Meditación de la mañana
Meditación guiada para comenzar el día
Rézala guiada en video
La meditación completa, rezada y guiada en voz tranquila, con el texto en pantalla. Dura menos de nueve minutos.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
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Antes de comenzar este día, antes de pensar en todo lo que tienes que hacer, regálate un momento para estar con Dios.
Haz silencio. Respira despacio. Siente el aire que entra, siente el aire que sale.
Ese aliento que acabas de tomar es un regalo. Reconoce algo sencillo, pero inmenso: estás aquí, y has comenzado un nuevo día.
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Señor, gracias por esta mañana.
Gracias por la vida, por el descanso de la noche, por el aire que respiro y por esta nueva oportunidad que hoy pones delante de mí.
Gracias por las personas que amo, por mi hogar, por el pan que habrá en mi mesa, por el trabajo, por las pequeñas cosas que tantas veces pasan desapercibidas.
Gracias también por aquello que todavía espero, porque Tú conoces mi corazón y sabes mejor que yo lo que necesito.
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Tu Palabra dice que tus misericordias se renuevan cada mañana. Por eso hoy quiero comenzar de nuevo.
Te entrego lo que pasó ayer:
Lo bueno, para agradecerlo.
Lo difícil, para aprender de ello.
Mis errores, para pedirte perdón.
Y aquello que ya no puedo cambiar, para dejarlo en tus manos.
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Este es el día que hizo el Señor. Quiero alegrarme y gozarme en él.
No porque todo vaya a salir perfecto. Sino porque Tú ya estás en él, esperándome en cada hora, en cada rostro, en cada tarea. Antes de que yo llegue a este día, Tú ya llegaste primero.
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Señor, te ofrezco este día entero y todo lo que viviré hoy.
Te ofrezco mi trabajo, mis planes y mis esfuerzos. Te ofrezco las conversaciones que voy a tener y las decisiones que voy a tomar. Te ofrezco también lo que no salga como espero, los imprevistos, las esperas, los pequeños fracasos. Todo te lo doy, porque en tus manos hasta lo torcido se endereza y hasta lo perdido encuentra su lugar.
Hazme instrumento de tu paz donde yo esté hoy. En mi casa, en mi trabajo, en la calle, en cada palabra que diga y en cada acción que realice.
Que en cada momento pueda recordar que Tú estás conmigo.
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Dame hoy un corazón agradecido, que sepa ver lo bueno aun en medio de lo difícil.
Dame paciencia para las personas que me cuesten, porque Tú también eres paciente conmigo.
Dame palabras amables, y dame también el silencio prudente cuando la palabra no ayude.
Dame ojos para ver a quien necesite una mano, y la generosidad para tendérsela sin pensarlo dos veces.
Y dame la humildad de pedir ayuda cuando la necesite yo, porque Tú también nos sostienes a través de los demás.
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Señor, Tú conoces lo que hoy ocupa mi corazón. Conoces esa preocupación que traigo desde que desperté. Conoces lo que me ilusiona y lo que me asusta. Conoces las fuerzas que tengo y las que me faltan.
Por eso hoy no salgo a enfrentar el día. Salgo a caminarlo contigo.
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Hoy no quiero que el miedo domine mi día. Tu Palabra me recuerda una y otra vez:
No temas, porque yo estoy contigo. No te angusties, porque yo soy tu Dios. Yo te sostengo con mi mano.
Ninguna dificultad de hoy es más fuerte que el Dios que me acompaña. Ningún problema de hoy es más grande que tu amor por mí.
Con fe, nunca camino a solas.
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Dame valor, Señor.
Valor para hacer lo que tengo que hacer, aunque me cueste. Valor para intentarlo otra vez donde ayer no pude. Valor para ser quien Tú me llamas a ser, sin compararme con nadie, porque Tú no haces personas repetidas.
Tú me conoces desde antes de nacer y no te has equivocado conmigo. Me hiciste a tu imagen. Me pensaste con amor. Hoy quiero vivir como quien sabe eso.
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Y cuando el día se ponga pesado, ayúdame a detenerme un momento y respirar.
Recuérdame que no tengo que poder con todo, porque Tú puedes con todo. Que no tengo que tener todas las respuestas, porque Tú eres el camino. Que si tropiezo, tu mano está más cerca que el suelo.
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Virgen María, madre mía, acompáñame hoy como acompañaste a Jesús.
Cúbreme con tu manto. Cuida a mi familia, a mis amigos, y también a las personas con las que me cruce hoy sin conocerlas. Enséñame a decir como tú: hágase en mí según tu palabra.
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Ángel de mi guarda, camina conmigo. Guíame en cada paso, cuídame en cada camino.
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Señor,
Salgo en paz, porque Tú vas conmigo. Salgo con esperanza, porque Tú ya bendijiste estas horas antes de que yo las viva. Salgo con alegría, porque hoy, otra vez, tengo la oportunidad de vivir, de amar y de empezar de nuevo.
Que todo lo que haga hoy sea para tu gloria. Que todo el que se cruce conmigo se lleve algo bueno. Y que esta noche, cuando vuelva a Ti, pueda darte gracias por un día bien vivido.
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Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Que tengas un día lleno de paz. Dios te acompaña.


