Saltar al contenido
Volver al blog

Artículo34 min de lectura

Católicos y cristianos evangélicos: en qué se diferencian de verdad

Dos Biblias abiertas sobre una mesa de madera junto a una ventana: una con un rosario encima y otra con un marcador de tela tejida; al fondo, una cruz de madera, flores blancas y una taza de café (ilustración)
En este artículo 19 partes
  1. Empecemos por las palabras
  2. Quince siglos bajo el mismo techo
  3. El golpe en la puerta de Wittenberg
  4. Lo que costó la separación
  5. Un tronco y muchísimas ramas
  6. ¿Cómo se salva uno?
  7. Qué pasa después de morir
  8. Quién manda, y cómo se llega a mandar
  9. La Biblia no es exactamente la misma
  10. Siete sacramentos y dos ordenanzas
  11. María, donde más duele
  12. Los santos, las imágenes y las procesiones
  13. Cómo se reza un martes cualquiera
  14. Las diferencias, de un vistazo
  15. Lo que sí compartimos
  16. La paz llegó cuando cada uno pudo ser lo que es
  17. Por qué no conviene juntarlos en la misma app
  18. Lo mismo pasa con los idiomas
  19. Una nota sobre nosotros

Un domingo cualquiera, en un pueblo de México o de Colombia, la misa de mediodía llena la parroquia del centro. A unas cuadras, en un salón, una congregación evangélica también tiene su culto, con guitarras y batería. En las dos se reza a Jesucristo. En ninguna de las dos se reza como en la otra.

Este artículo no va de quién tiene razón, ni de quién es más grande, ni de quién le gana a quién. Va de otra cosa. Las palabras se mezclan, las diferencias de fondo casi nunca se explican, y así queda la impresión de que todo se reduce a un asunto de estilo o de costumbres. Aquí vamos a contar de dónde viene la separación, qué cree cada tradición sobre la salvación y sobre la vida eterna, por qué las Biblias no traen los mismos libros, y por qué una oración como el rosario pertenece de forma tan clara a un lado de esa frontera. No viene a convencerte de nada ni a hablar mal de nadie. Viene a que la próxima vez que alguien te diga “al final todos creemos en lo mismo” sepas exactamente en qué sí y en qué no.

Empecemos por las palabras

Cristiano es todo el que cree en Jesucristo y ha sido bautizado en su nombre. En sentido estricto, la palabra cubre tres grandes familias: la católica, la ortodoxa y la protestante con todas sus ramas.

En el habla popular latinoamericana, en cambio, “cristiano” terminó significando evangélico. La costumbre se extendió en buena parte porque muchas iglesias evangélicas se presentan simplemente como cristianas, mientras que la palabra católico ya identificaba a la Iglesia de siempre. El uso se impuso, pero no cambia el fondo: los católicos llevamos veinte siglos siendo cristianos.

Para que se entienda sin tropiezos, de aquí en adelante vamos a decir protestante o evangélico cuando hablemos de las iglesias nacidas de la Reforma, y vamos a dejar la palabra cristiano para lo que compartimos todos.

Quince siglos bajo el mismo techo

Durante los primeros mil quinientos años la cristiandad de Occidente estuvo, en lo esencial, unida en comunión con el obispo de Roma. Los mismos sacramentos, los mismos santos, la misma vida de Iglesia, aunque con distintos usos litúrgicos según la región. Las catedrales de Europa, las primeras universidades, los monjes que copiaron a mano los evangelios página por página, los misioneros que cruzaron el Atlántico: todo eso pertenece por igual a la historia de católicos y protestantes, porque hasta el siglo XVI era una sola historia.

Antes de la Reforma hubo otra separación grande, la de Oriente y Occidente. La fecha que suele tomarse como referencia es 1054, cuando las excomuniones cruzadas entre Roma y Constantinopla marcaron el punto más visible de una ruptura que venía gestándose desde mucho antes. De ahí vienen las iglesias ortodoxas, con su liturgia propia, sus iconos y sus patriarcas. Aquella ruptura fue enorme, pero dejó intacto lo esencial de la doctrina sobre los sacramentos, la Virgen y los santos. La Iglesia católica reconoce que las iglesias ortodoxas conservan verdaderos sacramentos, en especial la Eucaristía y el orden sacerdotal, y permite a sus fieles, en caso de necesidad grave y cuando no hay un sacerdote católico disponible, recibir la comunión de un sacerdote ortodoxo, aunque las iglesias ortodoxas por lo general no lo admiten de su lado.

La ruptura del siglo XVI fue de otra clase. Ahí no cambió solamente quién manda. Cambió qué se cree.

El golpe en la puerta de Wittenberg

El 31 de octubre de 1517, un fraile agustino que además era profesor de teología hizo públicas noventa y cinco tesis contra la manera en que se estaban predicando las indulgencias en Alemania. Se llamaba Martín Lutero y su reclamo inicial apuntaba a un abuso concreto: el dinero se había metido donde no debía. La imprenta, que era la novedad tecnológica del momento, repartió aquellas tesis por media Europa en cuestión de semanas. Lo que empezó como una discusión entre teólogos terminó partiendo la cristiandad occidental en dos.

En 1521 Lutero fue excomulgado y, ante el emperador en la Dieta de Worms, se negó a retractarse. En sus escritos de esos años quedaron formulados los tres principios que ordenan casi todo el pensamiento protestante posterior, y vale la pena conocerlos porque explican todo lo demás.

