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Calendario de marzo

Calendario litúrgico

Santo del día, 31 de marzo: San Amós, profeta

Conmemoración

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Amós no era sacerdote ni hijo de profeta. Era pastor en Tecoa, un pueblo de Judá al borde del desierto, y cuidaba higueras silvestres, los sicómoros. Vivió en el siglo VIII antes de Cristo y Dios lo sacó de su trabajo para mandarlo al reino del norte, Israel, durante el largo reinado de Jeroboán II, entre los años 783 y 743.

Eran años buenos, o eso parecía. Israel había ganado territorios, había paz y había dinero. Pero la riqueza se concentraba en pocas manos, los tribunales se compraban y los pobres eran vendidos por un par de sandalias. Mientras tanto, el santuario de Betel estaba lleno de gente que ofrecía sacrificios. Amós fue a decir en voz alta lo que nadie quería oír: que a Dios no le sirven las fiestas religiosas de quienes aplastan al necesitado. Que fluya como agua el derecho, dijo, y la justicia como arroyo perenne. Habló con el lenguaje directo de un campesino, sin adornos.

El sacerdote Amasías, encargado del santuario de Betel, lo denunció ante el rey y lo echó del país diciéndole que se fuera a profetizar a su tierra. Amós respondió que él no había elegido ese oficio: Dios lo había tomado de detrás del rebaño. Su predicación quedó recogida en un libro breve, de nueve capítulos, el primero de los profetas escritores. En él aparecen dos ideas que marcaron a todos los que vinieron después: el día del Señor, como día de juicio, y el resto fiel que sobrevive a la ruina. Sobre su muerte solo hay una tradición antigua, recogida por Epifanio y por el Martirologio Romano, que no es historia comprobada: Amasías lo habría golpeado y su hijo le habría atravesado las sienes con un palo puntiagudo; llevado medio muerto a su tierra, allí habría expirado y allí lo sepultaron con sus padres.

Oración a San Amós

Dios de los pobres, tú que llamaste a Amós desde el rebaño para reclamar justicia en tu nombre, abre nuestros oídos a lo que no queremos oír. Que nuestra oración no sea una tapadera de la injusticia. Danos valor para hablar cuando toca hablar y manos abiertas con el que no tiene. Que corra el derecho como el agua. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

San Benjamín, diácono y mártir

Conmemoración

† c. 420

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Benjamín fue diácono en Persia, en el imperio sasánida, en la primera mitad del siglo V. Vivió una de las peores persecuciones que sufrieron los cristianos de aquella tierra. Había empezado cuando el obispo Abdas incendió un templo del fuego, santuario de la religión zoroástrica. El rey Isdegerdes I exigió que lo reconstruyeran; los cristianos se negaron y se desató una represión que duró décadas y que continuó bajo su hijo Vararanes V.

A Benjamín lo detuvieron aunque no había tenido nada que ver con el incendio. Pasó un año en la cárcel. No se quedó callado: siguió anunciando el Evangelio a los presos y a los guardias, en el peor lugar posible para hacerlo. Un embajador enviado desde Constantinopla por el emperador Teodosio II consiguió su libertad, pero con una condición: que dejara de predicar. Benjamín contestó que eso no podía prometerlo. Salió y volvió a predicar.

Lo apresaron otra vez y lo llevaron ante el rey. Los tormentos fueron atroces: le clavaron cañas afiladas entre la uña y la carne, una y otra vez, y en otras partes del cuerpo. Al final lo atravesaron con un palo nudoso, y de esa herida murió, hacia el año 420. El Martirologio Romano lo recuerda en el lugar de Argol, en Persia, como el diácono que, por predicar insistentemente la palabra de Dios, consumó su martirio con cañas agudas clavadas bajo las uñas. Su culto es anterior a los procesos modernos de canonización. Se lo invoca como patrono de los predicadores, porque hizo de la palabra su única arma y no la soltó ni cuando le costó la vida.

Patrono de los predicadores y de quienes anuncian la fe.

Oración a San Benjamín

Señor, tú que diste a san Benjamín una palabra que ni la cárcel pudo callar, suelta nuestra lengua cuando toque hablar de ti. Líbranos del miedo que nos hace prudentes de más. Que su intercesión sostenga a los cristianos perseguidos hoy y a quienes predican donde nadie quiere escuchar. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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