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Las Posadas

Comienza 16 de dic.Fiesta 25 de dic.

Del 16 al 24 de diciembre, las posadas reviven el peregrinar de María y José buscando alojamiento en Belén: cada noche se reza, se canta a dos coros el «Canto para Pedir Posada» — los peregrinos afuera, los hospederos adentro — y se celebra con villancicos, aguinaldos y piñata (la tradicional, de siete picos, representa los siete pecados capitales que la fe rompe a palos). Cada noche de esta edición medita una jornada del camino a Belén.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Delante de las imágenes de los Peregrinos, la Virgen María y el Señor San José, disponemos nuestra mente y nuestro corazón para prepararnos a la Venida de Nuestro Señor Jesucristo. Oh divino Espíritu Santo, derrama tu gracia en nuestro corazón para que esta oración que vamos a ofrecer al Padre rinda frutos de conversión durante este adviento en nuestro corazón. Limpia nuestros labios, nuestra mente y nuestro corazón. Por eso comenzamos pidiendo perdón por nuestros pecados.

Acto de Contrición

Postrado en tu presencia, ¡oh Adorable Trinidad!, te bendigo y doy gracias por el inefable misterio de la encarnación en el vientre de la más pura de las Vírgenes, víctima propicia de la Divina Justicia por el mundo pecador. He aquí al más ingrato de los pecadores, que confundido y avergonzado reconoce tu amor infinito y ardientísima caridad, te adora, bendice y alaba, a ti que desde el vientre purísimo de María te entregaste a padecimientos, menosprecios y vejaciones siendo inocente, y aún te fijas en mí con ojos de misericordia, en mí, el más indigno de tu perdón, por haber ultrajado tu Santidad y Grandeza a cambio de los innumerables beneficios que me has prodigado. Oh Salvador, que a redimirme viniste de la esclavitud del demonio, Padre que olvidando mis locuras y extravíos me busca, me llama y ofrece, a cambio de tanta ingratitud, amor y bienaventuranza eterna. Pequé y me pesa en el alma haberte ofendido. Aumenta, Dios mío, mi arrepentimiento y dame la fuerza eficaz para odiar el pecado y perseverar en tu Santo Servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Ofrecimiento de las nueve Avemarías

Te ofrecemos estas nueve Ave Marías, oh Castísima Virgen y Madre de Dios, en memoria de tu Gloriosa Maternidad y por todas las virtudes con que el Altísimo adornó tu alma. Te ruego no mires en mí la miseria e indignidad que me revisten; atiende sólo al honrosísimo título de Madre de Dios, título que, llenándonos de regocijo y consuelo, nos infunde la esperanza de que en la hora final, olvidándote de nuestras ingratitudes, sólo recordarás que, como Madre del Salvador, quien en su agonía te hizo depositaria de su misericordia para que la tuvieses con los pecadores, en esa tremenda hora la uses con nosotros. Acuérdate en ella de que suplicantes imploramos tu asistencia, cuya memoria nos bastará, pues sabemos que nunca quien tu auxilio implora será desamparado; y así confío en obtener la gracia de recibir en mi pecho a tu Divino Niño Jesús Sacramentado, gracia que será la señal de mi perdón y prenda segura de la vida eterna. Amén.

Se reza a continuación la meditación propia del día, y al terminar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. Luego, en procesión, se canta el «Canto para pedir posada».

Día 1

Primera posada — La salida de Nazaret

María y José cierran la puerta de su casa en Nazaret y echan a andar. Dejan lo conocido — el taller, los vecinos, la fuente — obedeciendo un censo que no eligieron, confiando en un Dios que sí eligieron.

Toda posada empieza con una salida. Esta noche dejamos también nosotros algo atrás: una comodidad, un rencor, una distracción — lo que nos estorbe para caminar a Belén.

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 2

Segunda posada — El peso del camino

Los caminos de Judea son largos y pedregosos. María, encinta, avanza despacio; José mide cada jornada pensando en ella. El Salvador del mundo viaja escondido, al ritmo del cansancio de su madre.

Dios no le teme a nuestra lentitud. Esta noche encomendamos a los que caminan cansados: los enfermos, los ancianos, los que cargan a otros.

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 3

Tercera posada — La confianza de María

María guarda dentro al Hijo prometido y una certeza: «El Poderoso ha hecho obras grandes en mí.» No sabe dónde dormirá mañana, pero sabe de quién es el Niño que espera. Su serenidad sostiene la caravana.

