Calendario litúrgico
Santo del día, 9 de febrero: San Miguel Febres Cordero, religioso
Memoria1854 – 1910
Es una memoria, la celebración habitual del santo en el día que le corresponde dentro del calendario de la Iglesia.
Francisco Febres Cordero y Muñoz nació el 7 de noviembre de 1854 en Cuenca, Ecuador. Nació con los pies deformados y no pudo caminar hasta los cinco años; su familia contaba que sanó tras una visión de la Virgen en el jardín de su casa. A los catorce años, venciendo la oposición familiar, entró en los Hermanos de las Escuelas Cristianas, los hermanos de La Salle, y tomó el nombre de Hermano Miguel. Fue el primer ecuatoriano en ingresar a esa congregación.
Pasó casi cuarenta años como maestro en Quito, sobre todo en la escuela de El Cebollar, dedicado a los niños pobres y a preparar con esmero a cientos de ellos para la primera comunión. Sin formación universitaria formal, se volvió un estudioso admirable: dominaba cinco lenguas, escribió más de un centenar de obras, entre ellas textos de gramática con los que aprendieron generaciones de ecuatorianos, y fue admitido en la Academia Ecuatoriana de la Lengua y en academias de Venezuela y Francia. Su ciencia nunca opacó su humildad ni su alegría, sostenidas por una profunda devoción al Sagrado Corazón y a la Virgen.
En 1907 fue enviado a Europa a preparar publicaciones didácticas para su congregación. Su salud, siempre frágil, se quebró: murió de neumonía el 9 de febrero de 1910 en Premià de Mar, cerca de Barcelona. Sus restos volvieron a Ecuador en 1936 en medio del fervor popular. Pablo VI lo beatificó en 1977 y Juan Pablo II lo canonizó el 21 de octubre de 1984: fue el primer varón ecuatoriano elevado a los altares, y su tumba es hasta hoy lugar de peregrinación.
Oración a San Miguel Febres Cordero
San Miguel Febres Cordero, maestro humilde y sabio, que viste el rostro de Cristo en cada niño de tu aula, intercede por nosotros. Bendice a los maestros y catequistas, para que enseñen con paciencia y amor. Alcánzanos tu sencillez de corazón, tu amor a la Virgen y tu alegría en el servicio, para que también nuestra vida diaria dé gloria a Dios. Amén.
Santa Apolonia de Alejandría, virgen y mártir
Conmemoración† 249
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Apolonia fue una cristiana de Alejandría, en Egipto, martirizada en el año 249. A diferencia de tantos mártires antiguos cuya historia se perdió entre leyendas, la suya nos llegó por un testigo excepcional: san Dionisio, obispo de Alejandría en aquellos años, la contó en una carta a Fabio, obispo de Antioquía, que el historiador Eusebio conservó. Durante un violento levantamiento popular contra los cristianos de la ciudad, la turba apresó a Apolonia, una virgen ya entrada en años, y a golpes le rompió todos los dientes. Después encendieron una hoguera fuera de la ciudad y la amenazaron con quemarla viva si no repetía sus palabras impías. Apolonia pidió un momento y, antes de que pudieran obligarla a renegar de Cristo, se lanzó ella misma al fuego.
Su gesto impresionó tanto que san Agustín lo comentó siglos después en La ciudad de Dios: entendió que no fue un suicidio sino un impulso del Espíritu en una mujer decidida a no traicionar a su Señor. Desde la Edad Media los fieles la invocan contra los dolores de muelas, por el tormento que sufrió en su boca, y por eso es patrona de los dentistas y odontólogos; en varios países, como México, el Día del Odontólogo se celebra el 9 de febrero, su fiesta. El arte la representa joven, con la palma del martirio y unas tenazas que sujetan un diente. Su memoria consta en el Martirologio Romano el 9 de febrero.
Patrona de los dentistas y de quienes sufren dolencias dentales
Oración a Santa Apolonia de Alejandría
Santa Apolonia, virgen valiente de Alejandría, que preferiste el fuego antes que negar a Cristo, intercede por nosotros. Alivia a quienes sufren dolores en su cuerpo, especialmente los males de la boca y los dientes, y acompaña con tu patrocinio a los dentistas y a quienes cuidan la salud de los demás. Alcánzanos de Dios una fe tan firme como la tuya, que no se quiebre ante ningún tormento. Amén.
