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Calendario de agosto

Calendario litúrgico

Santo del día, 11 de agosto: Santa Clara de Asís, virgen

Memoria

1193 – 1253

Es una memoria, la celebración habitual del santo en el día que le corresponde dentro del calendario de la Iglesia.

Clara nació en Asís en 1193, en una familia noble y acomodada. Tenía dieciocho años cuando dejó la casa de su padre. Salió en secreto la noche del Domingo de Ramos de 1211 y fue a la Porciúncula, donde Francisco de Asís le cortó el cabello y la vistió con un áspero hábito de penitencia. Con ese gesto renunciaba a su apellido, a su herencia y al matrimonio que le tenían arreglado.

Poco después se instaló junto a la iglesia de San Damián, a las afueras de Asís, en un pequeño monasterio que los frailes menores acondicionaron para ella y sus primeras compañeras. Allí vivió más de cuarenta años, hasta su muerte. Aquella comunidad, las Damas Pobres, es el origen de las clarisas. Clara defendió con firmeza lo que se llamó el privilegio de la pobreza: que su monasterio no tuviera rentas ni propiedades y viviera de lo que recibiera cada día. Más de un papa quiso darle una regla más suave y ella no cedió. Terminó escribiendo su propia regla, la primera regla escrita por una mujer para mujeres que un papa aprobó: Inocencio IV la confirmó por la bula Solet annuere el 9 de agosto de 1253, dos días antes de que ella muriera.

Murió en San Damián en 1253. El papa Alejandro IV la canonizó en 1255, apenas dos años después. La Iglesia la venera porque llevó hasta el final, en el silencio de un monasterio, la misma pobreza radical que Francisco vivió por los caminos: sin cuentas guardadas, confiando cada día en Dios. De un relato antiguo, según el cual vio y escuchó desde su lecho de enferma la celebración a la que no podía asistir, viene su patronazgo sobre la televisión.

Patrona de la televisión y de las hermanas clarisas.

Oración a Santa Clara de Asís

Dios nuestro, que en tu misericordia inspiraste a santa Clara el amor a la pobreza; otórganos, por su intercesión, que siguiendo a Cristo con pobreza de espíritu podamos llegar a contemplarte en el Reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Santos Tiburcio y Susana, mártires

Conmemoración

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

El 11 de agosto el Martirologio Romano recuerda a dos mártires de la Iglesia de Roma, Tiburcio y Susana, venerados desde muy antiguo en dos santuarios distintos de la ciudad. De sus vidas se sabe muy poco con certeza histórica. Lo que ha llegado hasta nosotros son relatos tardíos, que los estudiosos consideran legendarios y no crónicas de los hechos.

Según esos relatos, Tiburcio era hijo de un alto funcionario romano y habría llegado a la fe por la predicación de san Sebastián. Denunciado durante la persecución de Diocleciano, fue llevado ante el prefecto y decapitado en la vía Labicana, en un paraje que se llamaba de los Dos Laureles. Allí, en el cementerio ad duas lauros, existía efectivamente su tumba, mencionada en los itinerarios que guiaban a los peregrinos del siglo VII. Susana, por su parte, es presentada como una joven romana que se había consagrado a Cristo y que fue ejecutada en su propia casa por negarse a casarse con un pariente del emperador. Esa casa, en el Quirinal, se convirtió en lugar de culto y es la actual iglesia de Santa Susana.

Lo que sostiene su memoria no son las leyendas, sino el culto: dos tumbas antiguas, dos iglesias romanas y el nombre de estos mártires repetido cada año en la liturgia de la ciudad. La Iglesia los recuerda como testigos que prefirieron morir antes que renegar de Cristo, aunque los detalles de su historia se hayan perdido.

Oración a Santos Tiburcio y Susana

Señor, Dios de los mártires, tú sostuviste a santos Tiburcio y Susana en la hora de la prueba y guardaste su memoria en tu Iglesia cuando ya nadie recordaba sus historias. Enséñanos a confiar en ti también cuando nadie ve lo que nos cuesta ser fieles. Que su ejemplo nos dé valor para no negarte con nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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