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Salmo 37

No envidies a los malignos: el salmo de la paciencia

¿Por qué a los que hacen mal les va bien? El Salmo 37 responde a esa pregunta de siempre con un consejo repetido verso a verso: no te enojes, no envidies, confía. Lo que hoy parece triunfar «como heno se ha de secar muy pronto»; lo que permanece es otra cosa.

Es el salmo de la paciencia y del largo plazo: «Expón al Señor tu situación, y confía en él; y él obrará». De aquí viene la bienaventuranza que Jesús recogió en el Evangelio, «los mansos heredarán la tierra», y la serena memoria del que ya vivió mucho: «Joven fui, y ya soy viejo; mas nunca he visto desamparado al justo».

En la numeración de la Vulgata, que siguen muchos devocionarios católicos, este salmo aparece como Salmo 36.

1. No envidies la prosperidad de los malignos, ni tengas celos de los que obran la iniquidad;

2. porque como heno se han de secar muy pronto, y como la tierna hierbecilla luego se marchitarán.

3. Pon tu esperanza en el Señor, y haz obras buenas, y habitarás en la tierra, y gozarás de sus riquezas.

4. Cifra tus delicias en el Señor, y te otorgará cuanto desea tu corazón.

5. Expón al Señor tu situación, y confía en él; y él obrará.

6. Y hará brillar tu justicia como la luz y el derecho de tu causa como el sol de medio día.

7. Sé, pues, obediente al Señor, y preséntale tus súplicas. No tengas envidia del que hace fortuna en su carrera, del hombre que comete injusticias.

8. Reprime la ira, y depón el furor, no quieras ser émulo en hacer mal.

9. Pues los que obran mal, serán exterminados; mas los que esperan en el Señor, ésos heredarán la tierra.

10. Ten un poco de paciencia, y verás que ya no existe el pecador; y buscarás el lugar en que estaba, y no le hallarás.

11. Pero los mansos heredarán la tierra, y gozarán de muchísima paz o prosperidad.

12. Acechará el pecador al justo, y rechinará contra él sus dientes.

13. Pero el Señor se reirá de él como quien está previendo que le llegará su día.

14. Desenvainaron la espada los pecadores; entesaron su arco para derribar al pobre y al desvalido, para asesinar a los hombres de bien.

15. Pero su misma espada traspasará sus propios corazones, y será su arco hecho pedazos.

16. Más sirve al justo una medianía, que las muchas riquezas al pecador.

17. Porque los brazos de los pecadores serán quebrantados; al paso que el Señor sostiene a los justos.

18. Contados tiene el Señor los días de los que viven sin mancilla; y la herencia de éstos será eterna.

19. No serán confundidos en el tiempo calamitoso; en los días de hambre serán saciados.

20. Porque perecerán los pecadores; y los enemigos del Señor no bien serán ensalzados a puestos honoríficos, cuando sean abatidos y se desvanezcan como el humo.

21. Tomará prestado el pecador, y no pagará; pero el justo es compasivo, y dará al necesitado.

22. Por tanto aquellos que bendicen al Señor heredarán la tierra; mas los que blasfeman, perecerán.

23. El Señor dirigirá los pasos del hombre justo, y aprobará sus caminos.

24. Si cayere, no se lastimará; pues el Señor pone su mano por debajo.

25. Joven fui, y ya soy viejo; mas nunca he visto desamparado al justo, ni a sus hijos mendigando el pan.

26. Pasa el día ejercitando la misericordia, y dando prestado; y bendita será su descendencia.

27. Huye, pues, del mal, y haz bien; y vivirás por los siglos de los siglos.

28. Porque el Señor ama lo justo, y no desampara a sus santos; eternamente serán protegidos. Los injustos serán castigados; y perecerá la raza de los impíos.

29. Pero los justos heredarán la tierra, y la habitarán perpetuamente.

30. La boca del justo derramará sabiduría, y su lengua hablará juiciosamente.

31. La ley de su Dios la tiene en medio del corazón, y andará con firmes pasos.

32. Anda el pecador acechando al justo, y busca cómo podrá quitarle la vida.

33. Mas el Señor no le abandonará en sus manos, ni le condenará cuando sea juzgado.

34. Espera en el Señor, y observa su ley; y te ensalzará para que entres a heredar la tierra; cuando hayan perecido los pecadores, lo verás.

35. Vi yo al impío sumamente ensalzado, y empinado como los cedros del Líbano.

36. Pasé de allí a poco, y he aquí que no existía ya; le busqué, mas ni rastro alguno de él pude hallar.

37. Conserva, pues, tú la inocencia, y atiende a la justicia; porque el hombre pacífico deja de sí memoria,

38. mas los injustos perecerán todos; cuanto quede de los impíos será destruido.

39. La salvación de los justos viene del Señor; y él es su protector en el tiempo de la tribulación.

40. El Señor los ayudará, y los librará, y los sacará de las manos de los pecadores, y los salvará, porque pusieron en él su confianza.

Traducción de Félix Torres Amat (dominio público).

Preguntas frecuentes

¿Para qué se reza el Salmo 37?

Para pedir paciencia y confianza cuando la injusticia parece salirse con la suya: en un conflicto laboral o familiar, ante un agravio, o cuando cansa ver prosperar a quien obra mal. Su consejo central es «expón al Señor tu situación, y confía en él; y él obrará».

¿El Salmo 37 y el Salmo 36 son el mismo?

Sí. En la numeración de la Vulgata latina, la que siguen muchos devocionarios y libros litúrgicos católicos, este salmo aparece como Salmo 36. En la numeración hebrea, que usan la mayoría de las Biblias actuales, es el Salmo 37. El texto es el mismo.

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