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Novena a San Juan Diego

Comienza 30 de nov.Fiesta 9 de dic.

San Juan Diego Cuauhtlatoatzin (1474–1548), indio chichimeca, fue el vidente de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac. Humilde y fiel, en su tilma quedó impresa la imagen. Primer santo indígena de América, es modelo de humildad y de fe sencilla. Su fiesta es el 9 de diciembre, víspera de la novena guadalupana.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición para todos los días

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber pecado, porque he merecido el infierno y perdido el cielo; y sobre todo, porque te ofendí a Ti, que eres tan bueno y que tanto me amas, a quien yo quiero amar sobre todas las cosas. Propongo firmemente, ayudado con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Oración para todos los días

San Juan Diego, el más pequeño de los hijos de la Virgen: tú llevaste su mensaje con humildad y fe. Alcánzanos tu sencillez de corazón. Recibe esta novena y, con la Morenita del Tepeyac, preséntala al Señor. Amén.

(Aquí se pide la gracia que se desea alcanzar por esta novena.)

Día 1

Cuauhtlatoatzin, «el que habla como águila»

Antes del bautismo se llamaba Cuauhtlatoatzin, 'el que habla como águila'. Indio macehual, hombre del pueblo, ya adulto abrazó la fe cristiana con hondura. Dios lo había preparado en su cultura para una misión única.

Dios no borra lo que somos: lo asume y lo eleva. La fe no le quitó a Juan Diego su identidad indígena; la llenó de sentido. También a nosotros nos llama tal como somos, con nuestra historia.

San Juan Diego, enséñanos a poner al servicio de Dios lo que somos y de dónde venimos.

Día 2

El elegido más pequeño

La Virgen lo llamó 'Juanito, el más pequeño de mis hijos'. Para llevar el mensaje que transformaría a un continente, el cielo no eligió a un obispo ni a un noble, sino a un indio viudo y pobre. La grandeza de Dios brilla en la pequeñez.

Dios sigue eligiendo a los pequeños para sus grandes obras. Sentirnos poca cosa no nos descalifica: puede ser, precisamente, la condición para que Dios cuente con nosotros.

San Juan Diego, enséñanos que nuestra pequeñez no estorba a Dios, sino que le da lugar.

Día 3

El mensajero fiel

Juan Diego llevó el mensaje de la Virgen al obispo una y otra vez, a pesar del rechazo y la incredulidad. No se cansó ni se ofendió: insistió con humildad hasta que fue escuchado. La fidelidad se prueba en la constancia.

Cumplir lo que Dios pide, aunque no veamos frutos inmediatos y aunque otros no nos crean, es la fidelidad del buen mensajero. Juan Diego perseveró; nosotros pidámosle esa constancia.

San Juan Diego, danos fidelidad y constancia para cumplir lo que Dios nos pide, aunque cueste.

Día 4

El amor a su tío

Cuando su tío Juan Bernardino enfermó gravemente, Juan Diego dejó todo para buscarle un sacerdote, incluso rodeando el cerro para no demorarse con la Virgen. Su fe no lo apartaba de sus deberes familiares; los honraba.

La verdadera devoción no descuida a la familia: la incluye. Juan Diego amaba a Dios y a su tío a la vez. También nuestra fe debe hacernos más atentos con los nuestros, no menos.

San Juan Diego, enséñanos a unir el amor a Dios con el cuidado atento de nuestra familia.

Día 5

«¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?»

Cuando Juan Diego iba angustiado por su tío, la Virgen le salió al paso con las palabras más consoladoras: '¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra?' Y le aseguró que su tío ya estaba sano.

Esas palabras, dirigidas a Juan Diego, son también para nosotros. En medio de nuestras angustias, la Madre nos recuerda que estamos bajo su sombra y su amparo. No cargamos solos.

San Juan Diego, que oíste a la Madre, ayúdanos a confiar en su amparo en nuestras angustias.

Día 6

La tilma

En su humilde tilma de fibra de maguey quedó impresa la imagen de la Virgen. El cuerpo de Juan Diego fue el soporte del milagro: su pobreza se volvió lienzo del cielo. Dios escribe sus maravillas sobre lo humilde.

Cada bautizado es, como la tilma, soporte donde Dios quiere imprimir su imagen. Dejémonos 'pintar' por la gracia, para llevar a Cristo grabado en la vida.

San Juan Diego, que Dios imprima su imagen en nosotros como la imprimió en tu tilma.

Día 7

El ermitaño del Tepeyac

Tras las apariciones, Juan Diego pasó el resto de su vida cuidando la ermita de la Virgen y hablando de ella a cuantos llegaban. Renunció a la fama: no quiso ser protagonista, solo servidor de la Madre y su mensaje.

Después de una gracia grande, la tentación es apropiársela. Juan Diego eligió el servicio escondido. La verdadera misión no busca lucirse, sino que otros conozcan y amen a Dios.

San Juan Diego, enséñanos a servir sin buscar protagonismo, solo para que otros conozcan a Dios.

Día 8

Primer santo indígena de América

San Juan Pablo II lo canonizó en 2002 en la Basílica de Guadalupe: el primer santo indígena de América. Su santidad reivindicó la dignidad de los pueblos originarios y mostró que la fe echó raíces profundas en esta tierra.

La santidad no tiene raza ni clase. Juan Diego en los altares es un mensaje: todos los pueblos están llamados a la santidad, y ninguno es menos ante Dios.

San Juan Diego, defiende la dignidad de los pueblos humildes y recuérdanos que todos somos llamados a la santidad.

Día 9

Llevar a la Madre a los demás

Termina la novena, víspera de la novena a la Guadalupana. Juan Diego fue puente entre la Madre y su pueblo. Su vida entera se resume en un servicio: llevar a María, y por ella a Cristo, a los demás.

Esa es también nuestra misión: ser mensajeros humildes que acercan a otros a la fe, con el ejemplo más que con las palabras. Como Juan Diego, digamos sí sin sentirnos dignos, confiando en la Madre.

San Juan Diego: concédenos la gracia de esta novena y haznos, como tú, mensajeros humildes de la Virgen y de su Hijo. Amén.

Oración final para todos los días

San Juan Diego: enséñanos la humildad y la obediencia con que serviste a la Virgen, y alcánzanos la gracia que te pedimos. Que, como tú, llevemos a Cristo y a su Madre a los demás. Amén.

V. San Juan Diego.R. Ruega por nosotros.

Se rezan un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

Oraciones: texto Rezo según la estructura tradicional de novena, de dominio público. Meditaciones: composición original de Rezo sobre el relato del Nican Mopohua (dominio público). Redactado 2026-07-01. Pendiente de revisión. La Señal de la Cruz y el Acto de Contrición «Señor mío Jesucristo» son la fórmula clásica de dominio público común a las novenas.

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