La confianza no es saber cómo saldrán las cosas: es saber con quién vamos. Esta noche, junto a la vela encendida, se lo decimos a Dios con María: hágase tu voluntad.

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 4

Cuarta posada — José toca la primera puerta

Llegan a Belén al caer la tarde. José endereza la espalda, respira hondo y toca: «En el nombre del cielo, os pido posada...» Del otro lado, una voz sin rostro: «Aquí no es mesón. Sigan adelante.»

El canto de las posadas conserva ese diálogo para que no lo olvidemos: a Dios se le puede decir que no. Se lo decimos con puertas, con horarios, con excusas. Esta noche escuchamos nuestro propio «sigan adelante» — y lo convertimos en «pasen».

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 5

Quinta posada — Puertas que se cierran

Otra puerta, y otra, y otra. «No sean molestos.» Belén está lleno, y nadie quiere problemas a esas horas. El mundo le cerró la puerta a Dios la misma noche en que venía a salvarlo.

Hoy también hay peregrinos ante puertas cerradas: migrantes, familias sin techo, ancianos solos. Cada posada nos entrena para la pregunta del Evangelio: «Señor, ¿cuándo te vimos forastero y no te recibimos?»

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 6

Sexta posada — La voz que reconoce

En el canto, todo cambia cuando el hospedero por fin escucha: «¿Eres tú, José? ¿Tu esposa es María?» Al reconocerlos, la puerta se abre de par en par: «Entren, santos peregrinos.» La casa pobre se vuelve la más honrada de Belén.

Reconocer cambia todo. Detrás del que pide hay siempre un nombre, una historia — y muchas veces, el mismo Dios disfrazado. Pidamos ojos que reconozcan.

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 7

Séptima posada — La piñata y la fiesta

Tras el rezo viene la fiesta, y en el centro, la piñata de siete picos: los siete pecados capitales, brillantes por fuera como toda tentación. Se rompe con los ojos vendados — con la fe — y a palos de decisión, y de ella cae el bien que Dios quiere para sus hijos.

La alegría de las posadas es catequesis pura: la fiesta cristiana celebra la victoria sobre el mal, no la evasión de la vida. Se puede rezar cantando y evangelizar con dulces.

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 8

Octava posada — El establo

Al final no hubo cuarto: hubo un establo prestado a las afueras. José lo barre lo mejor que puede; María acomoda la paja del pesebre. Dios está por nacer en el lugar que nadie quiso.

Mañana es Nochebuena. El establo nos pregunta por nuestros lugares descuidados — la oración abandonada, la relación enfriada — que pueden ser, precisamente, donde el Niño quiera nacer.

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Día 9

Novena posada — Nochebuena: el acostamiento del Niño

La última posada es la Nochebuena. Esta noche, en tantos hogares, se «acuesta al Niño»: la figura del Niño Dios se arrulla entre cantos y se coloca por fin en el pesebre que esperó vacío todo el mes.

Nueve noches pidiendo posada terminan con la puerta más importante abierta: la del corazón. Que el Niño que esta noche nace encuentre la casa alegre, la familia unida y un lugar reservado para Él todo el año.

Oh peregrina agraciada, oh dulcísima María, yo te ofrezco el alma mía para que tengas posada.

Humildes peregrinos, Jesús, María y José, el alma doy por ellos, mi corazón también.

Oración final para todos los días

Oración final

Oh Divino Señor, que llenando cielo y tierra con tu gloria, quisiste caminar desconocido y esconder tu grandeza en un establo humilde. Haz que mis sentidos y potencias te alaben y que viva agradecido a tu amor con que te dignaste hacerte hombre para salvarme a mí, miserable criatura. Aviva, Madre mía, en mí los afectos hacia tu divino Hijo, para que hospede siempre en mi corazón a mi buen Jesús. Amén.

Al abrir las puertas y en la despedida se cantan los versos tradicionales de las posadas.

Acto de Contrición, ofrecimiento de las nueve Avemarías, jaculatoria y oración final: texto tradicional de dominio público de la novena de posadas, con modernización ligera de las formas arcaicas de segunda persona (vos/vosotros → tú), conservando el sentido y la estructura. El «Canto para pedir posada» (villancico tradicional) se encuentra en la biblioteca. Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.

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