Calendario litúrgico
6 de enero: Epifanía del Señor
SolemnidadEs una solemnidad, la celebración de mayor rango en la Iglesia, dedicada al Señor, a la Virgen María o a un santo de especial importancia.
La Epifanía no celebra a un santo, sino al mismo Señor Jesús. La palabra griega "epifanía" significa "manifestación": Dios se muestra al mundo. La Iglesia recuerda este día la visita de los magos que llegaron de Oriente a Belén, guiados por una estrella, para adorar al Niño y ofrecerle oro, incienso y mirra. En ellos la tradición ve a los pueblos no judíos, es decir, a todas las naciones de la tierra, que empiezan a reconocer a Cristo. Por eso se dice que la Epifanía es la fiesta de la manifestación de Jesús a los gentiles. La tradición antigua, que el Oriente cristiano conserva, unía en esta fecha tres manifestaciones: la adoración de los magos, el bautismo de Jesús en el Jordán y el primer milagro en las bodas de Caná, cuando convirtió el agua en vino.
En la liturgia romana actual, el 6 de enero se centra en los magos, y el bautismo del Señor se celebra el domingo siguiente. Es una de las fiestas más antiguas del calendario cristiano, anterior incluso a la Navidad del 25 de diciembre en algunas regiones. En muchos países de América Latina este día se vive como el Día de los Reyes Magos, con la bendición de los hogares, la rosca de reyes y los regalos a los niños, gestos que recuerdan los dones ofrecidos al Niño Dios. La solemnidad invita a hacer el mismo camino de los magos: buscar a Jesús, encontrarlo, adorarlo y volver a la vida diaria por un camino nuevo.
Oración
Oh, Dios, que revelaste en este día tu Unigénito a los pueblos gentiles por medio de una estrella, concédenos con bondad, a los que ya te conocemos por la fe, poder contemplar la hermosura infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Santa Rafaela María del Sagrado Corazón (Rafaela María Porras y Ayllón)
Conmemoración1850 – 1925
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Rafaela María Porras y Ayllón nació el 1 de marzo de 1850 en Pedro Abad, un pueblo cercano a Córdoba, España, en una familia acomodada. Quedó huérfana joven y, junto con su hermana Dolores, decidió entregar su vida a Dios. Después de un camino lleno de obstáculos, fundó en Madrid, en 1877, la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, dedicada a la adoración eucarística y a la educación. La Santa Sede aprobó oficialmente el instituto en 1887. Lo más admirable de su vida vino después.
En 1893, cuando tenía 43 años, la incomprensión de algunas de sus propias hermanas la llevó a renunciar al gobierno de la congregación que ella misma había fundado. Vivió sus últimos 32 años en Roma como una religiosa más, sin ningún cargo, apartada y en silencio. Nunca se quejó ni habló mal de nadie. Aceptó esa larga humillación con paz, convencida de que Dios escribía derecho sobre sus renglones torcidos. Solía decir que había que abrazar la voluntad de Dios tal como llega, no como uno la imagina.
Murió en Roma el 6 de enero de 1925, fiesta de la Epifanía. El tiempo le dio la razón: su congregación la reconoció de nuevo como madre y fundadora, y hoy las Esclavas del Sagrado Corazón sirven en muchos países, incluida América Latina. Fue beatificada por Pío XII el 18 de mayo de 1952 y canonizada por Pablo VI el 23 de enero de 1977. Su vida muestra que la santidad también se teje en el fracaso aparente y en la fidelidad callada de cada día.
Oración a Santa Rafaela María del Sagrado Corazón (Rafaela María Porras y Ayllón)
Santa Rafaela María, tú que fundaste una familia religiosa para adorar al Corazón de Jesús y aceptaste con paz el silencio y la humillación, enséñanos a confiar cuando no entendemos los caminos de Dios. Ayúdanos a perdonar sin guardar rencor y a servir sin buscar reconocimiento. Pide al Señor por nosotros la humildad y la paz del corazón. Amén.
San Andrés Bessette (hermano Andrés)
Conmemoración1845 – 1937
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Alfred Bessette nació el 9 de agosto de 1845 cerca de Montreal, Canadá, en una familia francocanadiense muy pobre. Quedó huérfano de niño, casi no pudo estudiar y arrastró toda la vida una salud frágil. A los 25 años pidió entrar en la Congregación de Santa Cruz; al principio lo rechazaron por enfermizo, pero al final fue admitido y tomó el nombre de hermano Andrés. Le encargaron el oficio más humilde: portero del colegio Notre-Dame de Montreal. Él mismo bromeaba después: "Cuando entré en la comunidad, mis superiores me mostraron la puerta, y me quedé cuarenta años".
En esa portería recibía a enfermos, pobres y afligidos, los escuchaba y les recomendaba rezar a san José, a quien tenía una devoción enorme. Se le atribuyeron tantas curaciones que la gente empezó a llamarlo "el taumaturgo de Montreal", aunque él siempre repetía que era san José quien obraba, no él. Con las limosnas que fue juntando de a poco impulsó la construcción del Oratorio de San José en el Monte Real, hoy uno de los santuarios más visitados de América. Aconsejaba: "No pidan que se les quiten las pruebas; pidan la gracia de llevarlas bien".
Murió el 6 de enero de 1937, a los 91 años, y se calcula que un millón de personas desfiló ante su féretro. Fue beatificado por Juan Pablo II el 23 de mayo de 1982 y canonizado por Benedicto XVI el 17 de octubre de 2010, el primer santo varón nacido en Canadá. Su vida entera cabe en una frase del Papa en su canonización: para él, todo hablaba de Dios.
Oración a San Andrés Bessette (hermano Andrés)
San Andrés Bessette, portero humilde y amigo de san José, tú que recibiste a cada persona como a Cristo mismo, enséñanos a servir con sencillez y a confiar en Dios en la enfermedad y la prueba. Alcánzanos la gracia de llevar nuestras cargas con fe y de acudir siempre a san José como tú lo hiciste. Amén.
