Calendario litúrgico
25 de marzo: La Anunciación del Señor
SolemnidadEs una solemnidad, la celebración de mayor rango en la Iglesia, dedicada al Señor, a la Virgen María o a un santo de especial importancia.
La Anunciación no celebra a un santo sino un momento: el día en que el ángel Gabriel entró donde estaba María, en Nazaret, y le anunció que iba a ser la madre del Hijo de Dios. El relato está en el evangelio de san Lucas, capítulo 1, versículos 26 al 38. Gabriel le explica que el Espíritu Santo descenderá sobre ella y que el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra. María pregunta, entiende y responde que sí.
La Iglesia fijó esta fiesta el 25 de marzo, nueve meses justos antes de la Navidad. La cuenta es sencilla y muy antigua: si el Hijo de Dios nació el 25 de diciembre, fue concebido el 25 de marzo. Por eso la celebración se llamó también Fiesta de la Encarnación o Concepción de Cristo.
Es una fiesta muy antigua. Aparece ya en el Sacramentario Gelasiano y tanto el X Concilio de Toledo, en el año 656, como el Concilio Trulano, en el 692, hablan de ella como de una celebración conocida en toda la Iglesia. Hoy tiene el rango más alto: es solemnidad, tanto en el Calendario Romano General como en los calendarios de América Latina. Y aunque toda la atención está puesta en María, es una solemnidad del Señor: lo que se celebra es que el Verbo se hizo carne.
Como cae en plena Cuaresma, a veces choca con la Semana Santa. La norma es clara: cuando el 25 de marzo cae en Semana Santa o en la octava de Pascua, la solemnidad se traslada al lunes siguiente al II Domingo de Pascua. Así ocurrió, por ejemplo, en 2016, cuando se celebró el 4 de abril.
Oración
Dios todopoderoso, has querido que tu Verbo se encarnara en el seno de la Virgen María; a quienes confesamos a nuestro Redentor como verdadero Dios y verdadero hombre concédenos participar también de su naturaleza divina. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
San Dimas, el buen ladrón
Conmemoración† c. 33
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
De san Dimas la Biblia cuenta una escena y nada más. San Lucas, en el capítulo 23, dice que Jesús fue crucificado entre dos malhechores. Uno lo insultaba. El otro lo defendió: reconoció que ellos dos sí merecían la condena y que aquel hombre no había hecho nada malo. Y le pidió: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le respondió: «Hoy estarás conmigo en el paraíso».
Hay que decirlo con claridad: el nombre Dimas no aparece en los evangelios. Viene de escritos apócrifos, sobre todo de las Actas de Pilato, también llamadas Evangelio de Nicodemo. Otros textos antiguos lo llaman Tito o Rakh. Tampoco sabemos nada seguro de su vida; solo que fue ejecutado por delitos graves, probablemente robo. Todo lo demás que se cuenta de él pertenece a la leyenda medieval, no a la historia.
Lo que sí es firme es la palabra de Jesús. La Iglesia lo venera sin que haya existido nunca un proceso de canonización: fue el propio Cristo quien le aseguró el cielo desde la cruz. Por eso se le llama a veces el primer santo.
El Martirologio Romano lo recuerda el 25 de marzo con la memoria del buen ladrón que confesó a Cristo en la cruz y mereció escuchar aquella promesa. Las Iglesias orientales lo celebran el 23 de marzo. La devoción popular lo hizo protector de los presos y de las cárceles, de los que agonizan, especialmente de quienes se convierten a última hora, y de quienes buscan perdón.
Patrono de los presos y de los condenados a muerte; invocado por los moribundos.
Oración a San Dimas
Jesús, tú perdonaste al ladrón que colgaba a tu lado y le abriste el paraíso el mismo día. Acuérdate de mí también cuando llegues a tu Reino. Dame la humildad de reconocer mis culpas sin excusas. Sostén a los que están presos y a los que mueren solos. Que nadie se crea demasiado tarde para tu misericordia. Amén.
