Novena a los Santos Ángeles Custodios
Jesús enseñó que los ángeles de los pequeños contemplan siempre el rostro del Padre, y la Iglesia cree que cada persona tiene un ángel que la guarda desde el comienzo de su vida hasta la muerte. Esta novena recorre, día a día, cómo nos protegen, nos guían, nos consuelan y nos acompañan. La fiesta de los Santos Ángeles Custodios es el 2 de octubre; la novena se reza del 23 de septiembre al 1 de octubre, o en cualquier momento para pedir protección.
Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.
Fechas de la novena en 2026
- ¿Cuándo empieza la novena a los Santos Ángeles Custodios en 2026?
- En 2026, la novena a los Santos Ángeles Custodios comienza el miércoles 23 de septiembre. Son nueve días de oración que culminan en la fiesta.
- ¿Cuándo es la fiesta de Santos Ángeles Custodios?
- En 2026, la fiesta de Santos Ángeles Custodios se celebra el viernes 2 de octubre.
Oración inicial para todos los días
Señal de la Cruz
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser tú quien eres, bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, nunca más pecar, apartarme de las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Te ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de mis pecados, y confío en tu bondad y misericordia infinita que me los perdonarás por los méritos de tu preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me darás la gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
Oración para todos los días
Dios todopoderoso y Padre bueno, que en tu providencia admirable envías a tus santos ángeles para que nos guarden: te doy gracias porque desde el primer instante de mi vida me confiaste a un ángel que me cuida, me ilumina y me acompaña. Él contempla siempre tu rostro y, al mismo tiempo, camina a mi lado sin cansarse, de día y de noche.
Perdóname por las veces que lo olvidé, que no escuché sus buenas inspiraciones o que lo entristecí con mis pecados. Hoy quiero agradecerle su paciencia, su fidelidad y todos los peligros del cuerpo y del alma de los que me libró sin que yo lo supiera.
Santo Ángel de mi guarda, compañero fiel que Dios me ha dado: acompáñame en estos nueve días de oración. Presenta al Señor mis súplicas, guíame por el camino del bien, defiéndeme del enemigo y enséñame a vivir en la presencia de Dios. Y si es para su gloria y bien de mi alma, alcánzame la gracia que pido en esta novena. Amén.
Se lee a continuación la consideración del día.
Día 1
Dios nos ha dado un ángel
Lectura: Mateo 18,1-10
Los discípulos le preguntaron a Jesús quién era el más grande en el Reino de los cielos. Él llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo que, si no se hacían como niños, no entrarían en el Reino. Y terminó con una advertencia: que no despreciaran a ninguno de esos pequeños, porque sus ángeles en el cielo contemplan siempre el rostro del Padre.
En esas palabras de Jesús, la Iglesia ha reconocido desde siempre una verdad consoladora: cada persona tiene un ángel que la custodia. Como enseña el Catecismo, desde el comienzo de la vida hasta la muerte, la vida humana está rodeada de su protección y de su intercesión (cf. Catecismo, 336).
Mi ángel no es un adorno de estampita ni un amuleto de buena suerte. Es una criatura espiritual real, creada por Dios, inteligente y libre, que eligió servirlo y a la que Él le confió mi vida. Desde el día en que fui concebido está conmigo. Me conoce mejor que nadie y nunca se ha apartado de mi lado, ni siquiera cuando yo me aparté de Dios. Empezar esta novena es, ante todo, abrir los ojos a un amor que siempre estuvo ahí.
Oración del día
Ángel de mi guarda, que contemplas el rostro del Padre y al mismo tiempo cuidas de mí: gracias por tu presencia fiel desde el primer día de mi vida. Perdona mis olvidos y enséñame a vivir con la conciencia de que nunca estoy solo. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 2
Te guardará en tus caminos
Lectura: Salmo 91 (90)
El Salmo 91 es la oración de quien se refugia en Dios. Habla de la noche y del día, de la peste y de las flechas, de los peligros que acechan al que camina. Y en medio de todo, una promesa: Dios mandará a sus ángeles para que nos guarden en todos nuestros caminos, para que nos lleven en sus manos y nuestros pies no tropiecen en las piedras.