Solo la Escritura

Sola Scriptura

Solo la Biblia tiene autoridad en materia de fe, y la Tradición de la Iglesia queda subordinada a ella o descartada.

Solo la fe

Sola fide

El hombre se justifica por la fe, sin que las obras aporten a esa justificación.

Solo la gracia

Sola gratia

Todo es gracia de Dios, sin mérito humano de por medio.

Después vinieron los otros. En 1534, Enrique VIII se declaró cabeza de la Iglesia en Inglaterra por un asunto matrimonial, y así nació el anglicanismo, con una historia muy distinta de la alemana. En Ginebra, Juan Calvino levantó un sistema todavía más estricto, con la predestinación en el centro, del que salieron las iglesias reformadas y presbiterianas. Del ala más radical, que rechazaba bautizar a los niños, salieron los anabaptistas, y por otro camino, a comienzos del siglo XVII, los bautistas.

La Iglesia católica respondió con el Concilio de Trento, entre 1545 y 1563. Aquel concilio limpió la disciplina interna, creó los seminarios, confirmó solemnemente el canon de la Biblia que la Iglesia ya usaba y definió con precisión la doctrina sobre los sacramentos, la justificación y el culto a los santos. Es el concilio que dio forma a la Iglesia que conocieron nuestros bisabuelos.

Lo que costó la separación

Conviene decirlo sin adornos, porque explica por qué el tema todavía pesa. Europa se desangró por esto.

Francia tuvo ocho guerras de religión entre 1562 y 1598, y en 1572, durante la matanza de San Bartolomé, miles de protestantes franceses fueron asesinados en París y en las provincias. La Guerra de los Treinta Años, de 1618 a 1648, empezó como un pleito entre príncipes católicos y protestantes y terminó arrasando el centro del continente: hay regiones de Alemania que perdieron un tercio de su población. La paz de Westfalia, en 1648, no resolvió ninguna discusión teológica. Lo que hizo fue reconocer legalmente a los calvinistas junto a católicos y luteranos, fijar protecciones para las minorías religiosas de cada territorio y aceptar, en la práctica, que el continente iba a seguir dividido. En Inglaterra y en Irlanda la cuenta de mártires, leyes penales y represalias siguió abierta durante siglos, con consecuencias políticas que llegaron hasta finales del siglo XX.

Y hay que contar también la otra mitad de la historia, la de los últimos sesenta años, porque es real. El Concilio Vaticano II, en 1964, reconoció a los cristianos de otras confesiones como hermanos separados y abrió el diálogo ecuménico en serio. En 1999, la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial firmaron una declaración conjunta sobre la justificación, que fue una de las disputas doctrinales centrales de la Reforma, y reconocieron entre ambas un consenso amplio sobre esa doctrina. En 2016, en la ciudad sueca de Lund, el papa participó junto con luteranos en el acto que abrió la conmemoración de los quinientos años de la Reforma.

Casi mil años, en once fechas

  1. 1054Se separan Oriente y Occidente. Nacen las iglesias ortodoxas.
  2. 1517Lutero hace públicas sus 95 tesis en Wittenberg.
  3. 1521Lutero es excomulgado y no se retracta en la Dieta de Worms.
  4. 1534Enrique VIII se declara cabeza de la Iglesia en Inglaterra.
  5. 1545–1563Concilio de Trento: la respuesta católica.
  6. 1562–1598Ocho guerras de religión en Francia.
  7. 1618–1648Guerra de los Treinta Años. Termina con la paz de Westfalia.
  8. 1854 y 1950Se definen la Inmaculada Concepción y la Asunción de María.
  9. 1964El Concilio Vaticano II llama a los protestantes hermanos separados.
  10. 1999Católicos y luteranos firman la declaración conjunta sobre la justificación.
  11. 2016El papa en Lund, en los quinientos años de la Reforma.

Ese acercamiento es entre instituciones y sobre doctrina. Ninguno de esos documentos le pidió a un católico que dejara de rezar el rosario ni a un evangélico que empezara a rezarle a María. Las diferencias que siguen abiertas son justo las que tocan la forma de rezar de todos los días.

Un tronco y muchísimas ramas

La Iglesia católica es una sola institución. Un catecismo, una autoridad visible, la misma fe y los mismos siete sacramentos en Manila y en Medellín, aunque celebrados en distintos ritos litúrgicos reconocidos, como el romano, el bizantino o el maronita. El mundo protestante funciona de otra manera: no tiene una autoridad universal equivalente al papa, y está organizado en denominaciones, sínodos, convenciones e iglesias independientes.

Las familias grandes son estas:

Luteranos

Los primeros de todos, fuertes en Alemania y Escandinavia.

Reformados

Presbiterianos y calvinistas, de la línea de Calvino y de Knox.

Anglicanos y episcopales

Con una liturgia que por fuera se parece muchísimo a la católica y una doctrina propia.

Bautistas

Bautizan solo a quien profesa personalmente la fe, generalmente por inmersión. Sus congregaciones son independientes entre sí.

Metodistas

Nacidos dentro del anglicanismo en el siglo XVIII, con acento en la santidad personal.

Pentecostales

Nacidos a comienzos del siglo XX alrededor de los dones del Espíritu Santo. Fueron la rama de mayor crecimiento en la región a lo largo de ese siglo.

Movimiento carismático

Desde finales de los años cincuenta, influido por la espiritualidad pentecostal, se extendió dentro de distintas iglesias históricas y llegó también a la Iglesia católica con la Renovación Carismática.

