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Novena al Sagrado Corazón de Jesús

Se reza en cualquier fecha

El Sagrado Corazón de Jesús es la devoción al amor de Cristo, simbolizado en su Corazón traspasado. Su fiesta es movable: el viernes que sigue a la octava de Corpus Christi, en junio — el mes del Sagrado Corazón. La novena se reza los nueve días previos, los primeros viernes de mes, o en cualquier necesidad.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

Por la señal de la Santa Cruz. Acto de Contrición.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concédeme un corazón semejante a ti mismo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Se reza a continuación la meditación propia del día.

Día 1

El costado abierto

En la cruz, un soldado atravesó con la lanza el costado de Jesús, y brotaron sangre y agua. La Iglesia siempre vio en esa herida la fuente de los sacramentos y la puerta abierta al Corazón de Dios: desde entonces, nadie tiene que quedarse afuera.

La devoción al Sagrado Corazón empieza ahí: no en una imagen dulce, sino en una herida real. El amor de Cristo no es teoría — tiene cicatrices.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 2

Manso y humilde de corazón

Una sola vez describió Jesús su propio corazón: «Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso.» No dijo aprendan mis milagros ni mi elocuencia: dijo mi mansedumbre y mi humildad.

El mundo premia lo contrario — la dureza y el orgullo — y por eso vive tan cansado. El descanso que buscamos tiene dirección exacta: un corazón que no pelea por ser el primero.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 3

Paray-le-Monial: «He aquí el Corazón que tanto ha amado»

En el siglo XVII, Jesús se manifestó a Santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Visitación, mostrándole su Corazón: un corazón que ha amado tanto a los hombres y recibe de tantos, a cambio, olvido e ingratitud. Le pidió amor, reparación y una fiesta en su honor.

El mensaje no ha caducado: Dios sigue amando primero y esperando respuesta. Esta novena es nuestra manera de decirle: no todos te olvidan.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 4

La reparación: consolar a Dios

Parece atrevido decir que podemos consolar a Dios, pero la devoción al Sagrado Corazón lo enseña: cada acto de amor, cada comunión bien hecha, cada perdón otorgado repara de algún modo el desamor que Cristo recibe.

La reparación no es tristeza: es amor que compensa. Como quien, viendo maltratado a un amigo, redobla con él la amistad.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 5

Los primeros viernes

De las manifestaciones a Santa Margarita María nació la práctica de los nueve primeros viernes: comulgar en reparación el primer viernes de nueve meses seguidos, con la promesa de la gracia de la perseverancia final para quien lo haga con fe.

Más que un rito, es un noviazgo con constancia: nueve citas mensuales con el Señor. La fidelidad en lo pequeño y repetido — esa es la prueba de amor que el Corazón de Jesús aprecia.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 6

El Corazón que consuela

«Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré.» La invitación no pone condiciones ni pide cita. El Corazón de Jesús es el lugar donde se descargan las penas que no se pueden contar a nadie.

Hoy la novena es sencilla: decirle al Señor, con nuestras palabras, lo que más nos pesa. Él escucha como nadie — sin interrumpir, sin juzgar, sin cansarse.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 7

El Corazón de Jesús en el hogar

Generaciones de familias han entronizado la imagen del Sagrado Corazón en la sala de su casa: una declaración pública de quién manda — y quién cuida — en ese hogar. «Bendeciré las casas donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y honrada», prometió el Señor a Santa Margarita.

Entronizar al Sagrado Corazón no es colgar un cuadro: es invitarlo a presidir las decisiones, las comidas, las reconciliaciones. Donde Él preside, la casa resiste.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 8

Fuente de misericordia

Del Corazón traspasado brotaron sangre y agua: la Iglesia ve ahí el bautismo y la Eucaristía, y también la fuente inagotable del perdón. Ningún pecado es más grande que ese Corazón.

Si algo nos tiene lejos de la confesión — vergüenza, años, desánimo — el Sagrado Corazón es la puerta de regreso. No pregunta por qué tardamos: celebra que llegamos.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Día 9

Cristo, Rey de amor

«¡Viva Cristo Rey!» — el grito de los mártires mexicanos nació de esta devoción: el reinado que proclamaban no era de armas, sino del Corazón de Jesús sobre las personas, las familias y los pueblos.

Terminamos la novena consagrándonos: entregar al Sagrado Corazón lo que somos y lo que tenemos, para que reine en nosotros con su único cetro — el amor.

Dame la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra ti, correspondiendo agradecido a tu amor, y la que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto tuyo y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y tres Avemarías. Oraciones finales.

Oración final para todos los días

Oraciones finales — Al Padre Eterno

¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a tu Majestad; por medio de este adorable Corazón, te adoro por todos los hombres que no te adoran; te amo por todos los que no te aman; te conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conocerte. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a tu Majestad todas las obligaciones que te tienen todos los hombres; te ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de tu divino Hijo, y te pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitas que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haz que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a tu Majestad, sobre este santísimo Corazón, a tus siervos, mis amigos, y te pido los llenes de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar contigo eternamente. Amén.

Oración

¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente te adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo te alabo, yo te ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda tu corte celestial, y todas las que te puede dar el Corazón de tu Madre Santísima. Amén.

Oración preparatoria, jaculatorias propias de cada día y oraciones finales: texto tradicional de dominio público de la novena al Sagrado Corazón de Jesús, con modernización ligera de las formas arcaicas de segunda persona (vos/vosotros → tú), conservando el sentido y la estructura. Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.

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