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Todas las novenas

Novena por las Benditas Ánimas del Purgatorio

Comienza 24 de oct.Fiesta 2 de nov.

Noviembre es el mes de los fieles difuntos. Esta novena se reza por las almas del purgatorio —los que murieron en gracia de Dios pero necesitan purificarse antes de entrar al cielo—, para aliviar y abreviar su espera con nuestra oración, la Eucaristía y las obras de caridad. Se reza especialmente en torno al 2 de noviembre.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Fechas de la novena en 2026

¿Cuándo empieza la novena por las Benditas Ánimas del Purgatorio en 2026?
En 2026, la novena por las Benditas Ánimas del Purgatorio comienza el sábado 24 de octubre. Son nueve días de oración que culminan en la fiesta.
¿Cuándo es la fiesta de Fieles Difuntos?
En 2026, la fiesta de Fieles Difuntos se celebra el lunes 2 de noviembre.

Ver todas las fechas en el calendario católico 2026 ›

Oración inicial para todos los días

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de Contrición

Señor Jesús, me acerco a ti con humildad y te pido perdón por mis pecados. Me pesa haberte ofendido, porque tú eres bueno, misericordioso y digno de todo amor. Ayúdame con tu gracia a cambiar de vida, a evitar el pecado y a caminar más cerca de ti. Confío en tu perdón y en tu misericordia. Amén.

Oración propia de la Novena

Padre misericordioso, hoy nos unimos a toda la Iglesia para rezar por las benditas almas del purgatorio.

Te pedimos por quienes murieron en tu gracia y esperan la purificación final para entrar plenamente en tu presencia.

Mira con amor a tus hijos difuntos. Por los méritos de Jesucristo, por su Pasión, muerte y resurrección, concédeles alivio, consuelo y descanso.

Te pedimos especialmente por:

[Presentar aquí los nombres o la intención]

Señor Jesús, Salvador nuestro, lleva a estas almas de la espera a la luz, del dolor al consuelo y de la purificación al gozo eterno del cielo.

Espíritu Santo, aumenta nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad. Enséñanos a rezar por los difuntos con amor sincero, confiando en la comunión de los santos y en la misericordia de Dios.

Que nuestras oraciones, sacrificios, obras de caridad y la Santa Misa ofrecida por ellos les alcancen alivio y paz.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Y brille para ellos la luz perpetua.

Amén.

Día 1

La comunión de los santos

Creemos en la comunión de los santos: los del cielo, los que peregrinamos en la tierra y los que se purifican formamos una sola familia en Cristo. La muerte no rompe ese lazo; podemos ayudar a nuestros difuntos con la oración.

Rezar por los difuntos no es nostalgia: es amor que sigue actuando. Nuestras oraciones, misas y sacrificios llegan realmente a ellos y alivian su espera hacia Dios.

Señor Jesús, tú nos llamas a vivir con un corazón limpio y unido a ti.

Hoy te pedimos por las almas que se purifican antes de entrar en la alegría del cielo.

Aplica a ellas nuestras oraciones, nuestras pequeñas obras de amor y todo bien que podamos ofrecer en este día.

Purifica también nuestro corazón, para que vivamos con mayor conciencia, caridad y deseo de santidad.

Por intercesión de la Virgen María, San José y todos los santos, lleva pronto a las benditas almas al descanso eterno.

Amén.

Día 2

El purgatorio, obra de misericordia

El purgatorio no es un castigo, sino una misericordia: la purificación final de quien murió amando a Dios pero aún no del todo limpio. Es la sala de espera de los salvados, donde el amor termina de arder lo que queda de egoísmo.

Nadie entra al cielo a medias. El purgatorio es la ternura de Dios que nos prepara para verlo cara a cara. Rezar por esas almas es acompañar ese último tramo de su camino.

Señor Jesús, tú eres la cabeza de la Iglesia y en ti formamos un solo cuerpo.

Hoy te pedimos por nuestros hermanos difuntos, especialmente por las almas del purgatorio que esperan entrar en la plenitud de tu amor.

Que nuestras oraciones, la Santa Misa, las obras de caridad y los sacrificios ofrecidos por ellas les sirvan de alivio y ayuda.

Une más nuestro corazón al tuyo, para que vivamos la comunión de los santos con fe, esperanza y amor.

Lleva pronto a estas almas a la alegría del cielo.

Amén.

Día 3

Nuestros seres queridos difuntos

Hoy rezamos por nuestros propios difuntos: padres, abuelos, esposos, hijos, amigos que partieron. El amor que les tuvimos no termina: se transforma en oración. Seguir rezando por ellos es seguir amándolos.