No denominacionales

Miles de comunidades independientes sin ninguna estructura por encima del pastor local. Es lo que suele haber en la iglesia de la esquina.

Cuántas denominaciones existen en total es una pregunta sin respuesta exacta. Circula mucho la cifra de cuarenta y cinco mil, tomada de una enciclopedia estadística mundial, y conviene tomarla con pinzas, porque ese conteo suma como unidades distintas a una misma denominación presente en distintos países. El número de familias doctrinales realmente diferentes es bastante menor. El dato de fondo es que el protestantismo no tiene una estructura de autoridad común y está formado por un número muy grande de denominaciones y comunidades independientes.

¿Cómo se salva uno?

Aquí está el corazón de todo. Las demás diferencias, incluidas las que más se notan por fuera, salen en buena medida de esta.

Pregúntale a un evangélico

Te va a responder que por la fe en Jesucristo, y solo por eso. La salvación se recibe como un regalo, no se gana. Las buenas obras vienen después, como fruto y como prueba de que la fe es verdadera, pero no aportan nada a la salvación misma, porque si aportaran algo dejaría de ser un regalo.

En muchas iglesias esto se acompaña de un momento concreto en la vida de la persona, el día en que aceptó a Cristo como su salvador personal, y de una seguridad que se puede expresar en presente: estoy salvo. En la tradición calvinista se suma la doctrina de la perseverancia de los santos: quien fue verdaderamente llamado perseverará hasta el final. En el habla popular se resume como "una vez salvo, siempre salvo", aunque esa fórmula simplifica bastante la doctrina reformada.

Pregúntale a un católico

La respuesta tiene más partes. La Iglesia católica enseña que la salvación empieza y termina en la gracia de Dios, que nadie se la gana ni se la merece, y que esa gracia se recibe con fe. Hasta ahí hay más acuerdo del que la gente supone.

La diferencia empieza en lo que viene después: para la Iglesia, esa fe tiene que hacerse vida, y se hace vida en el bautismo, en el arrepentimiento sincero de los pecados, en la confesión, en la Eucaristía, en la caridad concreta con el que tiene hambre y con el que está preso. La fe que se queda en una declaración y no cambia la vida se considera incompleta. Por eso un católico rara vez dirá "estoy salvo" como quien anuncia un hecho consumado. Dirá que está en camino, que espera la salvación, y que pide la gracia de perseverar hasta el final.

De esa diferencia se desprenden cosas muy prácticas. La confesión existe porque el pecado grave rompe algo que hay que reparar. La distinción entre pecado mortal y pecado venial existe por lo mismo. El examen de conciencia antes de dormir, el propósito de enmienda, la penitencia que pone el sacerdote: todo eso pertenece a una visión en la que la vida cristiana es un camino con caídas, arrepentimientos y vueltas a empezar.

Conviene repetir lo que ya se mencionó: la declaración conjunta de 1999 reconoció que católicos y luteranos coinciden en lo fundamental, que somos justificados por la gracia mediante la fe y no por nuestros propios méritos. Quedan diferencias importantes sobre cómo se articula todo lo demás, y esas diferencias son las que se ven en la práctica.

Qué pasa después de morir

La otra gran diferencia viene de la mano de la anterior, y a mucha gente le sorprende descubrir lo distinta que es.

La mayoría de las iglesias protestantes enseñan dos destinos: cielo o infierno. La muerte cierra la cuenta y lo que estaba decidido queda decidido. Por eso en un funeral evangélico se predica y se consuela a los vivos, pero no se reza por el difunto: se entiende que rezar por él no cambiaría nada y que su suerte ya está en las manos de Dios.

La visión católica tiene más piezas, y vale la pena ordenarlas porque suelen confundirse entre sí.

El juicio particular y el juicio final

El juicio particular ocurre en el momento de la muerte de cada persona. El juicio final llega al final de los tiempos, cuando el Credo dice que Cristo vendrá a juzgar a vivos y muertos.

El cielo y el infierno

El cielo es la comunión plena con Dios. El infierno, la Iglesia lo describe como la separación definitiva de Dios elegida libremente por quien muere en pecado mortal sin arrepentirse.

El purgatorio

Es el que más discusión genera. La Iglesia enseña que quien muere en gracia de Dios pero todavía imperfectamente purificado pasa por una purificación antes de entrar al cielo. No es una segunda oportunidad ni un lugar intermedio donde se decide el destino, porque quien está en el purgatorio ya se salvó. Es más bien el último lavado antes de la fiesta.

De ahí sale una de las costumbres más queridas y más visibles del catolicismo latinoamericano: rezar por los muertos. El novenario después del entierro, las misas de aniversario, la visita al cementerio el 2 de noviembre, la vela encendida por los que se fueron. Todo eso solo tiene sentido si los difuntos todavía pueden recibir algo de nosotros. Su apoyo bíblico más citado está en el segundo libro de los Macabeos, que como veremos más adelante quedó fuera de la Biblia protestante, así que la discusión ni siquiera parte de la misma página.

El limbo

Aquí hay que tener cuidado porque se repite mucho con poco fundamento. El limbo nunca fue un dogma de la Iglesia. Fue una hipótesis teológica, muy extendida durante siglos, sobre el destino de los niños que morían sin bautizar. Nunca se definió como doctrina obligatoria y hoy la Iglesia propone otra cosa: encomienda a esos niños a la misericordia de Dios y expresa la esperanza de que se salven.

El otro limbo del que se habla, el de los patriarcas, es un asunto distinto: se refiere a los justos anteriores a Cristo, y es el lugar al que alude el Credo cuando dice que Jesús descendió a los infiernos.

