Saltar al contenido

Novena al Santo Niño de Atocha

Comienza 16 de dic.Fiesta 25 de dic.

El Santo Niño de Atocha — el Niño Jesús peregrino, con su sombrero, su bastón y su guaje — es protector de los presos, los migrantes, los enfermos y los viajeros. Su santuario de Plateros, en Zacatecas, es uno de los más visitados de México. Puede rezarse en cualquier necesidad; su imagen se honra especialmente en Navidad.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Oración inicial para todos los días

Acto de Contrición

¡Oh hermosísimo Niño de Atocha! Perla candidísima de amor infinito, adorado Niño de mi corazón, fuente inagotable de maravillas, caudal de portentos, manantial de consuelos y padre de toda piedad y misericordia. ¡Oh preciosísimo Niño de Atocha! A tus pies soberanos humildemente se postra este ingrato y vil pecador, quien desea a costa de sus lágrimas desagraviarte, suplicándote le perdones sus culpas, interponiendo por intercesora a tu Santísima Madre. Con tal seguridad llega confiado, pues Tú eres el insondable piélago de bondad; a Ti, bien mío, a Ti suspira mi infeliz y pobrecita alma, avergonzado de estar ante tu divina presencia; te dice en verdad de lo íntimo de su corazón, que le pesa de haberte ofendido; pero, idolatrado Niño de Atocha, por ser quien eres, te pido que me des la contrición que diste a Dimas, las lágrimas de Pedro, las dulces expresiones de Agustín, para así desagraviarte como lo desea mi corazón: No, Niñito, no cortes el hilo de mi fatal vida, dame tiempo para hacer penitencia y llorar mis culpas, como se lo concediste a Santa María Magdalena, y juntamente te pido la resistencia de Alcántara, para ser así grato a tus divinos ojos, y poder por medio de la penitencia limar y quitarte los grillos que tienes puestos, los cuales están en la mano de tu Santísima Madre. ¡Oh Niño de Atocha! ¡Oh gallardo! ¡Oh Niño Misericordioso! Perdóname de haberte ofendido y me propongo no ofenderte más, pues te lo pido por tu Santísima Madre Santa María de Atocha, por su pureza intacta, por aquella virginal leche que mamaste de sus purísimos pechos y por el dolor que tuvo cuando te circuncidaron: amorosísimo Niño de Atocha, espero en Ti, confío en Ti, y por Ti creo lograr mi salvación, y lo que por medio de esta novena humildemente te pido, y creo verdaderamente no salir desconsolado con lo que sabes necesito; espero que mis aflicciones, mis trabajos, mis necesidades, mis penas, mis desconsuelos, me los volverás todos gozos, dando a mis tribulaciones goces y a mis prisiones libertad, pues eres mi padre y todo mi bien; ampárame, socórreme, asísteme, defiéndeme, favoréceme en la hora de la muerte, preséntate a mi vista con el lucido escuadrón de los ángeles, recibiendo mi alma en tus brazos, para que descanse en Ti y goce de las delicias celestiales en tu amable compañía, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración a la Santísima Madre

Inmaculada Madre de Dios, María Santísima de Atocha, agradable Sagrario del Espíritu Santo, puerta del reino de los cielos, divina Aurora, por quien después de Dios vive toda criatura racional de la tierra; inclina a mí esos tus bellísimos ojos, ilumina esta ciega y pobrecita alma, mírala, Madre de misericordia, tan envejecida y apolillada con los apetitos de mis pasiones; compadécete, Señora, de su ruina, para que alcance de tu Santísimo Hijo, la renueve, la limpie y la restituya a su gracia, concediéndome también lo que le pido en este día, y suplícale me dé luz en el alma, para que conozca y vea yo mismo lo errado que he andado, desviado del redil y rebaño de su divina gracia, y no vuelva a tropezar con los engaños y deleites del mundo, dándome fuerza para no caer nuevamente en la red del demonio, ni me dejes perecer en los precipicios de la carne. Sí, amorosísima Madre, cierto estoy que hasta ahora no ha habido uno que haya implorado tu protección que haya salido desamparado; con tal certeza, hoy me postro a implorar tu divino auxilio y espero que serás mi intercesora para con tu Santísimo Hijo, y alcanzaremos todos los que juntos y congregados recurriéremos a implorar de tu divino Niño su amparo en las tribulaciones, logrando merced y gracia, concediendo benigna a nuestras peticiones un buen éxito en nuestras necesidades, así espirituales como temporales; así lo esperamos del Santo Niño de Atocha, tu querido Hijo, que si este favor que le pedimos nos conviene y es de su agrado nos lo conceda en honra y gloria suya, y si no, que se haga su santísima voluntad, dándonos una perfecta resignación en esta vida para que, sirviéndole y llevando con paciencia los trabajos y aflicciones, logremos una buena muerte. Amén.