Recordemos hoy sus nombres, uno por uno, y encomendémoslos a la misericordia de Dios. Ellos, a su vez, ya rezan por nosotros o rezarán desde el cielo.

Señor Jesús, hoy ponemos ante ti a nuestros seres queridos difuntos.

Te presentamos a nuestros padres, abuelos, hijos, hermanos, esposos, amigos, bienhechores y a todos aquellos que marcaron nuestra vida con amor.

Perdona sus pecados, purifica todo aquello que aún necesite ser sanado y recíbelos pronto en la luz de tu presencia.

Ayúdanos a seguir amándolos con la oración, con la Eucaristía y con obras de caridad ofrecidas por su descanso.

Y cuando llegue nuestra hora, permítenos reunirnos contigo y con ellos en la casa del Padre.

Amén.

Día 4

La Eucaristía por los difuntos

Desde los primeros siglos, la Iglesia ofrece la Misa por los difuntos. No hay ayuda mayor para las almas del purgatorio que el sacrificio de Cristo hecho presente en el altar. Mandar celebrar una Misa por un difunto es el mejor regalo que podemos hacerle.

Más que flores sobre una tumba, vale una Misa. Ofrezcamos la Eucaristía y nuestra comunión por las almas: es amor que atraviesa la muerte y llega a su destino.

Señor Jesús, en cada Eucaristía haces presente tu sacrificio de amor por vivos y difuntos.

Hoy te pedimos por las benditas almas del purgatorio y te ofrecemos, especialmente por ellas, la Santa Misa, nuestras comuniones y nuestras oraciones.

Purifica a quienes aún esperan entrar en tu gloria y concédeles pronto el descanso eterno.

Danos también a nosotros un corazón más atento a la gracia, para no vivir distraídos ni alejados de ti.

Que cada Misa ofrecida por los difuntos sea para ellos alivio, luz y camino hacia el cielo.

Amén.

Día 5

Las almas más olvidadas

Hay almas por las que ya nadie reza: los que no tienen familia, los olvidados con el paso de los años, los que murieron solos. Son las más pobres del purgatorio. Rezar por ellas es una obra de misericordia escondida y hermosa.

La tradición dice que estas almas, una vez en el cielo, no olvidan a quienes las ayudaron. Encomendemos hoy especialmente a las que no tienen a nadie que las recuerde.

Señor Jesús, hoy te pedimos por las almas más olvidadas del purgatorio.

Por quienes ya no tienen familia que rece por ellos, por quienes murieron solos, por quienes no son recordados por nadie y por aquellos cuyos nombres se han perdido con el paso del tiempo.

Tú los conoces, los amas y no olvidas a ninguno de tus hijos.

Acepta nuestras oraciones por ellos y concédeles alivio, consuelo y pronto descanso eterno.

Haznos más caritativos, más generosos y más atentos a quienes necesitan nuestra oración, aunque no los hayamos conocido.

Amén.

Día 6

Las indulgencias de noviembre

La Iglesia ofrece en los primeros días de noviembre la posibilidad de ganar indulgencias aplicables a los difuntos: visitando un cementerio y rezando por ellos, o una iglesia el 2 de noviembre, en las condiciones habituales. Es un tesoro de misericordia para las almas.

La indulgencia no es magia: brota de la comunión de los santos y del tesoro de los méritos de Cristo. Aprovechémosla por nuestros difuntos, con corazón convertido y en gracia de Dios.

Señor Jesús, te damos gracias por los tesoros de misericordia que la Iglesia ofrece por los fieles difuntos.

Hoy te pedimos que nuestras oraciones, indulgencias, visitas al cementerio, actos de caridad y sacrificios ofrecidos por las almas del purgatorio les alcancen alivio y paz.

Danos un corazón convertido, humilde y unido a ti, para que todo lo que ofrezcamos por los difuntos nazca de la fe y del amor.

Que las benditas almas reciban pronto la alegría de verte cara a cara.

Y que nosotros vivamos cada día preparados para la eternidad.

Amén.

Día 7

La caridad que libera

Además de la oración y la Misa, las obras de caridad y los pequeños sacrificios ofrecidos por los difuntos les aprovechan. Una limosna, un ayuno, una molestia soportada con amor, ofrecidos por las almas, alivian su espera.

Así, ayudar a los difuntos nos hace mejores a nosotros: nos empuja a la caridad y al sacrificio. El amor por los muertos se vuelve bien para los vivos.