Las indulgencias

Van junto al purgatorio, y hoy casi nadie las explica bien. Una indulgencia no perdona pecados ni se compra. Para el pecado grave, el medio ordinario de reconciliarse con Dios y con la Iglesia es la confesión sacramental, aunque la Iglesia también enseña el valor de la contrición perfecta cuando incluye el propósito de confesarse cuanto antes.

La indulgencia toca otra cosa: la pena temporal que puede quedar después de que la culpa ya fue perdonada, esa especie de rastro que el pecado deja, y se obtiene con oración, caridad o peregrinación en las condiciones que fija la Iglesia. Que la predicación de las indulgencias fuera en el siglo XVI un negocio en algunas regiones de Europa es un hecho histórico reconocido, y fue precisamente el abuso que encendió a Lutero. Trento cortó el negocio y mantuvo la doctrina.

Para el lado protestante, casi todo este mapa sobra. Sin purgatorio no hay razón para rezar por los muertos, sin confesión sacramental no hay penitencia que cumplir, y sin ninguna de las dos cosas las indulgencias se quedan sin objeto. Es, junto con María, el terreno donde más difícil resulta ponerse de acuerdo.

Quién manda, y cómo se llega a mandar

El sacerdote católico

En la Iglesia católica la autoridad es visible y se transmite. El papa es el sucesor de Pedro, los obispos son los sucesores de los apóstoles, y esa cadena de imposición de manos que llega hasta hoy es lo que se llama sucesión apostólica.

Un sacerdote lo es porque un obispo lo ordenó, y esa ordenación lo marca de manera permanente, no lo contrata. En el rito latino normalmente es célibe, se formó varios años en un seminario, y llega a la parroquia porque su obispo lo envió. Nadie lo eligió por votación y nadie lo puede despedir por votación.

El pastor evangélico

En muchas congregaciones lo elige la propia comunidad, en otras lo nombra una junta o la denominación; casi siempre está casado, con frecuencia tiene otro trabajo, y su formación varía muchísimo, desde un doctorado en teología hasta un llamado personal reconocido por su iglesia.

Sobre todo, no es sacerdote en el sentido católico: no consagra la Eucaristía, no absuelve pecados y no administra sacramentos que él mismo no considera tales.

Luteranos y anglicanos son un caso aparte, con clero ordenado, liturgia estructurada y una teología propia sobre la Eucaristía, pero en América Latina son una minoría pequeña dentro del mundo protestante.

Esa diferencia se ve apenas entras por la puerta del edificio. En una parroquia católica el centro es el altar, porque en él se ofrece el sacrificio de la misa, y el sagrario, donde se reserva la Eucaristía, que es por lo que la gente hace una genuflexión al pasar. En la mayoría de los templos evangélicos el centro es el púlpito, porque el corazón del culto es la predicación de la Palabra.

La Biblia no es exactamente la misma

Este punto sorprende a mucha gente la primera vez.

73libros en la Biblia católica
66libros en la Biblia protestante

Los siete de diferencia se llaman deuterocanónicos:

  • Tobías
  • Judit
  • Sabiduría
  • Eclesiástico
  • Baruc
  • 1 Macabeos
  • 2 Macabeos

A esos se suman algunos pasajes de Ester y de Daniel. Venían en la versión griega del Antiguo Testamento que usaban los primeros cristianos, y así pasaron a las Biblias de la Iglesia durante siglos. En el siglo XVI los reformadores prefirieron el canon hebreo, más breve, y los apartaron. Trento confirmó el canon católico completo.

Ya vimos la consecuencia más visible de esa resta: con los Macabeos fuera, la costumbre de rezar por los difuntos pierde su apoyo bíblico más directo.

También cambian las traducciones de uso corriente, y eso se nota en cualquier conversación. La Biblia que se lee en la mayoría de las iglesias evangélicas de habla hispana es la Reina Valera, cuya primera edición, la Biblia del Oso de 1569, preparó Casiodoro de Reina y revisó Cipriano de Valera en 1602. Las Biblias católicas más usadas son otras: la de Jerusalén, la Nácar-Colunga, la Latinoamericana, La Biblia de Nuestro Pueblo. Hasta la numeración de los salmos difiere en algunos tramos según se siga la cuenta griega o la hebrea, y por eso el mismo salmo puede aparecer con dos números distintos en dos casas de la misma cuadra.

Debajo de todo eso está la diferencia de método, que es la de fondo. Para el protestantismo clásico la Escritura se interpreta a sí misma y cada creyente puede leerla directamente. Para la Iglesia católica, la Escritura, la Tradición apostólica y el magisterio forman un conjunto que no se puede separar, porque la Biblia nació dentro de la Iglesia y fue la Iglesia la que determinó qué libros la componen.

Siete sacramentos y dos ordenanzas

7sacramentos en la Iglesia católica
2ordenanzas en la mayoría de las iglesias protestantes

La Iglesia católica reconoce siete sacramentos: bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio. Son signos que producen aquello que significan, con independencia de lo que sienta quien los recibe, y esa última parte importa mucho, porque una comunión no vale menos por haberla recibido en un día flojo.

La mayoría de las iglesias protestantes reconocen dos, y muchas prefieren llamarlos ordenanzas: el bautismo y la Cena del Señor. Donde más se separan los caminos es aquí.