Se rezan tres Padrenuestros y tres Ave Marías con Gloria al Padre; luego la meditación del día.

Día 1

El Niño de los cautivos de Atocha

Cuenta la tradición que en la España medieval, cuando a los presos cristianos de Atocha solo podían visitarlos niños, un pequeño peregrino desconocido entraba a la cárcel con una cesta de pan y un guaje de agua que nunca se vaciaban. Los fieles reconocieron en él al Niño Jesús.

Dios tiene esa costumbre: hacerse pequeño para entrar donde nadie más puede entrar. No hay celda, ni hospital, ni frontera cerrada para el Niño de Atocha.

Graciosísimo Niño de Atocha, arca soberana del Santuario Supremo, yo te saludo y alabo en este primer día y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, adornados con la primera jaculatoria, en memoria del primer instante o momento en que María Santísima, tu querida Madre, recibió el anuncio del Arcángel San Gabriel, y por el gozo que recibió cuando le dijo: 'Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.' De cuyo tálamo saliste para ser amparo de los tribulados, consuelo de visitados, de presos y único remedio de desahuciados; y por aquella primera jornada que hiciste oculto en el citado tálamo, desde Nazaret hasta el monte Tabor, donde después de crecida edad obraste el misterio de tu Transfiguración y les enseñaste a tus discípulos tu gloria: te pido, amorosísimo Niño de Atocha, me sea concedido lo que pretendo en esta novena, dándole el feliz despacho a mi súplica; y para esta solicitud interpongo los méritos del coro de los santos ángeles, pues a estos espíritus soberanos dispusiste que guardasen a los hombres; espero su intercesión para no salir desconsolado y lograr una perpetua amistad para contigo y alcanzar una feliz muerte, para gozarte en las delicias de tu gloria. Amén.

Día 2

Plateros: la casa del Niño en México

Desde el siglo XVIII, la imagen del Santo Niño se venera en Plateros, Zacatecas, junto al Cristo de los Plateros. Mineros, campesinos y familias enteras han llenado su santuario de retablitos: dibujos y cartas que cuentan, con faltas de ortografía y fe perfecta, los favores recibidos.

Cada retablito es teología del pueblo: Dios se ocupa de las cosas concretas — el accidente, la operación, el hijo en el norte. Nuestra novena es también un retablito: contémosle al Niño nuestra historia con todos sus detalles.

Bellísimo Niño de Atocha, iris hermoso de clemencia, bondadoso Niño purísimo, yo te saludo y alabo en este segundo día y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, hermoseándolos con la segunda jaculatoria, en recuerdo de aquella segunda jornada que hiciste en compañía de aquellos peregrinos santos, tus queridos Padres, oculto en aquella arca virginal, desde el monte Tabor hasta la ciudad de Naín, donde después de haber sufrido y experimentado tantos trabajos y lluvias del cielo, los aires fríos, las penalidades del camino, de aquellas veredas ásperas y peligrosas, la aridez de aquellos campos; fatigado aquel varón justo y casto esposo de María, buscaba posada en los mesones para su querida esposa y se la niegan, despidiéndolo con palabras necias y desabridas; y por aquel desconsuelo con que se quedó alojado en aquella noche en un rincón de un desabrigado portal de allí mismo, llorando la dureza de aquellos corazones. Por estas angustias que sufrieron ambos esposos, te pido, Niñito de Atocha, que concedas el feliz éxito y despacho de mi súplica, para lo cual interpongo el coro de los arcángeles, pues a estos divinos espíritus les tienen encomendados los negocios importantísimos de tu gloria; y espero por intercesión de los patriarcas y profetas, no quedar corrido y avergonzado sin alcanzar el favor que solicito, pues sé claramente que quien confía en Ti no sale desamparado; en tal confianza, Niño hermoso, creo que usarás conmigo de tus misericordias y me darás feliz acierto hasta verte en la ciudad celestial, para alabarte eternamente en la gloria. Amén.

