Calendario litúrgico
Santo del día, 1 de abril: San Hugo de Grenoble, obispo
Conmemoraciónc. 1052 – 1132
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Hugo nació hacia 1052 en el sureste de Francia, en el Delfinado, en una familia acomodada. Siendo todavía joven fue nombrado canónigo de la catedral de Valence. Allí lo conoció el legado del papa, que quedó impresionado con él. En 1080, cuando tenía unos veintisiete años y ni siquiera era sacerdote todavía, fue elegido obispo de Grenoble. Recibió la ordenación sacerdotal y la consagración episcopal poco después.
Le tocó una diócesis en ruinas: cargos comprados y vendidos, clero sin formación, bienes de la Iglesia en manos de señores laicos. Hugo se puso del lado de la reforma que impulsaba el papa Gregorio VII. Combatió la simonía, apartó a los clérigos indignos, insistió en la enseñanza y recorrió las parroquias a pie. Vendió su carruaje, sus caballos y sus mulas para repartir el dinero entre los pobres. Dos años después de su elección quiso dejarlo todo y hacerse monje; Gregorio VII se lo prohibió y lo devolvió a su diócesis. Volvió a pedir la renuncia varias veces a lo largo de su vida, siempre sin éxito.
En 1084 llegó a Grenoble Bruno de Colonia, que había sido su maestro, con seis compañeros que buscaban un lugar solitario para vivir. Hugo los recibió y les cedió el macizo de la Cartuja, en la montaña. Allí nació la Gran Cartuja y con ella la orden de los cartujos. Hugo siguió siendo su amigo y protector. Gobernó Grenoble durante unos cincuenta y dos años. Ya anciano y enfermo pidió al papa Honorio II que lo relevara, y este se negó. Murió el 1 de abril de 1132, cerca de los ochenta años. El papa Inocencio II lo canonizó en Pisa el 22 de abril de 1134, apenas dos años después de su muerte.
Oración a San Hugo de Grenoble
Señor, tú llamaste a san Hugo a servirte como pastor cuando él solo quería el silencio y la oración. Dale a tu Iglesia obispos así: pobres de corazón, firmes con lo injusto y suaves con la gente. Enséñanos a nosotros a no huir del lugar donde nos pusiste. Y concédenos, por su intercesión, la paz que él buscó toda su vida. Amén.
Santa María Egipcíaca, penitente
Conmemoraciónc. 344 – c. 421
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Lo que sabemos de María Egipcíaca viene de un solo relato antiguo, atribuido tradicionalmente a san Sofronio, patriarca de Jerusalén en el siglo VII. Los estudiosos discuten quién lo escribió y cuánto hay de historia y cuánto de leyenda edificante. Conviene decirlo con claridad: su vida se transmitió como relato espiritual, no como crónica documentada.
Según ese relato, María era egipcia. A los doce años se fue de su casa a Alejandría y vivió allí muchos años vendiendo su cuerpo. Un día se embarcó con un grupo de peregrinos que iba a Jerusalén para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Al llegar, quiso entrar en la iglesia del Santo Sepulcro y no pudo: una fuerza la detenía en la puerta. Entendió lo que estaba pasando. Rezó ante una imagen de la Virgen, prometió cambiar de vida y entonces sí pudo entrar y adorar la Cruz.
Salió de la ciudad, cruzó el Jordán y se quedó en el desierto. Allí vivió décadas sola, comiendo lo que encontraba. El relato dice que un monje llamado Zósimo la encontró ya muy anciana durante una Cuaresma, que volvió al año siguiente para darle la comunión un Jueves Santo, y que al regresar la halló muerta. El Martirologio Romano la recuerda el 1 de abril como eremita y penitente. La Iglesia la venera sobre todo como signo de que ninguna vida está perdida: la conversión es posible a cualquier edad y desde cualquier punto.
Oración a Santa María Egipcíaca
Señor Jesús, tú no despreciaste a nadie que se acercara a ti con vergüenza. Por la intercesión de santa María Egipcíaca, dame el valor de mirar mi vida de frente y de volver a ti sin excusas. Recuérdame que tu misericordia es más grande que mi historia. Sostenme cuando el cambio se haga largo. Amén.