Salgo de casa por la mañana, manejo, tomo el autobús, cruzo la calle, viajo. Mis hijos van a la escuela, mis padres ya están mayores, un familiar trabaja lejos. Hay tantos peligros que no puedo controlar. La fe no me promete una vida sin dificultades, pero sí me asegura que no camino a la intemperie: Dios me protege también por medio de sus ángeles.
Muchas personas pueden contar alguna vez en que se salvaron de un accidente «de milagro», o en que algo inexplicable las detuvo antes de un peligro. Quizás nunca sepamos en esta vida cuántas veces nos cuidó nuestro ángel. Hoy es un buen día para agradecerle, y para ponerle en las manos a todos los que están de viaje o en peligro.
Oración del día
Ángel de mi guarda, protector de mis caminos: cuida mis salidas y mis regresos, mis viajes y mis tareas de cada día. Guarda también a los que amo, a los que están de viaje y a los que trabajan en lugares peligrosos. Líbranos de todo mal del cuerpo y del alma. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 3
El ángel que guía
Lectura: Éxodo 23,20-23
Cuando el pueblo de Israel caminaba por el desierto hacia la tierra prometida, Dios le hizo una promesa: enviaría un ángel delante de ellos para cuidarlos en el camino y llevarlos al lugar que les había preparado. Y les pidió algo: que lo respetaran y escucharan su voz.
Mi ángel no solo me protege de peligros exteriores. También me guía por dentro. Los santos enseñan que los ángeles nos ayudan por medio de buenas inspiraciones: un pensamiento de rezar, un impulso de pedir perdón, una idea de llamar a alguien que está solo, una inquietud que me aleja de una mala decisión, una claridad repentina en medio de la confusión.
Esas inspiraciones son discretas. No gritan ni se imponen. Si vivo aturdido, lleno de ruido y apurado, puedo perderlas. Por eso escuchar a mi ángel pide un poco de silencio interior y un corazón dispuesto a obedecer. Hoy puedo preguntarme: ¿qué buena inspiración vengo postergando? ¿Qué me está pidiendo Dios que haga, y yo sigo dejando para mañana?
Oración del día
Ángel de mi guarda, que me guías hacia la casa del Padre: ilumina mi mente en las decisiones difíciles y dame un corazón atento para reconocer tus inspiraciones. Que no las desprecie ni las deje para después, sino que las siga con prontitud y alegría. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 4
Compañero de viaje
Lectura: Tobías 5,1-17; 12,6-15
El libro de Tobías cuenta la historia de un joven que debe emprender un viaje largo y peligroso para ayudar a su familia. Su padre, ciego y pobre, le pide que busque a alguien que lo acompañe. Aparece un compañero de camino amable, que conoce la ruta. Durante todo el viaje lo protege, lo aconseja, lo libra del peligro, lo ayuda a encontrar esposa y le da el remedio para curar a su padre. Solo al final se revela quién era: el arcángel Rafael, uno de los que están ante la gloria del Señor.
Esta historia es una imagen hermosa de lo que hace mi ángel. Camina a mi lado de manera discreta, casi sin que me dé cuenta. No me quita el camino ni hace el viaje por mí, pero me acompaña en cada paso, me aconseja y me ayuda a volver a casa sano y con bendiciones para los míos.
La vida también es un viaje largo, con tramos alegres y tramos oscuros. Tal vez hoy estoy atravesando uno de esos tramos: una mudanza, un cambio de trabajo, un duelo, una decisión importante, una enfermedad en la familia. No lo recorro solo.
Oración del día
Ángel de mi guarda, compañero de mi viaje por esta vida: como Rafael con Tobías, camina conmigo en este tramo que hoy me toca vivir. Protégeme en los peligros, aconséjame en las dudas y llévame de vuelta a Dios con el corazón sano y en paz. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 5
El ángel que libera
Lectura: Hechos 12,1-17
El rey Herodes había mandado matar a Santiago y metió a Pedro en la cárcel, con la intención de juzgarlo después de la Pascua. Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, con guardias en la puerta. Mientras tanto, la Iglesia rezaba sin cesar por él. Esa noche, un ángel del Señor se presentó, una luz iluminó la celda, el ángel lo despertó, las cadenas se le cayeron de las manos y lo sacó de la prisión, pasando por delante de los guardias. Pedro creía que estaba soñando, hasta que se encontró solo en la calle y comprendió que Dios lo había liberado.