Día 3

Protector de los presos

El Santo Niño nació visitando presos, y no ha dejado de hacerlo. A él se encomiendan los que están tras las rejas — culpables e inocentes — y las familias que los esperan afuera, cargando una condena que también es suya.

Jesús dijo: «Estuve preso y me visitaste.» Rezar por los presos y sus familias, sin juzgar, es visitar al mismo Cristo. El Niño de Atocha nos toma de la mano para esa visita.

Dulcísimo Niño de Atocha, cielo divino de excelsa majestad, yo te saludo y alabo en este tercer día y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, acompañados con la tercera jaculatoria, en memoria de aquella tercera jornada que en el vientre virginal de tu castísima Madre hiciste desde la ciudad de Naín hasta los campos de Samaria, donde después de tu crecida edad te salieron aquellos diez leprosos; y te suplico por aquel nuevo viaje de penas y trabajos que en esta jornada padeciste, viendo en aquellos caminos a tus queridos Padres despreciados de viandantes pasajeros, por suma pobreza. Con reverencia te suplico, acompañado del tercer coro de ángeles, accedas compasivo a mi solicitud; y por el gozo que tuvo tu querida Madre Santa María de Atocha cuando al entonar en la capilla angélica el Gloria in Excelsis Deo, resonando con dulce armonía la delicada voz dándote gracias como deseado y tierno Niño amante por el linaje humano, y por esto me sea concedido el galardón de mi súplica; para lo cual pongo por intercesores los méritos del coro de los principados, por los cuales y por medio de los ángeles y arcángeles que, alumbrando e instruyendo y mandando, cuidan de la salud de los hombres, hagas que en la hora de la muerte vuelva a resonar la dulce canción de Gloria a Dios en las alturas, para ir a gozarte para siempre. Amén.

Día 4

Compañero de los migrantes

Con su sombrero de peregrino, su bastón y su guaje, el Santo Niño es la imagen misma del que va de camino. Por eso lo llevan en la cartera tantos migrantes: en el desierto, en la central de autobuses, en el país extraño donde nadie te conoce.

Él también fue migrante: de Belén a Egipto, huyendo de noche. Nadie entiende mejor el desarraigo que el Dios que lo vivió de niño.

Graciosísimo Niño de Atocha, círculo eminentísimo de piedad infinita, yo te saludo y alabo en este cuarto día y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, en unión de esta cuarta jaculatoria, en memoria de aquella cuarta jornada que hiciste al pozo de Siquén, en el lecho preciosísimo de las carísimas entrañas de tu querida Madre Santa María de Atocha, como divino Salomón, donde conociendo que se acercaba tu dichoso parto, desenvuelve el fardito del ajuar de tu ropita, y puesta de rodillas lava la camisita y paños que llevan prendidos para envolverte como rico tesoro de los cielos. Te suplico, Niño de Atocha, que por medio de estas penalidades que te recuerdo, logre alcanzar de Ti lo que pretendo; y creo alcanzarlo por aquel gozo que tuvo tu divina Señora cuando aplicaba sus labios de nácar a tus preciosas mejillas, con los más tiernos requiebros y amorosos coloquios te estrechaba entre sus brazos como amorosísima Madre tuya, y con ardientísimos deseos se abrasaba su corazón por ver tu sagrada humanidad alimentada con la dulce leche de sus pechos; por lo que espero de Ti, divino Niño, conseguir por todo esto el feliz despacho que deseo; y al fin de esta novena merezca hagas de tus maravillas para conmigo, calmando mis conflictos y tribulaciones, dándome en esta vida la paz y el reposo, y al fin de ella una dichosa muerte, para ir a ensalzarte por los siglos de los siglos. Amén.

