Calendario litúrgico
Santo del día, 24 de febrero: San Sergio de Cesarea de Capadocia, mártir
Conmemoración† 24 de febrero de 304
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
De san Sergio de Cesarea se sabe poco con certeza, y conviene decirlo desde el principio: su historia se conoce por una sola «pasión» latina tardía, y las fuentes hagiográficas griegas y bizantinas ni siquiera lo mencionan. Lo que sigue es tradición piadosa, no crónica documentada.
Según ese relato, Sergio era magistrado romano en Cesarea de Capadocia, en el centro de la actual Turquía. Ya mayor, dejó la toga y el cargo público y se retiró a vivir como ermitaño en las afueras de la ciudad. Corría el año 304, en plena persecución de Diocleciano. El gobernador de la región, llamado Sapricio, convocó a todos los cristianos de la ciudad ante el templo de Júpiter para obligarlos a participar en los sacrificios. Sergio no había sido llamado, pero salió de su retiro y se presentó entre ellos a rezar.
Cuenta la pasión que los fuegos preparados para los sacrificios se apagaron. Las autoridades culparon a los cristianos. Sergio dio un paso al frente y explicó en voz alta que aquello no era brujería, sino señal de que los ídolos no tenían poder alguno frente al único Dios verdadero, el que adoran los cristianos. Lo arrestaron en el acto. El juicio fue sumario y la sentencia inmediata: murió decapitado el 24 de febrero del año 304. Unos cristianos recogieron su cuerpo y lo sepultaron en la casa de una mujer piadosa. Con el tiempo sus reliquias fueron llevadas a España, a Úbeda, en Andalucía, donde se le dio culto. El 24 de febrero es el día de su memoria.
Oración a San Sergio de Cesarea de Capadocia
San Sergio, tú dejaste un cargo y una toga para buscar a Dios en el silencio, y saliste de tu retiro cuando había que dar la cara. Danos ese valor sencillo: hablar cuando toca y callar cuando toca. Sostén a los cristianos que hoy son perseguidos por su fe. Y enséñanos a no temer más a los hombres que a Dios. Amén.
Beato Tomás María Fusco, presbítero
Conmemoración1 de diciembre de 1831 – 24 de febrero de 1891
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Tomás María Fusco nació el 1 de diciembre de 1831 en Pagani, cerca de Salerno, en el sur de Italia. Era el séptimo de ocho hermanos, hijo de un farmacéutico. La infancia le fue dura: perdió a su madre en la epidemia de cólera de 1837 y a su padre en 1841. Lo crió un tío paterno, sacerdote. Entró en el seminario diocesano y fue ordenado presbítero el 22 de diciembre de 1855.
Su ministerio fue de camino y de púlpito. Predicó misiones populares y ejercicios espirituales por todo el sur de Italia. En 1862 abrió una escuela de teología moral para preparar confesores, convencido de que un mal confesor hace más daño que uno ausente, y ese mismo año fundó la Compañía del Apostolado Católico para sostener las misiones populares; Pío IX la aprobó en 1874.
El 6 de enero de 1873, después de conocer el caso de una niña huérfana abandonada, fundó las Hijas de la Caridad de la Preciosísima Sangre. Empezaron con un orfanato para siete niñas pobres, bendecido por el obispo Raffaele Ammirante. No le faltaron enemigos. En 1880 un sacerdote lo calumnió gravemente y pasó años bajo sospecha; perdonó a sus acusadores y siguió trabajando. Murió en Pagani el 24 de febrero de 1891, a los cincuenta y nueve años, de una enfermedad del hígado. Juan Pablo II lo beatificó el 7 de octubre de 2001 en la plaza de San Pedro y recordó que una de sus oraciones preferidas era muy breve: «Creo en ti, Dios mío; aumenta mi fe».
Oración a Beato Tomás María Fusco
Beato Tomás María Fusco, tú repetías: «Creo en ti, Dios mío; aumenta mi fe». Enséñanos a rezar así cuando la fe se nos queda corta. Alcánzanos tu paciencia para perdonar a quien nos difama y seguir trabajando sin amargura. Cuida a los niños que hoy están solos, como aquella niña que te movió a fundar tu obra. Amén.
