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Novena a San Miguel Arcángel

Comienza 20 de sept.Fiesta 29 de sept.

San Miguel Arcángel, 'príncipe de las milicias celestiales', es el gran defensor del pueblo de Dios contra el mal. Su nombre significa '¿Quién como Dios?'. Se le invoca por protección en el combate espiritual. Su fiesta, junto a los arcángeles Gabriel y Rafael, es el 29 de septiembre; la novena se reza del 20 al 28.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

Confesión

En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Yo, pecador, me confieso a Dios todopoderoso, a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los santos y a ustedes, hermanos, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra y obra; por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa. Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado san Miguel Arcángel, al bienaventurado san Juan Bautista, a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a todos los santos y a ustedes, hermanos, que rueguen por mí a Dios nuestro Señor. Amén.

Oración a San Miguel

San Miguel, Primado entre los Príncipes del Cielo, te ofrezco mis alabanzas y devoción, porque Dios te ha creado tan excelente y tan perfecto y te ha dotado de un celo tan grande por su gloria y de una sumisión tan admirable a sus divinos decretos. San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. ¡Reprímale Dios!, pedimos suplicantes. Y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el Divino Poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.

Celestial y purísimo Mensajero de Dios, dígnate alcanzarme de los Sagrados Corazones de Jesús y María un verdadero amor por Ellos, la sumisión a la divina Voluntad y la gracia que se desea obtener con esta novena.

Se reza a continuación la jaculatoria propia del día.

Día 1

¿Quién como Dios?

El nombre Miguel significa '¿Quién como Dios?'. Es a la vez pregunta y grito de guerra: la respuesta del ángel fiel al orgullo de Lucifer, que quiso ponerse en el lugar de Dios. Miguel eligió la humildad de adorar.

Toda tentación repite, en el fondo, el pecado de Lucifer: ponernos a nosotros en el lugar de Dios. La victoria de Miguel empieza donde reconocemos que nadie es como Dios, y solo a Él adoramos.

María Inmaculada, Madre y dulce Medianera, Reina de los Cielos, humildemente te suplicamos intercedas por nosotros. Ruega a Dios que envíe a San Miguel y a sus ángeles para apartar los obstáculos que se oponen al reinado del Sagrado Corazón en el mundo. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 2

El combate en el cielo

El Apocalipsis describe la batalla: 'Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón.' El mal fue vencido, no por la fuerza, sino por la fidelidad de los que permanecieron con Dios. El bien triunfa por lealtad, no por poder.

La lucha entre el bien y el mal atraviesa también nuestro corazón. En ella no estamos solos: Miguel y los ángeles combaten a nuestro lado cuando nos ponemos de parte de Dios.

San Miguel, Ángel de los Santos combates, te ofrezco mis alabanzas y devoción por la inefable complacencia con que Dios te mira como defensor de su gloria. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 3

Defensor de la Iglesia

La tradición ve en San Miguel al defensor del pueblo de Dios a lo largo de la historia, como antes lo fue de Israel. El papa León XIII, tras una visión del mal que amenazaba a la Iglesia, compuso la célebre oración pidiendo su protección.

La Iglesia tiene enemigos visibles e invisibles. Rezar a San Miguel por ella no es miedo, sino confianza: el príncipe de las milicias celestiales vela por la barca de Pedro.

San Miguel, Ángel de la Victoria, con devoción te alabo por la alegría con que Nuestro Señor Jesucristo te ve como celoso defensor de su divinidad y las victorias que consigues sobre los enemigos de nuestras almas. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 4

Amparo contra las tentaciones

En el combate diario contra las propias tentaciones —la ira, la impureza, la envidia, el desánimo— San Miguel es aliado poderoso. Invocar su nombre en el momento de la lucha ahuyenta al enemigo que susurra al oído.

No estamos indefensos ante el mal. Una jaculatoria breve —'San Miguel Arcángel, defiéndenos'— dicha en la tentación, es un arma sencilla y eficaz. El cielo acude a quien lo llama.

San Miguel, Ministro del Altísimo, con devoción te alabo por la ternura con que te mira la Santísima Virgen viendo los combates que has librado y libras sin cesar para establecer el reinado de su amado Hijo, Dios y Redentor nuestro, en el mundo. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 5

Los santos ángeles

San Miguel encabeza a los ángeles, esos servidores de Dios que también nos acompañan. La fe enseña que cada uno tiene un ángel de la guarda. No estamos solos ni siquiera en lo invisible: el cielo nos rodea de custodios.

Vivir conscientes de la presencia de los ángeles cambia la mirada: hay más realidad de la que vemos. Demos gracias por nuestro ángel de la guarda y pidámosle que nos guíe.