Día 5

Salud de los enfermos

A Plateros llegan sillas de ruedas, muletas y fotografías de hospital. Los devotos del Niño le piden salud con una mezcla única de respeto y confianza familiar: como se le pide a alguien de casa.

El Niño sana a su manera: a veces el cuerpo, siempre el ánimo de quien reza con fe. Pongamos hoy en su cesta de pan a nuestros enfermos, con su nombre.

Perenne Niño de Atocha, incomparable y maravilloso Niño, yo te saludo y alabo en este quinto día y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, enriquecidos con esta quinta jaculatoria, en memoria de aquella quinta jornada que hicieron tus queridos Padres desde el pozo de Siquén hasta aquel lugarejo llamado Necmás, donde tomaron por hospicio una inhabitable morada de ovejas, aunque con alegres balidos los recibieron los corderillos gustosos de su compañía, manifestándoles la alegría que les ocupaba en esa noche; por aquella humildad con que se recogieron entre los pinos en aquella posada de brutos, por el cordial amor que le profesas a tu querida Madre Santa María de Atocha, te pido me sea concedido lo que solicito en mi indicado fin; y espero que por todo esto que te ruego, tendré la dicha de alcanzar el feliz despacho de mi súplica, para lo cual interpongo los méritos de esta áspera peregrinación, acompañándolos con el coro de las virtudes, por las cuales obras milagros infinitos, propios de tu soberano poder; yo confío que por tan grandes intercesores mereceré ser escuchado en estas mis quejas que te demuestro en este día; y creo finalmente no salir desconsolado, porque estoy cierto y confiado que el que te busca te halla y a quien te invoca le asistes; ven, poderosísimo Niño, en nuestro amparo; ven siempre en nuestra defensa y concédenos una feliz muerte para ir a acompañarte en el dichoso Necmás de la eterna gloria. Amén.

Día 6

El pan y el agua que no se acaban

La cesta y el guaje del Niño no se vaciaban nunca: signo de la providencia de Dios, que no se agota. A él acuden las familias cuando el trabajo falta y la despensa se vacía.

La providencia no es magia: suele llegar por manos humanas. Quien pide pan al Niño debe estar dispuesto a ser, también, cesta para otros. Compartir lo poco es el secreto para que alcance.

Agraciadísimo Niño de Atocha, que riéndote estás, regocijándote con tu querida Madre, yo te saludo y alabo en este sexto día y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, y los acompaño con esta sexta jaculatoria, en memoria de aquella sexta jornada que hiciste, colocado en el vientre divinísimo de tu Santísima Madre Santa María de Atocha, hasta aquel despoblado sitio donde, a los doce años de edad, te le perdiste de vista. Por este dolor que sintió en su corazón después de haber sufrido con tan modesta humildad tantos trabajos, subiendo los montes, pisando los altos copos de nieve con sus delicadísimos pies, atravesando serranías, sufriendo los aires fríos, la lluvia del cielo y la ingratitud e inclemencia del tiempo, te pido por todo esto que te hago recuerdo, me sea concedido el favor que te suplico en esta hora; para lo cual interpongo los méritos de todas las dominaciones que preceden a todos los espíritus inferiores y son ministros de tu Divina Providencia, y ellos se sujetan a tu voluntad siempre; y por estos grandes méritos, y por lo que te recuerdo cada día en esta novena, introduciéndolos a mi súplica, espero no salir sin alcanzar lo que tanto solicito, y después, al fin de mi vida, alcanzar tu gracia hasta gozarte en el paraíso celestial de la eterna morada. Amén.

Día 7

La confianza de los pequeños

«Si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos.» El Santo Niño predica ese Evangelio con su sola imagen: Dios quiso ser niño para que dejáramos de tratarlo como a un juez lejano.

Los niños piden sin calcular, confían sin garantías y perdonan rápido. Esa es la fe que el Niño de Atocha premia. Hoy, recemos así: sin discursos, como un hijo pequeño que jala la manga de su padre.

