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Calendario de octubre

Calendario litúrgico

Santo del día, 11 de octubre: San Juan XXIII, papa

Memoria libre

25 de noviembre de 1881 – 3 de junio de 1963

Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.

Angelo Giuseppe Roncalli nació el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte, un pueblo campesino de la provincia de Bérgamo, en el norte de Italia. Fue el cuarto de trece hermanos, en una familia de aparceros pobres. Se ordenó sacerdote en Roma el 10 de agosto de 1904 y empezó su ministerio como secretario del obispo de Bérgamo y profesor de seminario.

Buena parte de su vida transcurrió lejos de casa, en el servicio diplomático de la Santa Sede: visitador y delegado apostólico en Bulgaria entre 1925 y 1934, delegado en Turquía y Grecia de 1934 a 1944 —años en los que ayudó a salvar a numerosos judíos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial— y nuncio en París desde 1944 hasta 1953. Ese año fue nombrado patriarca de Venecia y cardenal. Ya tenía 71 años y pensaba terminar allí sus días como pastor de una diócesis.

Muerto Pío XII, el cónclave lo eligió Papa el 28 de octubre de 1958 y tomó el nombre de Juan XXIII. Muchos esperaban un pontificado breve y tranquilo; en cambio convocó el Concilio Ecuménico Vaticano II, la reunión que renovó la vida de la Iglesia en el siglo XX. Escribió las encíclicas Mater et Magistra (1961), sobre la justicia social, y Pacem in Terris (1963), un llamado a la paz dirigido a todos los hombres de buena voluntad, en plena Guerra Fría. Su cercanía sencilla con la gente le ganó el sobrenombre de «el Papa bueno».

Murió en Roma el 3 de junio de 1963, cuando el Concilio apenas empezaba. San Juan Pablo II lo declaró beato el 3 de septiembre de 2000 y el papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, junto con san Juan Pablo II.

Oración a San Juan XXIII

Dios todopoderoso y eterno, que en el papa san Juan XXIII hiciste brillar ante el mundo el ejemplo del buen pastor, te rogamos que, por su intercesión, nos concedas poder difundir con alegría la plenitud de la caridad cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Santa María Soledad Torres Acosta, virgen y fundadora

Conmemoración

1826 – 11 de octubre de 1887

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

María Soledad Torres Acosta nació en Madrid en 1826, en una familia de comerciantes que le dio una educación cristiana firme. De joven quiso entrar con las hermanas vicentinas, pero su salud frágil se lo impidió. La vocación le llegó por otro camino: a los veinticinco años, un párroco de Madrid le pidió ayuda para atender a los enfermos que morían solos en sus casas, sin nadie que los cuidara ni les acercara los sacramentos.

El 15 de agosto de 1851, con seis compañeras, fundó las Siervas de María, Ministras de los Enfermos. La novedad de la congregación era sencilla y radical: las hermanas iban gratuitamente a la casa del enfermo, de día o de noche, y se quedaban a velarlo. Durante las epidemias de cólera que golpearon Europa en esos años, el trabajo de las hermanas creció mucho y su fama se extendió.

Su vida interna no fue fácil. Por malentendidos fue apartada injustamente del gobierno de la congregación, y aceptó la humillación sin defenderse. Cuando se aclaró todo y volvió a su puesto, el instituto floreció y llegó a extenderse por Europa y América. Murió en Madrid el 11 de octubre de 1887, a los 61 años. Fue beatificada por Pío XII el 5 de febrero de 1950 y canonizada por san Pablo VI el 25 de enero de 1970.

Invocada por los enfermos y por quienes los cuidan en casa.

Oración a Santa María Soledad Torres Acosta

Dios de misericordia, que llamaste a santa María Soledad Torres Acosta a velar junto a los enfermos abandonados, enséñanos a reconocerte en quien sufre. Danos su paciencia cuando fuimos tratados con injusticia y su ternura cuando alguien nos necesite de noche. Que nunca dejemos solo a nadie en su hora más difícil. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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