Calendario litúrgico
Santo del día, 16 de junio: San Juan Francisco Regis, presbítero
Conmemoración1597 – 1640
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Juan Francisco Regis nació el 31 de enero de 1597 en una pequeña aldea del Languedoc, en el sur de Francia, en una familia acomodada. Estudió con los jesuitas y a los diecinueve años pidió entrar en la Compañía de Jesús, atraído por su trabajo apostólico entre la gente sencilla. Fue ordenado sacerdote a los treinta y tres años. Podía haberse quedado enseñando en un colegio; pidió en cambio que lo enviaran a las misiones populares.
Los últimos nueve años de su vida los pasó recorriendo a pie las montañas del Vivarais y del Velay, regiones pobres y de caminos difíciles, muy marcadas por cuarenta años de enfrentamiento entre católicos y calvinistas. Su predicación era directa y sin adornos, y por eso llegaba. Confesaba durante horas, a veces días enteros. Se ocupó especialmente de los campesinos aislados, que casi nunca veían a un sacerdote, y de mujeres que vivían de la prostitución, a quienes buscaba salidas de trabajo honrado. Sus superiores tuvieron que frenarlo más de una vez para que descansara.
En diciembre de 1640, camino de una misión de Adviento, se perdió en la nieve y contrajo una pulmonía. Aun así predicó y confesó enfermo, hasta que se desplomó. Murió el 30 de diciembre de 1640 en La Louvesc, una aldea pobre de las montañas del Ardèche, donde está su sepulcro y adonde siguen llegando peregrinos. Fue beatificado el 18 de mayo de 1716 y canonizado el 16 de junio de 1737. Los jesuitas franceses lo tienen por patrono, y el papa Pío XII lo declaró patrono de los misioneros rurales.
Patrono de las misiones populares y de los misioneros rurales.
Oración a San Juan Francisco Regis
San Juan Francisco Regis, que caminaste montañas y nieve para llevar a Dios a los que nadie visitaba: enséñanos a no cansarnos de hacer el bien. Alcánzanos tu paciencia con los que están lejos de la fe y tu ternura con los que se sienten perdidos. Ayuda a los sacerdotes que hoy sirven en lugares pobres y olvidados. Y danos un corazón sencillo, que ame más y hable menos. Amén.
Santa Lutgarda de Aywières, virgen
Conmemoración1182 – 1246
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Lutgarda nació en 1182 en Tongres, en tierras de Brabante. Siendo muy joven entró en el convento benedictino de Santa Catalina y más tarde pasó al monasterio cisterciense de Aywières, donde vivió el resto de su vida.
Lo que la Iglesia recuerda de ella es sobre todo su vida interior. Meditando la Pasión de Cristo llegó a participar de ella de un modo sensible: sus biógrafos refieren que le brotaba sangre de la frente. Sentía como propios los dolores de los demás y pasaba largas horas en oración por los pecadores y por la paz de la Iglesia. Sus contemporáneos le atribuyeron el don de curar enfermos, el de profecía y una comprensión poco común de la Sagrada Escritura.
Once años antes de morir perdió la vista. Lejos de quejarse, tomó la ceguera como una gracia que la desprendía de lo visible para dejarla a solas con Dios. Murió en Aywières el 16 de junio de 1246, en la noche anterior al domingo de la Santísima Trinidad, mientras la comunidad rezaba el oficio nocturno. Su nombre está inscrito en el Martirologio Romano.
Oración a Santa Lutgarda de Aywières
Santa Lutgarda, que llevaste en tu cuerpo los dolores de Cristo y en tu corazón los dolores de tus hermanos: enséñanos a rezar por los demás como si nos doliera a nosotros. Tú aceptaste la ceguera sin amargura; ayúdanos a recibir lo que no elegimos. Acompaña a los enfermos y a quienes han perdido la vista. Que también nosotros aprendamos a ver con el corazón. Amén.