Admirable Niño de Atocha, incomparables son tus maravillas, candidísimo Niño, yo te saludo y te adoro, yo te alabo y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, los uno con esta séptima jaculatoria en memoria de aquella séptima jornada que hiciste a la ciudad santa de Jerusalén, en las entrañas purísimas de tu querida Madre, que te servían de palacio y habitación, donde después de tu crecida edad obraste los misterios de la Redención, y donde se le presentaron a tu Madre María Santísima, al pasar por aquellas calles, las nuevas jornadas que habías de hacer en ellas, de tribunal en tribunal, y las jornadas tan malas que habías de hallar en aquellos pretorios; porque en una de aquellas casas habías de ser aprisionado, y en una de sus plazas habías de ser atormentado con cinco mil azotes, y en cuya representación eran sus ojos fuentes de lágrimas; por esta consideración que tuvo de aquellas benditas lágrimas que derramó al pasar por el monte Calvario, donde con abundancia aumentaba su llanto, porque conoció que allí era donde habías de expirar en el patíbulo de la Cruz. Por estos sentimientos que compungían su corazón en aquel instante te pido, amorosísimo Niño de Atocha, que oigas mis súplicas y remedies mis necesidades, para lo cual interpongo los méritos del connato que tenías en que se cumpliera en Ti la voluntad de tu Padre Celestial; por lo que humildemente te ruego y espero que me darás el feliz consuelo en lo que solicito, dándole buen despacho a mis peticiones; y pues nuevamente te interpongo los méritos de los tronos en que descansas, como en el trono de tu gloria y asiento de tu Majestad; y por todos estos méritos espero no salir desconsolado de Ti y gozar de una feliz muerte para ir a acompañarte en la celestial Jerusalén de la gloria. Amén.

Día 8

El caminante incansable

Los devotos de Plateros cambian con cariño los zapatitos de la imagen, porque — dicen — el Niño los gasta de tanto caminar de noche socorriendo a su gente. Es piedad popular en estado puro: la certeza de que Dios no descansa cuando un hijo suyo está en apuros.

Mientras dormimos, Dios trabaja. Cuántos problemas nuestros se resolvieron sin saber cómo. Esta noche, dejémosle al Niño la preocupación que nos quita el sueño.

Sapientísimo Niño de Atocha, general protector de todos los hombres, general amparo de desvalidos, médico divino de cualquier enfermedad, poderosísimo Niño, yo te saludo, yo te alabo en este octavo día y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, acompañándolos con esta octava jaculatoria por la octava jornada que hiciste, encarnado en las purísimas entrañas de tu amabilísima Madre, desde aquella ciudad santa de Jerusalén hasta llegar a Belén, donde, habiendo llegado tu amorosísimo Padre Señor San José buscando posada entre sus deudos, parientes y conocidos, creyendo que habían terminado ya sus trabajos, se multiplicaron con nuevas penas porque, habiendo llegado con su castísima esposa, todos le dieron con ellas en la cara. ¡Oh, qué sentimientos tan grandes tendría en su corazón aquel varón justo y casto esposo de María, en aquellas calles buscando posada donde alojar a la Emperatriz de los cielos, y le despedían con palabras ásperas y desabridas, tratándolo de ocioso y vagabundo, por verlo con toda humildad y pobreza! ¡Qué lágrimas no derramarían sus ojos, y más cuando, habiendo encontrado la noche y desgajándose ya la nieve, corriendo los aires fríos sin haber encontrado alojamiento ninguno desde las cuatro de la tarde que comenzó a buscarlo, y no lo había podido encontrar hasta aquella hora, y temiendo no le cogiera el parto en aquella plaza! Por cuyos recuerdos que hago en este día, te pido me concedas lo que te suplico, para lo cual interpongo estos méritos y los acompaño con el coro de los querubines y serafines que están adornados de perfectísima sabiduría; por los cuales espero, preciosísimo Niño de Atocha, feliz despacho en lo que te ruego y pretendo; estoy cierto de que no saldré desconsolado de Ti, lograré una buena muerte, para llegar a acompañarte a Belén de la gloria. Amén.

