Calendario litúrgico
Santo del día, 30 de julio: San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia
Memoria librec. 400 – c. 450
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Pedro nació en Imola, en Italia, hacia el año 400. Ocupó la sede episcopal de Rávena entre los años 433 y 450, cuando esa ciudad era capital del imperio de Occidente y su iglesia tenía un peso enorme.
Lo llamaron «Crisólogo», que quiere decir «palabra de oro», por su manera de predicar. No era un orador de frases largas ni de erudición pesada. Sus homilías son breves, claras, pensadas para gente que trabajaba y venía a misa cansada; explican el evangelio con imágenes de la vida diaria y van directo al punto. Se conservan unos ciento setenta y seis sermones, muy bien preparados y cuidadosamente redactados, reunidos siglos después por Félix, obispo de Rávena entre los años 707 y 717; algunas fuentes hablan de cerca de ciento ochenta. La Iglesia sigue leyendo esos textos en la liturgia de las horas, sobre todo en Adviento y Navidad, porque hablan del Verbo hecho carne con una frescura que no ha envejecido.
Ese es también el motivo por el que la Iglesia lo venera: predicó el misterio de la Encarnación en un tiempo en que se discutía quién era exactamente Jesucristo, y lo hizo de modo que su pueblo pudiera entenderlo y vivirlo. Por su sabiduría al predicar y al escribir, el papa Benedicto XIII lo declaró doctor de la Iglesia. Murió hacia el año 450. Su memoria es libre en el calendario, y la oración de ese día pide justamente lo que él enseñó: meditar en el corazón los misterios de la salvación y manifestarlos con las obras.
Oración a San Pedro Crisólogo
Dios nuestro, que hiciste del obispo san Pedro Crisólogo un insigne predicador de tu Verbo encarnado; concédenos, por su intercesión, la gracia de meditar siempre en nuestros corazones los misterios de tu salvación y manifestarlos fielmente en nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Santos Abdón y Senén, mártires
Conmemoración† c. 250
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Abdón y Senén fueron dos persas martirizados en Roma, según la tradición bajo el emperador Decio, hacia el año 250. Su veneración es antigua: se documenta desde el siglo III, lo que hace verosímil el núcleo de la historia, aunque los relatos escritos sobre ellos sean muy posteriores.
Esas actas, redactadas antes del siglo IX, explican por qué llegaron a Roma y describen sus tormentos con detalles que los estudiosos consideran novelescos. Lo que sí se sostiene es la memoria de su sepultura y de su culto. Un subdiácono llamado Quirino recogió sus cuerpos, que más tarde fueron trasladados al cementerio de Ponciano, junto al camino de Porto, a las puertas de Roma, donde reposaban también otros mártires célebres. Hacia el año 640 sus restos pasaron a la basílica levantada sobre el cementerio, y en el 820 a una basílica dentro de la ciudad.
En el sarcófago que se les atribuye se conserva un fresco del siglo VII en el que aparecen recibiendo la corona de manos de Cristo. Esa imagen resume lo que la Iglesia celebra en ellos: dos extranjeros, llegados de lejos, que prefirieron perder la vida antes que la fe.
Oración a Santos Abdón y Senén
Santos Abdón y Senén, extranjeros en Roma y fieles hasta la muerte, ustedes cambiaron una tierra por otra y no cambiaron de fe. Acompañen a los migrantes que hoy viven lejos de casa. Guarden la fe de quienes la practican en soledad. Y alcáncennos la corona que recibieron de manos de Cristo. Amén.
Santa María de Jesús Sacramentado Venegas, virgen
Memoria libre8 de septiembre de 1868 – 30 de julio de 1959
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Se llamaba María Natividad Venegas de la Torre y nació el 8 de septiembre de 1868 en Zapotlanejo, Jalisco (México), en una familia campesina y creyente. A los diecinueve años había perdido a sus dos padres y quedó al cuidado de una tía paterna. En 1889 entró en la asociación de las Hijas de María.
En 1905, después de unos ejercicios espirituales en Guadalajara, se unió al pequeño grupo de seis mujeres que atendían a los enfermos del recién fundado Hospital del Sagrado Corazón, obra impulsada por el canónigo Atenógenes Silva. De ahí nacieron las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús. Fue elegida vicaria en 1912 y superiora general el 25 de enero de 1921. Al tomar el hábito adoptó el nombre de María de Jesús Sacramentado, por la devoción eucarística que marcó toda su vida: buscaba a Cristo, sobre todo, en el Santísimo Sacramento.
Le tocó gobernar durante la persecución religiosa mexicana de los años veinte. En lugar de dispersar a la comunidad, la sostuvo, redactó las constituciones del instituto —aprobadas en 1930— y mantuvo abierto el servicio a los enfermos. El 8 de septiembre de 1930 hizo con sus hermanas los votos perpetuos. En treinta y tres años de gobierno abrió alrededor de dieciséis casas para enfermos y ancianos. Dejó el cargo en 1954 y murió el 30 de julio de 1959, a los noventa años, en el mismo Hospital del Sagrado Corazón de Guadalajara, donde reposan sus restos.
San Juan Pablo II la canonizó el 21 de mayo de 2000, dentro del grupo de mártires y santos mexicanos de aquel día. Fue la primera mujer nacida en México en ser canonizada, dos años antes de san Juan Diego. Su vida no tuvo hechos espectaculares: fue enfermera, superiora y adoradora, y así se la recuerda.
Invocada por los enfermos, los ancianos y quienes los cuidan.
Oración a Santa María de Jesús Sacramentado Venegas
Dios todopoderoso y eterno, que en la sencilla y humilde santa María de Jesús Sacramentado Venegas nos has dado ejemplo admirable de servicio a los enfermos, pobres y ancianos, concédenos, por su intercesión, que, practicando el bien en todas partes, seamos signos de tu amor en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