Hay cadenas que no se ven, pero que atan igual: un vicio, un rencor viejo, un miedo que me paraliza, una tristeza que no me deja vivir, un pecado del que no logro salir. Muchas veces siento que por mí mismo no puedo romperlas.
La historia de Pedro me recuerda dos cosas. Primero, que para Dios no hay cárcel cerrada. Segundo, que la Iglesia rezaba por Pedro mientras él dormía. Hoy puedo rezar por mí, y también por aquellos que conozco y que viven encadenados, pidiéndole a sus ángeles que los despierten y los liberen.
Oración del día
Ángel de mi guarda, que puedes iluminar las cárceles más oscuras: ayúdame a salir de todo lo que me encadena y me aparta de Dios. Te encomiendo también a los que viven atados por el vicio, la desesperanza o el pecado, y a los presos de este mundo. Que el Señor los libere por tu intercesión. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 6
El ángel que consuela
Lectura: Lucas 22,39-46
En el huerto de los Olivos, Jesús se apartó de sus discípulos, se arrodilló y oró al Padre pidiendo que, si era posible, apartara de Él aquel cáliz, pero que se hiciera su voluntad. Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo confortaba. Y, en medio de su angustia, Jesús oraba con más intensidad.
Es impresionante: el Hijo de Dios, en la hora más oscura, quiso recibir el consuelo de un ángel. No se avergonzó de necesitar ayuda. Y el ángel no le quitó el cáliz, pero le dio fuerzas para beberlo.
Así actúa muchas veces mi ángel en mis horas de dolor. No siempre hace desaparecer la cruz, pero me sostiene para que pueda cargarla. Me da la fuerza para seguir rezando cuando no tengo ganas, para levantarme por la mañana cuando todo pesa, para esperar cuando parece que Dios calla. Hoy pienso en mis propias angustias, y también en tantas personas que están solas en su Getsemaní: en un hospital, en la cárcel, en una casa vacía, frente a una noticia terrible.
Oración del día
Ángel de mi guarda, que conoces mis penas escondidas: consuélame en la tristeza y fortaléceme en la prueba, como el ángel que confortó a Jesús en el huerto. Y ve también junto a los que hoy sufren solos, para que sientan que Dios no los ha abandonado. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 7
Los ángeles que adoran
Lectura: Isaías 6,1-8
El profeta Isaías tuvo una visión en el templo: vio al Señor sentado en un trono alto y excelso, y a su alrededor serafines que se gritaban unos a otros proclamando que Dios es santo, santo, santo, y que toda la tierra está llena de su gloria. Ese mismo canto lo repetimos en cada Misa antes de la consagración, unidos a los ángeles del cielo.
La primera tarea de los ángeles no es cuidarnos: es adorar a Dios. Existen para alabarlo, servirlo y cumplir su voluntad. Y precisamente porque aman a Dios, aman lo que Él ama, y por eso nos cuidan. Mi ángel me protege para llevarme a esa misma adoración, para que un día me una a su canto en el cielo.
Cuando rezo, no rezo solo. Mi ángel reza conmigo. Cuando voy a Misa, los ángeles llenan la iglesia. Cuando me arrodillo ante el Santísimo, ellos también adoran. Muchas veces rezo distraído, apurado o sin ganas. Mi ángel puede enseñarme a rezar con reverencia, con asombro y con amor.
