Calendario litúrgico
Santo del día, 19 de febrero: Beato Álvaro de Córdoba
Conmemoraciónc. 1350 – 1430
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Álvaro nació en Zamora, en una familia noble, hacia mediados del siglo XIV. Entró en la Orden de Predicadores en 1368 y se hizo maestro en teología por la Universidad de Salamanca. Fue predicador conocido y llegó a ser confesor de la reina Catalina de Lancaster y de su hijo, el futuro rey Juan II de Castilla. Vivió de cerca la crisis del Cisma de Occidente y participó en el Concilio de Constanza en 1417.
Entre 1418 y 1420 viajó a Italia y a Tierra Santa. Aquel viaje le cambió la vida: quiso llevar a España la reforma de la Orden que había empezado el beato Raimundo de Capua, y quiso además que sus hermanos pudieran rezar la Pasión como si caminaran por Jerusalén.
En 1423 fundó, en la sierra de Córdoba, el convento de Escalaceli, Escala del Cielo. Allí levantó la observancia dominica en Castilla: silencio, pobreza, estudio y oración. El convento se volvió el centro de la reforma de la Orden en España y una escuela de espiritualidad reconocida. Hacia 1425 mandó construir en los alrededores unas capillas y estaciones que reproducían los lugares santos de Jerusalén. Es lo que se considera el primer Vía Crucis de Europa. De ahí arranca buena parte de la manera española de vivir la Semana Santa y la devoción al Vía Crucis que hoy reza toda la Iglesia.
Murió en Escalaceli el 19 de febrero de 1430 y allí se veneran sus restos. El papa Benedicto XIV aprobó su culto el 22 de septiembre de 1741. Desde entonces se le recuerda cada 19 de febrero.
Oración a Beato Álvaro de Córdoba
Beato Álvaro de Córdoba, tú quisiste que la Pasión de Cristo se pudiera caminar y nos enseñaste a rezar el Vía Crucis. Acompáñanos cuando recorramos las estaciones del Señor. Danos el amor a la oración y a la vida sencilla que sembraste en Escalaceli. Y que en nuestras propias cruces sepamos quedarnos cerca de Jesús. Amén.
San Conrado de Piacenza (Conrado Confalonieri)
Conmemoraciónc. 1290 – 1351
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Conrado Confalonieri nació hacia 1290 en Piacenza, en el norte de Italia, en una familia noble. Estaba casado con Eufrosina y era aficionado a la caza. Un día, persiguiendo una presa, mandó prender fuego a la maleza para hacerla salir. El fuego se le fue de las manos y arrasó campos y casas de los alrededores. Él y sus acompañantes se marcharon sin decir nada.
Las autoridades detuvieron a un pobre hombre que andaba por ahí y lo condenaron a muerte por el incendio. Conrado no aguantó el remordimiento: se presentó, se declaró culpable y salvó al inocente. Lo obligaron a pagar todos los daños, y para hacerlo vendió cuanto tenía. Quedaron en la ruina.
En lugar de hundirse, los dos leyeron aquello como una llamada. De común acuerdo se separaron: Eufrosina entró en el monasterio de las clarisas de Piacenza y Conrado profesó en la Tercera Orden Franciscana hacia 1315. Buscando soledad se fue a Sicilia. Hacia 1331 se instaló como ermitaño en la gruta de los Pizzoni, cerca de Noto, donde pasó el resto de su vida en oración y penitencia. Llegaban enfermos a buscarlo; se le atribuyeron muchas curaciones, en especial de hernias. Murió el 19 de febrero de 1351.
Su culto creció rápido en Sicilia. Hacia 1485 se habían documentado cuarenta y dos milagros por su intercesión. León X aprobó su culto en 1515 y Urbano VIII estableció su fiesta en 1625. Es copatrono de Noto junto con san Nicolás.
Patrono de la ciudad de Noto, en Sicilia, e invocado contra las hernias.
Oración a San Conrado de Piacenza (Conrado Confalonieri)
San Conrado de Piacenza, tú diste la cara cuando otro pagaba por tu culpa y lo perdiste todo por decir la verdad. Danos ese mismo valor cuando nos toque reconocer un error. Enséñanos a empezar de nuevo sin amargura. Y acompaña a los enfermos que se encomiendan a ti. Amén.