Día 9

El Niño Rey

El pequeño peregrino del sombrero es el mismo Rey del universo. La ternura del Niño de Atocha no es debilidad: es el poder de Dios que eligió reinar sirviendo, alimentando, visitando, caminando con los últimos.

Terminamos la novena entronizándolo en casa: que el Santo Niño no sea visita ocasional sino miembro de la familia — el primero al que se saluda y el último al que se encomienda el día.

Soberano Niño de Atocha, en Ti tengo puesta toda mi confianza, benignísimo Niño, yo te saludo y te alabo en este último día de tu novena, y te ofrezco estos tres Padrenuestros y Ave Marías con Gloria Patri, los presento con esta última jaculatoria, recomendándotelos en memoria de aquella última jornada que hiciste, oculto en el vientre virginal de tu querida Madre, desde Belén hasta aquel preparado y dichoso portal, adonde llegaste a las nueve de la noche, y en que se llegaba la hora de tu deseado nacimiento; hincada de rodillas, juntas las manos delante del pecho, levantados los ojos al cielo, elevadas las potencias y los sentidos y toda divinizada, te dio al mundo como divino Mesías de todas las generaciones, y te adoró en los brazos de San Miguel Arcángel, y después te recibió en los suyos para que te adoraran los santos ángeles que de guardas le asistieron en el altar sagrado; y viéndote tiritar de frío y hacer pucheros, te envuelve en aquellas pajas y pañales, te abriga reclinándote hacia sí misma, regalándote y alimentándote con la dulce leche de sus virginales pechos, te pone entre la paja de aquel pesebre de animales, donde fuiste adorado de los brutos y de los humildes pastores, dándote el resplandeciente sol de justicia, reconociéndote como verdadero Dios; y por el gozo que tuvo tu bellísima Madre Santa María de Atocha por haberte parido sin dolor alguno, quedando intacta en su virginidad, te pido me concedas lo que te suplico en mi petición, y espero no salir desconsolado de Ti, por el gozo que tuvo tu querido Padre Señor San José, cuando, despertando de aquel dulce sueño en que estaba, te vio en los brazos de la Aurora, alegrando al mundo y hecho aquel humilde portal un abreviado cielo con tu hermosura y resplandor. Por esto que te recuerdo, te ruego y pido entrañablemente me des feliz despacho, para lo cual interpongo todos estos méritos y los del coro de los serafines que te aman con amor ardientísimo; por lo que espero lograr buen éxito en mi solicitud y lograr una feliz muerte, para ir a darte infinitos plácemes en los apriscos de las eternas moradas, donde cantan tu gloria los santos ángeles para siempre. Amén.

Oración final para todos los días

Ofrecimiento de la petición

Portentosísimo Niño de Atocha, bien mío, hermosura sin igual de los cielos, encanto de los corazones, dulcísimo creador mío; único dueño de mi alma, piadosísimo Jesús de mi vida, alegría incomparable de toda criatura. ¡Oh generosísimo Niño! ¿Quién sino a Ti, divino Manuel? ¿Quién sino a Ti, amorosísimo Niño? A Ti que eres raudal de beneficios; a Ti que eres padre de la misericordia y todo nuestro ser en esta vida. ¿A quién sino a Ti, que eres el inmenso, el infinito, el solo Dios verdadero? Tú eres nuestro Padre, nuestro Redentor, nuestro conservador y todo lo que somos. Adórente los ángeles, las criaturas todas te alaben en la tierra, las plantas, las flores y todo lo que tenga ser te engrandezca; las aves todas se regocijan en oír tu dulce advocación. Pacientísimo Niño, Tú sabes las necesidades que tengo, las aflicciones que me cercan, como a tus divinos ojos nada es escondido. A Ti, poderosísimo Niño, presento mis quejas, mis trabajos y angustias, confiado en que me las aceptarás benigno, concediéndome lo que en esta petición te pido, pues Tú eres el árbol frondoso; al que se aloja a tu sombra le llenas de felicidades; Tú eres el que conviertes los enojos de tu Padre en dulces misericordias; Tú eres el mediador entre tu Padre y los hombres; Tú nos prodigas a cada día, a cada hora, a cada instante tantas bondades, tantos beneficios, los que no somos capaces de corresponder como debemos. Mas ahora, postrados delante de Ti, implorando tu clemencia como Tú eres el autor de nuestra vida a quien debemos todo nuestro ser, y así espero que, como eres Todopoderoso y estás sentado en la silla de la sabiduría, en esa silla de potestad te dignaste instituir el Sacramento de la Penitencia para que con él purifiquemos nuestras almas y volvamos a tu amistad infinita. Yo te ofrezco estas oraciones para que se las presentes a tu Eterno Padre; y por ellas logren descanso las benditas almas del Purgatorio, y nosotros, todos los necesitados, tengamos consuelo y merezcamos alcanzar en Ti, Niño de Atocha, lo que deseamos; dándonos juntamente una verdadera contrición y arrepentimiento de nuestras culpas para llegar a verte en la Gloria. Así lo esperamos de tu piedad, siendo siempre en nuestro favor hasta la consumación de los siglos, y en el día del juicio esperamos verte para pasar a gozarte en la celestial bienaventuranza eterna. Amén.

