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Calendario de noviembre

Calendario litúrgico

1 de noviembre: Todos los Santos

Solemnidad

Es una solemnidad, la celebración de mayor rango en la Iglesia, dedicada al Señor, a la Virgen María o a un santo de especial importancia.

El 1 de noviembre la Iglesia celebra a todos los santos del cielo: los que tienen nombre en el calendario y los millones que nunca lo tuvieron. Abuelas, catequistas, obreros, misioneros, niños, mártires anónimos. La fiesta no honra a un solo santo sino a la multitud entera que ya vive con Dios.

El origen está en los primeros siglos. Las persecuciones dejaron tantos mártires que era imposible dedicarle un día del año a cada uno, y la Iglesia empezó a recordarlos juntos en una sola celebración. El 13 de mayo del año 610, el papa Bonifacio IV consagró el Panteón de Roma —un templo que antes se usaba para el culto a los dioses paganos— a Santa María y a todos los mártires. Más tarde, en el año 835, el papa Gregorio IV trasladó la celebración al 1 de noviembre, y así quedó fijada para toda la Iglesia.

La lectura propia del día es la visión del Apocalipsis: una muchedumbre inmensa, de todas las naciones y lenguas, vestida de blanco delante del trono de Dios. Y el Evangelio son las Bienaventuranzas, que describen el camino por el que esa multitud llegó allí: pobres de espíritu, mansos, misericordiosos, limpios de corazón, perseguidos por la justicia. Por eso la solemnidad no es solo una fiesta de admiración, sino una fiesta de esperanza: la santidad no es un privilegio de unos pocos extraordinarios, es el destino ofrecido a cualquier bautizado que coopera con la gracia.

En el calendario universal y en los calendarios de toda América Latina es solemnidad, uno de los días de mayor rango del año. En varios países es además fiesta de precepto y víspera de la conmemoración de los difuntos, que se celebra al día siguiente; en México se enlaza con las tradiciones del Día de Muertos, cuya raíz es precisamente esta doble celebración cristiana.

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes celebrar en una sola fiesta los méritos de todos tus Santos; te rogamos que, por las súplicas de tantos intercesores, derrames sobre nosotros la ansiada plenitud de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

San Benigno de Dijón, mártir

Conmemoración

† s. III

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

San Benigno es venerado como el primer anunciador del Evangelio en Dijón, la antigua Divio del territorio de los lingones, en la Galia. Su nombre aparece ya en el Martirologio Jeronimiano, el más antiguo de la Iglesia latina, y su fiesta se ha celebrado siempre el 1 de noviembre.

Hay que decirlo con claridad: casi todo lo que se cuenta de él es leyenda. Las actas que circularon desde el siglo VI lo presentan como un misionero enviado desde Esmirna por san Policarpo, que habría predicado en Borgoña y muerto mártir bajo el emperador Aureliano, entre los años 270 y 275. Los estudios críticos, empezando por los de Duchesne, demostraron que ese relato pertenece a un grupo de leyendas fabricadas mucho después y sin valor histórico; además, las fechas no cuadran, porque Policarpo murió más de un siglo antes de Aureliano.

Lo que sí resiste el examen histórico es el núcleo: en Dijón hubo una tumba muy antigua venerada como la de un mártir llamado Benigno. Entre los años 507 y 539, el obispo san Gregorio de Langres quiso suprimir ese culto porque sospechaba que el sepulcro era pagano. Una visión nocturna lo hizo cambiar de parecer: restauró el sarcófago y levantó sobre él una basílica, que se convirtió en el corazón cristiano de la ciudad. De ahí nació la abadía de San Benigno de Dijón.

La Iglesia lo recuerda como lo que fue: un cristiano del siglo III que dio la vida por su fe y cuyo sepulcro sostuvo la fe de un pueblo entero durante siglos, aunque su historia concreta se haya perdido.

Patrono de la ciudad de Dijón, en Francia.

Oración a San Benigno de Dijón

Señor, Dios nuestro, que sostuviste a san Benigno en la hora del martirio y quisiste que su sepulcro alimentara la fe del pueblo de Dijón, escucha nuestra oración. Danos su misma firmeza cuando creer nos cueste. Que no nos avergoncemos nunca de tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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