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Calendario de mayo

Calendario litúrgico

Santo del día, 20 de mayo: San Bernardino de Siena, presbítero

Memoria libre

1380 – 1444

Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.

Bernardino nació el 8 de septiembre de 1380 en la familia noble de los Albizzeschi, en tierras de Siena. Estudió derecho y se unió de joven a una cofradía dedicada a atender enfermos en el hospital de Santa María de la Scala. Cuando la peste golpeó Siena, hacia 1400, se hizo cargo del hospital con un grupo de muchachos y cuidó a los enfermos durante cuatro meses seguidos, hasta arruinar su propia salud.

En 1402 entró con los franciscanos y en 1404 fue ordenado sacerdote. Al principio predicaba mal, con voz débil. Con los años se convirtió en el mejor predicador de su siglo. Recorrió Italia a pie, de ciudad en ciudad, y reunía multitudes que las fuentes calculan en decenas de miles de personas. Hablaba claro, con ejemplos de la vida diaria, y atacaba de frente los pleitos entre familias, la usura y el juego.

Su marca fue la devoción al santo nombre de Jesús. Hizo pintar el monograma IHS sobre un sol resplandeciente y lo levantaba al terminar sus sermones, para que la gente cambiara por ese signo los emblemas de los bandos que la dividían. La novedad le costó acusaciones de herejía; el papa Martín V examinó el caso y lo declaró libre de culpa en 1432. Como vicario general de los franciscanos de la Observancia impulsó la reforma de la orden, que pasó de unos cientos de frailes a varios miles, y promovió el estudio de la teología entre ellos.

Rechazó tres veces el episcopado, en Siena, Ferrara y Urbino, diciendo que su diócesis era Italia entera. Murió predicando de camino, en Áquila, el 20 de mayo de 1444. El papa Nicolás V lo canonizó apenas seis años después, en 1450.

Patrono de los publicistas y de quienes trabajan en la comunicación; invocado por los predicadores.

Oración a San Bernardino de Siena

San Bernardino de Siena, predicador incansable, tú pusiste el nombre de Jesús en el centro de la plaza y del corazón. Enséñanos a hablar con claridad y sin herir, y a buscar la paz donde hay rencores viejos. Que el nombre de Jesús sea nuestro refugio en la tentación y nuestra alegría cada día. Amén.

Santa Lidia de Tiatira

Conmemoración

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Lidia era originaria de Tiatira, una ciudad de Asia Menor conocida por sus talleres de tintura, y vivía en Filipos, en Macedonia. Comerciaba con púrpura, un tinte carísimo reservado a la gente rica, de modo que era una mujer con negocio propio y con peso social. Su historia se cuenta en el capítulo 16 de los Hechos de los Apóstoles, escrito por san Lucas.

Pablo llegó a Filipos en su primer viaje a Europa. Un sábado salió con sus compañeros a la orilla del río, donde se reunían a orar unas mujeres, y allí habló con ellas. El texto sagrado dice que el Señor le abrió a Lidia el corazón para que aceptara lo que Pablo decía. Pidió el bautismo enseguida, para ella y para toda su casa, y después insistió hasta convencer a los apóstoles de alojarse con ella.

Esa casa se convirtió en el primer lugar de reunión de los cristianos en suelo europeo. Allí volvieron Pablo y Silas al salir de la cárcel, antes de seguir viaje, y allí se congregaba la comunidad naciente. Por eso se recuerda a Lidia como la primera persona bautizada en Europa y como una de las mujeres que sostuvieron con su casa y su trabajo el inicio de la Iglesia. El Martirologio Romano la conmemora el 20 de mayo.

Patrona de los tintoreros y de quienes trabajan en el comercio de telas.

Oración a Santa Lidia de Tiatira

Santa Lidia, comerciante de Filipos, tú escuchaste el Evangelio junto al río y abriste tu casa a los apóstoles. Enséñanos a recibir la Palabra con el corazón abierto y sin demoras. Haz que nuestro hogar sea lugar de acogida para quien lo necesite. Y bendice el trabajo con el que sostenemos a los nuestros. Amén.

Beata María Crescencia Pérez, religiosa

Memoria libre

1897 – 1932

Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.

María Angélica Pérez nació el 17 de agosto de 1897 en San Martín, provincia de Buenos Aires. Sus padres, Agustín Pérez y Ema Rodríguez, eran inmigrantes gallegos; ella fue la quinta de once hermanos. La familia se mudó después a Pergamino por la salud de la madre. El 31 de diciembre de 1915 entró en el noviciado de las Hijas de María Santísima del Huerto, las hermanas del Huerto, y en 1916 tomó el nombre de María Crescencia. Recibió el hábito en 1918, el mismo año en que murió su padre, e hizo la profesión perpetua el 12 de enero de 1924.

Trabajó primero como maestra de niños y después cuidando enfermos de tuberculosis en un sanatorio de Mar del Plata. En 1928, ya con la salud quebrada, sus superioras la enviaron a Vallenar, en el norte de Chile, donde la congregación atendía un hospital. Era una región pobre y golpeada por un terremoto reciente. Allí pasó sus últimos cuatro años atendiendo a los enfermos del hospital. Los que la conocieron destacaban su humildad y su dulzura más que cualquier obra grande: hacía lo pequeño con una constancia que la gente notaba.

Murió en Vallenar el 20 de mayo de 1932, a los 34 años, de la tuberculosis que había contraído cuidando a sus pacientes. Su fama de santidad creció en Chile y en la Argentina; cuando exhumaron su cuerpo en 1966 lo encontraron incorrupto. El proceso diocesano se abrió en 1986 en la diócesis de San Nicolás de los Arroyos, Juan Pablo II reconoció sus virtudes heroicas en 2004 y fue beatificada el 17 de noviembre de 2012 en Pergamino, ante una multitud, por el cardenal Angelo Amato, enviado del papa Benedicto XVI. El milagro aprobado fue la curación de una joven con hepatitis aguda y diabetes juvenil.

Invocada por los enfermos y por quienes cuidan a enfermos.

Oración a Beata María Crescencia Pérez

Dios y Padre nuestro, que por tu amor a los pequeños y a los pobres has guiado a la beata María Crescencia, virgen, por el camino de la humildad y la sencillez, por su intercesión concede también a nosotros servir a nuestros hermanos más necesitados con la dulzura de la caridad y la fuerza de la bondad. Por nuestro Señor Jesucristo.

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