Oración del día
Ángel de mi guarda, que adoras a Dios sin cesar: enséñame a rezar con un corazón atento, humilde y agradecido. Acompáñame en la Misa y ante el Santísimo, y ayúdame a unir mi pobre alabanza a la tuya, para que un día cante contigo la gloria de Dios para siempre. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 8
Custodios de la familia
Lectura: Génesis 24,1-27
Cuando Abraham ya era anciano, quiso buscar una esposa para su hijo Isaac. Envió a su servidor de confianza a un viaje largo, con una certeza: el Señor enviaría a su ángel delante de él para que el viaje tuviera éxito. Y así fue: el servidor encontró a Rebeca junto al pozo y la historia de la familia siguió adelante bajo la mirada de Dios.
Cada miembro de mi familia tiene su propio ángel custodio. El de mi esposo o esposa, el de cada uno de mis hijos, el de mis padres y abuelos, el de mis hermanos. Incluso el de aquellos con quienes me cuesta llevarme bien. Cuando no puedo estar al lado de los que amo, sus ángeles sí están.
Hoy es un día para encomendar a toda la familia. Para rezar por los niños y jóvenes, expuestos a tantos peligros. Por los que están lejos, por los que se han alejado de la fe, por los matrimonios en crisis, por los enfermos y los ancianos. También puedo pedirle a mi ángel que se entienda con los ángeles de las personas con las que tengo conflictos, para que el Señor traiga paz donde hay división.
Oración del día
Santos ángeles custodios de mi familia: protejan a cada uno de los que amo. Cuiden a los niños y a los jóvenes, sostengan a los ancianos y enfermos, acompañen a los que están lejos y guíen de vuelta a Dios a los que se han alejado. Traigan paz a nuestro hogar y unidad donde hay división. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Día 9
Hasta la última hora
Lectura: Lucas 16,19-31
Jesús contó la historia de un hombre rico que vivía entre lujos y de un pobre llamado Lázaro, que yacía a su puerta cubierto de llagas. Cuando Lázaro murió, dice Jesús, los ángeles lo llevaron junto a Abraham. Aquel hombre al que nadie miraba fue acompañado por los ángeles en la hora de su muerte.
La Iglesia ha rezado siempre para que los ángeles acompañen a los difuntos: en el funeral cristiano pedimos que los ángeles los conduzcan al paraíso. Mi ángel, que me acompañó desde el primer instante de mi vida, no me dejará en el último. Estará a mi lado en la hora de mi muerte para defenderme, consolarme y llevarme ante Dios.
Esta certeza no me llena de miedo, sino de paz. La muerte no es un salto al vacío, sino un regreso a casa acompañado. Al terminar esta novena, le doy gracias a mi ángel por toda una vida de cuidado, le pido que no me suelte nunca y le encomiendo también a los moribundos de hoy y a mis seres queridos difuntos.
Oración del día
Ángel de mi guarda, que me acompañas desde el primer día: no me dejes en la hora de mi muerte. Defiéndeme entonces del enemigo, dame paz y confianza, y llévame a la casa del Padre. Acompaña hoy a los que están muriendo, y a mis seres queridos difuntos llévalos a la luz de Dios. Amén.
Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias, y las oraciones al Ángel de la Guarda.
Oración final para todos los días
Oraciones al Ángel de la Guarda
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo, que me perdería. Amén.
Ángel de Dios, que eres mi custodio, pues la bondad divina me ha encomendado a ti: ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname. Amén.
Oración final
Santos ángeles custodios, fieles amigos que Dios nos ha dado: gracias por su cuidado constante, por los peligros de los que nos libraron sin que lo supiéramos, por cada buena inspiración y por su paciencia con nuestras debilidades.
Guárdennos de todo mal del cuerpo y del alma. Defiéndannos en las tentaciones, guíennos en el camino del bien, consuélennos en las penas y acompáñennos en la hora de la muerte. Presenten al Señor nuestras oraciones y alcáncennos la gracia que pedimos en esta novena, si es para gloria de Dios y bien de nuestras almas.
Padre bueno, que en tu providencia nos confías a tus ángeles: concédenos vivir siempre bajo su protección y gozar un día con ellos de tu presencia eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
V. Santos ángeles custodios,R. rueguen por nosotros.
Si se desea, se cantan o rezan los Gozos a los Santos Ángeles Custodios.





