nos encomienda a todos. La misericordia no es un premio para los buenos: es la mano tendida de Dios precisamente a los que se hundieron.
Sumergir a alguien en la misericordia de Jesús es el acto de intercesión más grande. Empecemos por nosotros mismos, sin excusas y sin desesperación: tal como estamos.
Jesús misericordioso, recibe a toda la humanidad en tu Corazón abierto, empezando por nosotros, pecadores que confiamos en ti.
Día 2
Por los sacerdotes, religiosos y religiosas
Hoy encomendamos a quienes Dios llamó a servir de cerca: sacerdotes, religiosos, religiosas, misioneros. De su fidelidad depende que la misericordia llegue a tantos — en la confesión, en la Misa, en la caridad organizada de la Iglesia.
También ellos cargan cansancios y tentaciones, y pocas veces alguien reza por los que rezan por todos. Hoy nos toca a nosotros.
Señor, sostén a tus sacerdotes y consagrados: hazlos santos, fieles y misericordiosos, y envía obreros a tu mies.
Día 3
Por las almas devotas y fieles
Hoy la novena encomienda a los cristianos fieles: los que sostienen la parroquia, rezan el rosario, cuidan enfermos, educan a sus hijos en la fe. También la fidelidad necesita gracia: nadie persevera con sus solas fuerzas.
Fueron esas almas las que consolaron a Jesús en Getsemaní, dice la tradición de esta devoción. Cada fidelidad escondida consuela al Señor más de lo que imaginamos.
Jesús, guarda en tu misericordia a los fieles de tu Iglesia: que no se cansen de hacer el bien ni pierdan el primer amor.
Día 4
Por los que no creen y los que aún no conocen a Jesús
Hoy abrimos el corazón a los que no conocen a Dios o lo perdieron de vista: los que nunca oyeron el Evangelio de verdad, los heridos por malos ejemplos, los que se dicen sin fe pero buscan sentido a tientas.
Para Dios no son extraños: son hijos esperados. Nuestra oración de hoy les alcanza gracias que quizá nadie más les pide.
Padre de misericordia, sal al encuentro de los que no te conocen; que encuentren tu luz, y que nuestra vida no se las estorbe.
Día 5
Por los hermanos separados
Hoy rezamos por los cristianos separados de la unidad de la Iglesia. La túnica de Cristo, tejida de una sola pieza, sigue desgarrada por divisiones de siglos — y cada división es una herida en su Corazón.
La unidad no se fabrica con discusiones sino con santidad y misericordia mutua. Empieza cerca: en las familias divididas por temas de religión, que recen unos por otros con respeto y amor.
Señor Jesús, que todos los cristianos seamos uno, como tú y el Padre son uno; une lo que está roto, en tu Iglesia y en nuestras familias.
Día 6
Por los mansos, los humildes y los niños
Hoy encomendamos a las almas que más se parecen a Jesús: los humildes que sirven sin figurar, y los niños, cuya inocencia es el tesoro más frágil del mundo.
Estas almas — enseña la devoción — son las que más consuelan al Corazón de Dios y sostienen al mundo con su oración escondida. Pidamos parecernos a ellas, y proteger a los pequeños de todo mal.
Jesús manso y humilde, guarda a los niños de todo daño, premia a los humildes, y haznos pequeños como ellos.
Día 7
Por los que veneran y difunden la misericordia
Hoy rezamos por los devotos de la Divina Misericordia: los que rezan la coronilla a las tres de la tarde, los que confían en medio de la prueba, los que hablan a otros del perdón de Dios.
Venerar la misericordia compromete: quien la recibe debe darla. La devoción se demuestra con obras — perdonar, ayudar, hablar bien — más que con estampas.
Jesús, haz de nosotros apóstoles de tu misericordia: que la recibamos con humildad y la repartamos sin medida.
Día 8
Por las almas del purgatorio
Hoy la novena baja hasta las almas que se purifican esperando el cielo: las que ya no pueden merecer por sí mismas y dependen enteramente de nuestra oración, nuestras misas y nuestros sacrificios.
Es la caridad más pura: rezar por quienes no pueden agradecernos todavía. Y la más sabia: ellas, ya en el cielo, no olvidan a quienes las ayudaron.
Dale, Señor, el descanso eterno a las almas del purgatorio; que tu misericordia apague las llamas de su espera.
Día 9
Por las almas tibias
El último día se reserva a las almas tibias: las que creen sin amar, cumplen sin entregarse, ni frías ni calientes. La tradición de esta devoción enseña que esa indiferencia fue de los dolores más amargos de Jesús en Getsemaní.
La tibieza nos ronda a todos. El remedio es el fuego de la misericordia: dejarse amar de nuevo, en serio. Mañana, Fiesta de la Misericordia, ese fuego se ofrece a manos llenas: confesión, comunión y confianza total.
Jesús misericordioso, enciende a las almas tibias — y a la nuestra —; que terminemos esta novena ardiendo en confianza: Jesús, en ti confiamos.
Oración final para todos los días
Dios eterno, cuya misericordia es infinita: mira con bondad a toda la humanidad, especialmente a los pecadores y a los que sufren. Por la Pasión dolorosa de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.
V. Jesús, en ti confío.R. Jesús, en ti confiamos.
Se recomienda rezar a continuación la Coronilla de la Divina Misericordia.
Estructura tradicional de la devoción (Santa Faustina Kowalska); meditaciones y oraciones: composición original de Rezo — NO se reproducen textos del Diario de Santa Faustina (© Congregación de los Marianos). Redactado 2026-07-01. Pendiente de revisión. La Señal de la Cruz y el Acto de Contrición «Señor mío Jesucristo» son la fórmula clásica de dominio público común a las novenas.