En la Eucaristía, la Iglesia católica cree que el pan y el vino se convierten realmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, lo que se llama transubstanciación, y de ahí vienen la adoración al Santísimo, las procesiones del Corpus y la rodilla en tierra ante el sagrario. Los luteranos sostienen una presencia real entendida de otro modo, los reformados hablan de presencia espiritual, y buena parte del mundo evangélico entiende la Cena como un memorial simbólico que se celebra de vez en cuando. De todas las diferencias de esta lista, es una de las mayores.

Tres sacramentos, dos maneras de vivirlos
SacramentoCatólicosEvangélicos
Confesión Dice sus pecados a un sacerdote que absuelve en nombre de Cristo. Se confiesa directamente con Dios, porque entiende que no hace falta ningún intermediario.
Bautismo Se bautiza a los recién nacidos. Bautistas, pentecostales y muchas iglesias independientes bautizan solo a quien profesa la fe por sí mismo, y por inmersión.
Matrimonio Un sacramento indisoluble. Un compromiso sagrado que admite divorcio, con criterios que varían según la iglesia.

Aun así, la Iglesia católica reconoce como válido el bautismo administrado en otras confesiones cristianas cuando se hace con agua, con la fórmula trinitaria y con la intención de hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. Ese reconocimiento es el punto de partida del diálogo ecuménico.

María, donde más duele

Aquí hay que ir despacio y con las palabras exactas, porque es el lugar donde más se malinterpretan las dos partes.

La Iglesia católica distingue tres cosas y las distingue desde hace siglos:

Latría

Adoración

Se le da únicamente a Dios.

Dulía

Veneración

Se les da a los santos.

Hiperdulía

Veneración especial

Se le da a la Virgen María, porque es la Madre de Dios. Sigue siendo veneración y nunca adoración.

El Catecismo lo dice de manera expresa cuando habla de las imágenes sagradas: el honor que se les tributa es una veneración respetuosa, y la adoración corresponde solo a Dios.

Las manos de una mujer mayor sostienen un rosario de madera sobre una mesa, junto a una Biblia abierta, una vela encendida y una imagen enmarcada de la Virgen de Guadalupe (ilustración)

Cuando un católico le reza a la Virgen le está pidiendo que interceda, igual que quien le pide a su mamá que rece por él.

El avemaría lo dice con todas las letras en su segunda mitad: ruega por nosotros. En ningún lado dice sálvanos.

La postura protestante clásica es distinta, y también merece decirse como ellos la dicen. Reconoce a María como la madre de Jesús y como bendita entre todas las mujeres, porque así está en el Evangelio, pero no acepta la doctrina católica de su Inmaculada Concepción ni la práctica de pedir su intercesión, y cita la primera carta a Timoteo, que habla de un solo mediador entre Dios y los hombres.

Conviene aclararlo porque se confunde seguido: católicos y protestantes coinciden en que María fue salvada por Cristo. La Iglesia católica enseña que lo fue de una manera singular, preservada del pecado desde su concepción en previsión de los méritos de su Hijo. La diferencia está en cómo se entiende esa salvación y en el lugar que ocupa María en la comunión de los santos. Desde esa lectura, pedirle a María que interceda sobra en el mejor de los casos y desvía el culto en el peor. Y ahí es donde las dos partes se hieren sin querer, porque lo que para uno es cariño filial, para el otro es un error grave.

Vale la pena añadir dos datos históricos que ordenan mucho la discusión. El primero es que los dos dogmas marianos más discutidos se definieron después de la ruptura: la Inmaculada Concepción en 1854 y la Asunción en 1950. Ni siquiera existían como definiciones cuando las dos tradiciones se separaron. El segundo es que el propio Lutero sostuvo la virginidad perpetua de María y escribió un comentario entero sobre el Magníficat. La distancia que hoy parece infranqueable se fue abriendo con los siglos.

Los santos, las imágenes y las procesiones

Lo que vale para María vale, en otro grado, para los santos. La Iglesia católica les pide que recen por nosotros, celebra su fiesta cada año, conserva sus reliquias, les pone su nombre a los niños y a los pueblos enteros, y saca sus imágenes en procesión con banda y con flores. Un santo patrono le ordena el calendario a un barrio completo.

La mayoría de las iglesias evangélicas no tienen santoral. No hay fiesta de san Judas el 28 de octubre, ni novena, ni procesión, ni patrono, ni imágenes en el templo, y en muchas de ellas tampoco cruces con el cuerpo de Cristo sino una cruz vacía, para subrayar la resurrección. La objeción de fondo es la del mandamiento sobre las imágenes talladas, y en la Europa del siglo XVI llegó a tomar forma violenta en los episodios de destrucción de imágenes.

Para un católico latinoamericano nada de esto es un tecnicismo. Guadalupe, Luján, Copacabana, la Divina Misericordia, san Judas, san Benito, el Sagrado Corazón: ahí está buena parte de cómo reza esta región, y todo eso queda fuera del marco evangélico.

Cómo se reza un martes cualquiera

Esta es la diferencia que se nota todos los días, y la que de verdad importa cuando abres una app para rezar.

La oración católica: textos recibidos

Se rezan oraciones que ya existían antes de que naciéramos, con sus palabras exactas: el padrenuestro, el avemaría, el credo, el ángelus a mediodía, el rosario con sus veinte misterios repartidos por los días de la semana, la coronilla de la Divina Misericordia a las tres de la tarde, el vía crucis con sus catorce estaciones, las novenas de nueve días seguidos, la Liturgia de las Horas a horas fijas.

