Calendario litúrgico
Santo del día, 27 de marzo: San Ruperto de Salzburgo, obispo
Conmemoración† c. 716
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Ruperto era un noble franco, emparentado según la tradición con las grandes familias de la Galia merovingia. A fines del siglo VII gobernaba como obispo de Worms, a orillas del Rin. Su nombre habría quedado en las listas episcopales si el duque Teodón II de Baviera no lo hubiera invitado a predicar en sus tierras, todavía cristianas solo a medias.
Ruperto llegó a Ratisbona hacia el año 696 con un pequeño grupo de compañeros, entre ellos Vital, Cunialdo y Gisilario, venerados después como santos. Bautizó al duque y a buena parte de su corte, y por eso se lo llama Apóstol de los bávaros. Desde allí recorrió el Danubio fundando iglesias en Ratisbona, Altötting y Lorch, y bautizando en aldeas donde nunca se había predicado.
El duque le entregó las ruinas de Juvavum, una ciudad romana abandonada. Ruperto la levantó de nuevo: construyó una iglesia y un monasterio dedicados a san Pedro, abrió una escuela y volvió a explotar las minas de sal de la zona, que dieron a la ciudad su nombre definitivo, Salzburgo, la ciudad de la sal. Trajo desde su tierra a Erentrudis, hermana o sobrina suya, que fue la primera abadesa del convento de Nonnberg. No separó nunca el anuncio del Evangelio del trabajo concreto que da de comer a la gente. Murió un 27 de marzo, hacia el año 716. En 774 san Virgilio trasladó sus reliquias a Salzburgo con motivo de la consagración de la nueva catedral, y desde entonces es patrono de la ciudad junto con el propio Virgilio. Su culto es anterior a los procesos modernos de canonización. Los mineros de la sal lo siguen invocando.
Patrono de Salzburgo y de los trabajadores de las minas de sal.
Oración a San Ruperto de Salzburgo
Señor, tú que llamaste a san Ruperto a dejar su sede tranquila para anunciarte entre gente que no te conocía, danos su valentía serena. Que sepamos levantar lo que está en ruinas y trabajar por el pan de los demás sin olvidar tu Palabra. Que él interceda por los que trabajan bajo tierra y por los que se sienten lejos de casa. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
San Juan de Egipto (Juan de Licópolis), ermitaño
Conmemoraciónc. 305 – c. 395
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Juan nació hacia el año 305 en Licópolis, en la Tebaida egipcia, donde hoy está la ciudad de Asiut. De joven aprendió el oficio de carpintero. A los veinticinco años dejó todo y se puso bajo la dirección de un anciano anacoreta que durante diez o doce años lo ejercitó en la obediencia con encargos duros y a veces absurdos, hasta enseñarle a no discutir la voluntad de Dios.
Muerto su maestro, Juan se retiró a un cerro y excavó en la roca tres celdas contiguas: una para dormir, otra para trabajar y recibir, y otra solo para rezar. Tapió las entradas y dejó únicamente una ventana pequeña. Por ahí hablaba con los que venían a consultarlo. De lunes a viernes no atendía a nadie: era su tiempo con Dios. Sábados y domingos recibía visitas. Ayunaba hasta la puesta del sol y comía solo frutos secos y verduras; así vivió unos cincuenta años, de los cuarenta a los noventa.
Su fama se extendió por todo el imperio. Palladio lo visitó y dejó constancia; Casiano, san Jerónimo y san Agustín hablaron de él. Se le atribuye haber anunciado al emperador Teodosio sus victorias sobre Máximo y sobre Eugenio, advirtiéndole que esta última costaría mucha sangre y que él mismo moriría poco después. El Martirologio Romano lo recuerda sobre todo por eso: entre muchas virtudes, se distinguió por su espíritu profético. A los noventa años, avisado por Dios de que su hora llegaba, cerró la ventana tres días y murió de rodillas, rezando, hacia el año 395. Salvo san Antonio, ningún ermitaño del desierto alcanzó tanto renombre.
Oración a San Juan de Egipto (Juan de Licópolis)
Dios de silencio, tú que hablaste al corazón de san Juan de Egipto en la soledad del desierto, enséñanos a callar para escucharte. Líbranos de la prisa que nos impide rezar. Que su intercesión nos alcance un corazón sencillo y la paz de saber que tú diriges nuestra vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