San Miguel, Guardián del Cielo, te alabo con devoción por la veneración, el amor y el honor que te rinden las jerarquías celestiales de las cuales eres augusto Príncipe. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 6

El que pesa las almas

La tradición representa a San Miguel con una balanza, pesando las almas en el juicio. No es amenaza, sino recordatorio: nuestras obras cuentan, y hay una justicia que no falla. Miguel acompaña al alma en el momento decisivo.

Vivir pensando en el peso final de nuestros actos no da miedo, da seriedad. Ayuda a elegir bien hoy. Y saber que Miguel asiste a los moribundos consuela: no cruzaremos solos ese umbral.

San Miguel, Ángel del Santo Sacrificio, te alabo con devoción por el honor que te ha hecho nuestro Señor Jesucristo confiándote la custodia de la Iglesia, su querida esposa, y te ofrezco el reconocimiento y amor que la Santa Iglesia te profesa. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 7

El discernimiento de espíritus

No todo lo que brilla es de Dios: el enemigo se disfraza de ángel de luz. San Miguel ayuda a discernir, a distinguir lo que viene de Dios de lo que solo lo aparenta. La lucidez es también una gracia del combate espiritual.

Antes de seguir un impulso o una idea que se presenta muy 'espiritual', conviene examinarla: ¿me acerca a Dios, a la humildad, a la caridad? El fruto revela la raíz.

San Miguel, Portador del estandarte de salvación, te ofrezco mis alabanzas con devoción por la importante misión que Dios te ha dado al confiarte las almas de todos los predestinados, defendiéndolas en la hora de la muerte de los asaltos del infierno, presentándolas ante Dios enteramente puras. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 8

La victoria ya está ganada

El combate espiritual es real, pero su desenlace no está en duda: Cristo ya venció al mal en la cruz y la resurrección. San Miguel combate del lado del vencedor. Luchamos desde la victoria, no hacia una batalla incierta.

Esto cambia todo: no peleamos con miedo, sino con la serenidad de quien sabe cómo termina la historia. El enemigo ruge, pero está derrotado. Nuestra parte es mantenernos firmes con Cristo.

San Miguel, Ángel de la Paz, te alabo con devoción por toda la fuerza, la dulzura y suavidad encerradas en tu santo nombre, delicia de tus verdaderos devotos. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Día 9

Príncipe de la milicia celestial

Termina la novena al gran defensor. San Miguel, junto a Gabriel y Rafael, celebra su fiesta el 29 de septiembre. Su ejemplo cabe en su nombre: '¿Quién como Dios?' — la humildad que vence al orgullo, la fidelidad que derrota al mal.

Llevemos su oración como escudo cotidiano y su lema como brújula. En cada decisión, preguntarnos '¿quién como Dios?' nos mantiene del lado correcto de la batalla.

San Miguel, Ángel del Perdón, te alabo con devoción por los inmensos beneficios que has derramado sobre nuestra Patria, siempre que ésta ha sido fiel a Dios, así como por la abnegación, reconocimiento y amor que te rinden tus servidores. Dígnate, te suplicamos, obtener de los Corazones de Jesús y de María que aumenten tus devotos para obtener la salvación. Amén.

Padre Nuestro, tres Ave Marías y Gloria.

Oración final para todos los días

Me uno en oración al Corazón Inmaculado de nuestra Señora y Reina María, y a la Milicia Celestial de Arcángeles y Ángeles, dirigidas por San Miguel Arcángel, para repeler toda maldad de los demonios, sus agentes terrenales y huestes del mal. Hago extensiva esta oración a mis familiares: padres, hermanos, esposa (o esposo), hijos, parientes, amigos, vecinos y en general al mundo entero. Jesús, María y José, salven las almas y llévenlas a la gloria del cielo. La victoria es de nuestro Dios, escrito está.

Bienaventurado San Miguel Arcángel, no nos desampares ni de noche ni de día, protégenos en todos nuestros caminos de los ataques de los espíritus malignos y sus agentes del mal; guíanos por el buen sendero, ven en nuestro auxilio cuando nos sientas desfallecer; prepáranos e instrúyenos en el combate espiritual y ayúdanos a no desviarnos del camino del bien y a permanecer unidos en oración a nuestra Señora y Reina María, para que todos juntos como una sola familia esperemos el regreso triunfal de nuestro salvador. Amén.

Confesión, oración a San Miguel, jaculatorias propias de cada día y oración final: texto tradicional de dominio público, con modernización ligera de las formas arcaicas de segunda persona (vos/vosotros/os → tú/ustedes), conservando el sentido y la estructura. Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.

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