Encima de todo eso hay un año litúrgico que manda, con su Adviento, su Cuaresma, su Pascua y su tiempo ordinario, con ayunos y colores. Y hay un santo para cada día del año. Rezar así se parece a caminar por un sendero que ya está muy pisado.

La oración evangélica: la palabra propia

La de la mayoría de las iglesias evangélicas y pentecostales de la región. Se ora en voz alta y con palabras espontáneas, muchas veces en grupo y por turnos; se estudia la Biblia en casa y en células durante la semana; la alabanza con música contemporánea ocupa un lugar central en el culto del domingo; y la relación personal con Jesús se expresa sin fórmulas y sin intermediarios. En la rama pentecostal se suman la oración por sanidad, la profecía y el don de lenguas.

Ninguna de las dos formas es el adorno de la otra. Cada una nace directamente de lo que su tradición cree sobre la Iglesia, los sacramentos, la salvación y la mediación. Cambiar la forma de rezar implica cambiar todo lo demás, y por eso, cuando alguien cambia de una a otra, en su familia se siente tan grande.

Las diferencias, de un vistazo

Resumen de lo que acabas de leer
TemaCatólicosEvangélicos
AutoridadEl papa y los obispos, en sucesión apostólica. La Escritura, la Tradición y el magisterio, juntos.Solo la Biblia. Denominaciones e iglesias independientes, sin una autoridad común.
La Biblia73 libros.66 libros.
SalvaciónPor la gracia, recibida con fe, que se hace vida en los sacramentos y la caridad.Por la fe sola. Las obras son el fruto, no la causa.
Después de morirCielo, infierno y purgatorio. Se reza por los difuntos.Cielo o infierno. No se reza por los difuntos.
SacramentosSiete.Dos, que muchos llaman ordenanzas.
EucaristíaPresencia real: el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.En buena parte, un memorial simbólico.
María y los santosSe les venera y se les pide que intercedan.Se reconoce a María como madre de Jesús, sin pedir su intercesión. No hay santoral.
Quién guíaUn sacerdote ordenado por un obispo.Un pastor elegido por la comunidad, una junta o la denominación.
Centro del temploEl altar y el sagrario.El púlpito.
Forma de rezarOraciones recibidas, año litúrgico y santo del día.Oración espontánea, estudio bíblico y alabanza.

Lo que sí compartimos

Sería injusto cerrar la lista sin decir lo que nos une, que no es poco.

  • Un solo Dios y la Trinidad.
  • Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
  • Su muerte y su resurrección.
  • La Biblia como Palabra de Dios.
  • El bautismo.
  • El mandamiento del amor.
  • El padrenuestro, con las palabras que enseñó Jesús.

El credo de Nicea, formulado en el siglo IV, cuando todavía no había ninguna ruptura, lo recitan católicos, luteranos y anglicanos, y la mayoría de las iglesias evangélicas comparten su contenido aunque no acostumbren recitarlo. Las dos tradiciones sostienen hospitales, comedores, escuelas y obras de caridad, con frecuencia en el mismo barrio y a veces en la misma cuadra.

Reconocer eso no es diplomacia. Es aceptar que el otro cree de verdad. Y aceptarlo no obliga a fingir que las diferencias no existen, que es justamente lo que nos trae al último punto.

La paz llegó cuando cada uno pudo ser lo que es

Hay una lección en los cinco siglos que acabamos de recorrer, y conviene sacarla antes de hablar de apps.

Europa probó primero el camino de obligar. En 1555, la Paz de Augsburgo fijó la regla de que cada territorio tendría la religión de su príncipe, y quien no la compartía debía convertirse o irse. Ese modelo, el de forzar a todos a rezar igual bajo un mismo techo, fue el que desembocó en un siglo de guerras. La paz de verdad no llegó cuando alguien ganó la discusión teológica, porque nadie la ganó. Llegó cuando cada tradición pudo ser lo que es, con su culto, su Biblia y su forma de rezar, sin que nadie la obligara a parecerse a la otra.

Una calle empedrada de un pueblo latinoamericano, con una parroquia católica de campanario a un lado y un templo evangélico con una cruz sencilla al otro; la gente camina y entra a los dos (ilustración)
La parroquia y el templo, en la misma cuadra. Cada uno con lo suyo.

Eso es lo que hay hoy en cualquier ciudad de América Latina. La parroquia y el templo evangélico conviven en la misma cuadra, cada uno con lo suyo, y esa convivencia funciona precisamente porque nadie le pide al otro que rece como no cree. El acercamiento de los últimos sesenta años, el de Vaticano II, el de 1999, el de Lund, es respeto entre instituciones que siguen siendo distintas. No es una fusión, y ninguno de esos gestos cambió lo que reza una abuela católica a las seis de la mañana ni lo que ora un pastor evangélico en su culto del domingo.

Por qué no conviene juntarlos en la misma app

Hoy existen aplicaciones de oración que ofrecen en el mismo catálogo contenido católico y contenido evangélico, y se presentan como cristianas a secas. Cada una dará su razón. Lo que se ve desde afuera es que una app que abarca las dos tradiciones se dirige a un público potencialmente mucho más amplio. Es legítimo que una empresa quiera crecer. Lo que ese alcance no cambia es nada de lo que acabas de leer.

Juntar en un mismo producto dos tradiciones que rezan distinto porque creen distinto no es un paso adelante en el entendimiento.

Es volver a meter en la misma habitación a dos familias que se llevan bien justamente porque cada una tiene su casa, y reabrir una fricción que ya nadie necesita. Que las instituciones hayan firmado documentos juntas no convierte el rosario en una oración evangélica ni la oración espontánea en una devoción católica.