Ofrecimiento de las nueve Ave Marías a María Santísima de Atocha

Purísima Madre del Santo Niño de Atocha, trono delicadísimo de la Majestad increada, fecundo lirio de los valles, fosa celestial de Jericó, relicario purísimo de la Trinidad Santísima, fuente clarísima donde estaban representadas las cristalinas aguas de la divina gracia; Paraíso deliciosísimo, jardín supremo de la gloria, panal fecundo de la más dulce y suave miel; Médica soberana por quien después de Dios vive todo el orbe de la tierra; Hija querida del Eterno Padre en quien se regocija y llena de placer; amorosísima esposa del Espíritu Santo; aurora que alegras a todo el mundo; general abogada y firmísima esperanza de los pecadores y bondadosa Madre mía. Yo te ofrezco estas nueve Ave Marías, en memoria de aquellas nueve jornadas que hiciste desde Nazaret hasta Belén, donde te dignaste dar a luz al verdadero Dios; por cuyo recuerdo espero de Ti que intercederás como tu Hijo el Santo Niño de Atocha, que me conceda lo que pido en esta devoción, y espero que me lo harás, piadosísima Madre mía, valiéndome de los medios interpuestos juntos con los de tu intercesión, pues bien sabes Tú la necesidad con que te lo pido, y creo ciertamente alcanzar lo que pretendo y solicito, dándome antes o al concluir esta novena que le dedico a tu nombre, el deseo y feliz consuelo a mis trabajos y afanes. Así lo espero, confiado de esto, por aquellas tres necesidades que al pie de la Cruz tuviste viéndolo clavado en ella, y más por aquellos sentimientos y dulces expresiones con que le hablaste en su corazón cuando le tuviste en tus brazos en su descendimiento; y ruégale a tu querido Hijo el Santo Niño de Atocha, que por todos los méritos que le hago en cada día venga en mi amparo y me asista con su santísimo poder, pues Él es quien todo lo puede y de Él depende mi solicitud, para que después de concederme lo que pido, me dé una muerte feliz, para pasar a gozarle en tu compañía y repetirle sin cesar himnos de alabanzas junto con los coros angélicos que en el dichoso nacimiento le entonaron: Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad, por los siglos de los siglos. Amén.

Acto de Contrición, oración a la Santísima Madre, oraciones y jaculatorias propias de cada día y ofrecimientos finales: texto tradicional de dominio público de la novena al Santo Niño de Atocha, transcrito de fuentes devocionales (ya en trato de «tú»); se conserva el sentido y la estructura y se omiten las notas rubricales. Meditaciones: composición original de Rezo. Pendiente de revisión.

Reza la novena al Santo Niño de Atocha donde estés

En MiRezo tienes esta novena día por día, con recordatorios para no perder ninguno, todas las oraciones y el rosario guiado. Con o sin internet.

Muy pronto enApp StoreMuy pronto enGoogle Play

Disponible próximamente para iPhone y Android.