Señor Jesús, hoy te ofrecemos nuestras obras de caridad por las benditas almas del purgatorio.

Acepta cada gesto de amor, cada sacrificio, cada renuncia, cada limosna, cada servicio y cada molestia ofrecida con fe por su descanso.

Que nuestra caridad ayude a quienes esperan entrar en tu gloria, y que el amor por los difuntos nos haga también más generosos con los vivos.

Te pedimos especialmente por quienes murieron sin preparación, sin sacramentos o sin compañía.

Ten misericordia de ellos y llévalos pronto a tu presencia.

Amén.

Día 8

Recordar nuestra propia muerte

Rezar por los difuntos nos recuerda que también nosotros moriremos. No es pensamiento morboso, sino sabio: 'Enséñanos a contar nuestros días para adquirir un corazón sabio.' Prepararnos hoy es amar nuestro mañana.

Vivir pensando en la eternidad ordena la vida: relativiza lo pequeño, da importancia a lo que la tiene. Que la memoria de los difuntos nos ayude a vivir en gracia y sin cosas pendientes con Dios.

Señor Jesús, al rezar por los difuntos recordamos también que nuestra vida en la tierra es breve y que estamos llamados a la eternidad.

Enséñanos a vivir con sabiduría, a valorar lo que de verdad importa y a no aferrarnos desordenadamente a los bienes pasajeros.

Te pedimos por las almas que se purifican de sus apegos, distracciones y faltas de amor.

Calma sus ansias, colma sus deseos y llévalas pronto a la alegría de tu presencia.

Y a nosotros concédenos vivir en gracia, reconciliados contigo y preparados para el encuentro definitivo.

Amén.

Día 9

El descanso eterno

Termina la novena con la esperanza que la sostiene: el cielo. Las almas del purgatorio son almas salvadas; su espera terminará en gozo. Nuestra oración apresura ese momento en que verán a Dios cara a cara.

No rezamos por ellos con tristeza sin esperanza, sino con la certeza de que un día nos reuniremos todos en la casa del Padre. Sigamos encomendándolos siempre: en el rosario, en la Misa, en cada aniversario.

Señor Jesús, al terminar esta novena, te pedimos por todas las benditas almas del purgatorio.

Por los méritos infinitos de tu Pasión, muerte y resurrección, purifícalas, consuélalas y llévalas pronto al descanso eterno.

Te pedimos especialmente por las almas más queridas para nosotros y por aquellas por quienes hemos rezado durante estos días.

Que puedan contemplar tu rostro, descansar en tu amor y gozar para siempre de la alegría del cielo.

A nosotros concédenos vivir con esperanza, sabiendo que la muerte no tiene la última palabra y que en ti nos espera la vida eterna.

Amén.

Oración final para todos los días

Oración por un miembro de la familia

Buen Jesús, tu corazón se conmueve ante el dolor de tus hijos.

Mira con misericordia a mis familiares difuntos y purifica todo aquello que aún necesite ser sanado.

Te pido por ellos con amor y esperanza. Que pronto puedan descansar en tu presencia y gozar de la alegría eterna del cielo.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Y brille para ellos la luz perpetua.

Amén.

Oración por los padres difuntos

Señor Dios, tú nos mandaste honrar a nuestro padre y a nuestra madre.

Hoy te pido por mi padre, mi madre y por todos los padres difuntos.

Ten misericordia de ellos, perdona sus faltas y recíbelos en la luz de tu Reino.

Que un día podamos encontrarnos nuevamente en la alegría del cielo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Oración de Santa Gertrudis

Padre eterno, te ofrezco la preciosísima Sangre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, en unión con todas las Misas celebradas hoy en el mundo.

Te la ofrezco por las benditas almas del purgatorio, por los pecadores, por la Iglesia, por mi familia y por todos los que necesitan tu misericordia.

Amén.

Señor Dios, Creador y Redentor nuestro, tú venciste la muerte por la resurrección de Jesucristo.

Te pedimos por todos los fieles difuntos que nos han precedido en la fe, especialmente por:

[Presentar aquí los nombres o la intención]

Que participen de la victoria de Cristo y sean recibidos en la luz de tu gloria.

Dales, Señor, el descanso eterno.

Y brille para ellos la luz perpetua.

Que descansen en paz.

Amén.

María, Madre de Dios y Madre de misericordia, ruega por nosotros y por todos los que han muerto en la esperanza del Señor.

Amén.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Amén.

Se reza además cada día un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria por las benditas ánimas del purgatorio

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