En la práctica, una app que quiere servir a los dos tiene tres caminos, y los tres se pagan.

  1. Poner todo junto

    Entonces el usuario católico se encuentra su rosario al lado de contenido que niega la doctrina sobre la que ese rosario se apoya, y el usuario evangélico se encuentra devociones marianas que su iglesia considera un error grave. Cada uno abre la app para rezar y termina discutiendo mentalmente con ella, que es exactamente lo contrario de lo que uno busca a las seis de la mañana.

  2. Quedarse solo con lo que no le molesta a nadie

    Entonces desaparecen el santoral, las novenas, el purgatorio y la oración por los difuntos, la confesión, la Eucaristía adorada, y también la oración espontánea, la alabanza y el estudio bíblico en células. Lo que queda es un fondo común de salmos, evangelio del día y meditaciones. Es un contenido digno, y le quita a cada uno justamente aquello que hace suya su oración.

  3. Separar el contenido por perfiles

    Es lo más razonable de los tres. Aun así, cada hora de trabajo que va a un público no va al otro, y construir bien cuarenta y cinco novenas completas, el año litúrgico, el santo de cada día y el orden exacto del rosario con los misterios que tocan cuesta muchísimo. Es difícil hacer las dos cosas a fondo al mismo tiempo, y quien lo intenta suele terminar haciendo una de las dos a medias.

Hay además un detalle que parece pequeño y no lo es: quién escribe y quién revisa. Un rosario con los misterios cambiados, una novena a la que le falta un día, una jaculatoria mal copiada, un responso que se salta la parte que importa. Son errores que un católico detecta en el primer rezo y que se evitan de una sola manera, que es rezando lo mismo que la app propone rezar.

Lo mismo pasa con los idiomas

Hay una segunda mezcla que se parece mucho a la anterior y que casi nadie cuestiona: la app “disponible en doce idiomas”. Se da por hecho que es una ventaja. Conviene mirarla con la misma lupa.

Traducir una app de oración no es traducir un manual. La fe católica es una sola, pero la manera de vivirla tiene raíz en un lugar, y esa raíz no se traduce. Guadalupe es la patrona de México y el 12 de diciembre para un mexicano no es una fecha del calendario, es la fecha. Luján es la de Argentina, y su peregrinación de octubre reúne a cientos de miles de personas cada año. Copacabana en Bolivia, Chiquinquirá en Colombia, Caacupé en Paraguay, Coromoto en Venezuela, el Señor de los Milagros en Perú, que en octubre viste de morado a Lima entera. San Cayetano el 7 de agosto para pedir trabajo. Las Posadas, el novenario, la visita al cementerio el 2 de noviembre.

  • Guadalupe · México
  • Luján · Argentina
  • Copacabana · Bolivia
  • Chiquinquirá · Colombia
  • Caacupé · Paraguay
  • Coromoto · Venezuela
  • Señor de los Milagros · Perú
  • San Cayetano · 7 de agosto

Algunas de estas prácticas, como las novenas o la oración por los difuntos, existen en muchos países; lo que cambia es la forma, el día y el acento que cada pueblo les da. Pero Guadalupe, Luján, el Señor de los Milagros o san Cayetano no le dicen nada a un católico alemán, polaco o irlandés, no porque sea menos católico, sino porque su fe echó raíz en otro suelo y tiene sus propias devociones, que a su vez a nosotros no nos dicen nada. Y donde Guadalupe sí cruzó una frontera, como en Estados Unidos, lo hizo con los inmigrantes mexicanos que la llevaron consigo, que es exactamente el punto: una devoción viaja con la gente, no con una traducción.

Una app pensada en inglés y traducida al español entrega una traducción, no una devoción.

Trae lo que se reza en su país de origen, con las palabras que se usan allá, y en el mejor de los casos le agrega a Guadalupe como un extra. Y lo mismo al revés: una app latinoamericana traducida al inglés le daría a un católico de Ohio un santoral que no es el suyo, unas novenas que nunca ha oído y una Virgen que no es la de su parroquia. Cada idioma nuevo obliga a elegir entre dos cosas: construir de cero el calendario, las devociones y las novenas de esa cultura, que es hacer otra app, o traducir la que ya existe y entregar algo ajeno.

La lógica es parecida a la de antes: más idiomas permiten dirigirse a más mercados. No hay nada malo en eso. Pero el precio lo paga la experiencia de cada idioma por separado, porque la profundidad que una app tiene en su lengua original no se multiplica al traducirla, se reparte.

Seis preguntas para evaluar una app de oración diaria

No hay un sello oficial que diga qué app es católica y cuál no, y una app dedicada solo a la Biblia o solo a la Liturgia de las Horas puede ser perfectamente católica. Estas preguntas son para otra cosa: para saber si una app sirve para rezar todos los días como se reza en una casa católica de América Latina.

  1. ¿El rosario trae los misterios que corresponden al día de hoy, completos y en orden?
  2. ¿Hay santo del día y calendario litúrgico, con sus tiempos y sus colores?
  3. ¿Están las novenas completas, los nueve días, con su oración propia cada día?
  4. ¿Aparece el texto de las oraciones en pantalla, o solamente se escucha una voz?
  5. ¿Está hecha para tu país y tus devociones, o es una traducción de otra cosa?
  6. ¿Quién la hace, y se puede saber desde qué tradición la hace?

Si las seis respuestas son buenas, la app está hecha para rezar como rezas tú, la haga quien la haga.

Una nota sobre nosotros

MiRezo es nuestra app, así que te lo decimos de frente en lugar de dejarlo entre líneas. La hicimos católica de principio a fin, porque es lo que se reza en nuestra casa: el Santo Rosario guiado con los misterios del día ya seleccionados, la Coronilla de la Divina Misericordia cuenta por cuenta, el Vía Crucis con sus catorce estaciones, cuarenta y cinco novenas completas con audio y recordatorio, las oraciones de siempre, los salmos y el santo del día. El texto está siempre en pantalla mientras suena el audio, funciona sin internet y no te pide crear ninguna cuenta.

No tenemos contenido de otras confesiones y no lo vamos a tener, por todo lo que explicamos arriba. Tampoco vamos a traducirla al inglés ni a ningún otro idioma, y no es por el idioma: es porque MiRezo está hecha para los católicos de América Latina, con Guadalupe, Luján, san Cayetano, el Señor de los Milagros y las novenas que se rezan en esta región. Un católico de otro país merece una app hecha desde sus propias devociones, no una traducción de las nuestras. Y si eres evangélico y llegaste leyendo hasta aquí, gracias de verdad por el rato: hay apps hechas con cuidado desde tu tradición y te van a servir mucho mejor que la nuestra, exactamente como debe ser.

Si eres católico y quieres empezar hoy mismo, el rosario de hoy te espera con el texto delante, o puedes ver todas las novenas y elegir la que necesites.

Preguntas frecuentes

¿Los católicos son cristianos?

Sí. Cristiano es todo el que cree en Jesucristo y ha sido bautizado en su nombre, y eso incluye a católicos, ortodoxos y protestantes. En América Latina la palabra cristiano se usa en la conversación diaria para referirse a los evangélicos, y de ahí viene la confusión, pero la palabra en sí nos abarca a todos.

¿Cuándo se separaron los católicos y los protestantes?

La fecha que suele darse es el 31 de octubre de 1517, cuando Martín Lutero hizo públicas sus 95 tesis en Wittenberg. La ruptura formal llegó con su excomunión en 1521 y se consolidó a lo largo del siglo XVI, con Calvino en Ginebra, con la separación de la Iglesia de Inglaterra en 1534 y con el Concilio de Trento entre 1545 y 1563.

¿Cuál es la diferencia sobre la salvación entre católicos y protestantes?

El protestantismo clásico sostiene que el hombre se justifica por la fe sola, y que las buenas obras son el fruto de esa fe, no su causa. La Iglesia católica enseña que todo empieza por la gracia de Dios, que esa gracia se recibe con fe, y que esa fe tiene que hacerse vida en el arrepentimiento, los sacramentos y la caridad. En 1999, católicos y luteranos firmaron una declaración conjunta que reconoce un consenso amplio sobre este punto, aunque no cierra todas las diferencias.

¿Los evangélicos creen en el purgatorio?

No. La mayoría de las iglesias protestantes enseñan dos destinos después de la muerte, el cielo y el infierno, y no rezan por los difuntos. La Iglesia católica enseña además el purgatorio, un estado de purificación para quien muere en gracia de Dios pero todavía necesita ser purificado, y por eso reza por sus muertos.

¿Los católicos adoran a la Virgen María?

No. La adoración se le da únicamente a Dios. A la Virgen María y a los santos se les da veneración, que en la tradición católica significa honrarlos y pedirles que recen por nosotros. El Catecismo lo dice con todas las letras al hablar de las imágenes sagradas: el honor que se les tributa es una veneración respetuosa, y la adoración corresponde solo a Dios.

¿Por qué la Biblia católica tiene más libros?

La Biblia católica tiene 73 libros y la protestante 66. La diferencia son siete libros del Antiguo Testamento llamados deuterocanónicos: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y los dos libros de los Macabeos, además de algunos pasajes de Ester y de Daniel. Estaban en la versión griega del Antiguo Testamento que usaba la Iglesia primitiva. En el siglo XVI los reformadores adoptaron el canon hebreo, más breve, y la Iglesia católica confirmó el suyo en el Concilio de Trento.

¿Conviene una app que junte oraciones católicas y contenido cristiano evangélico?

No, para ninguno de los dos. El rosario, las novenas, la coronilla o el vía crucis descansan sobre una doctrina que las iglesias evangélicas no comparten, y la oración evangélica descansa sobre una lectura de la fe que la Iglesia católica no comparte. Cada tradición reza como cree. Una app que mezcla las dos obliga a cada usuario a convivir con contenido que su propia iglesia rechaza, y termina quitando a unos y a otros lo que los define. Lo mejor para un católico es una app católica de principio a fin, y lo mejor para un evangélico es una app hecha desde su tradición.

¿Una app de oración traducida al español sirve igual que una hecha en español?

No necesariamente. La fe católica es una sola, pero muchas devociones tienen raíz en un lugar: Guadalupe en México, Luján en Argentina, el Señor de los Milagros en Perú, san Cayetano para pedir trabajo, el novenario, las Posadas. Una app simplemente traducida conserva el calendario y las devociones de su país de origen, con Guadalupe como un extra en el mejor de los casos. Una app pensada desde América Latina, o adaptada a fondo para la región, es la que trae lo que se reza aquí.

Lleva tus oraciones contigo

MiRezo te acompaña con el rosario guiado con audio, novenas con recordatorios y el santo de cada día. Con o sin internet.

Descárgalo en el App StoreDisponible en Google Play

Ya disponible para iPhone y Android.