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Calendario de agosto

Calendario litúrgico

Santo del día, 12 de agosto: Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa

Memoria libre

1572 – 1641

Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.

Juana Francisca Frémiot nació en Dijon, Francia, el 28 de enero de 1572. Su padre presidía el Parlamento de Borgoña. En 1592 se casó con el barón de Chantal y se fue a vivir al castillo de Bourbilly, que estaba al borde de la ruina y que ella puso en orden. Tuvieron cuatro hijos. En 1601 su esposo murió por un disparo accidental durante una cacería, y Juana quedó viuda a los veintinueve años, con los hijos pequeños y un dolor del que tardó años en levantarse.

En la Cuaresma de 1604, predicando en Dijon, conoció a san Francisco de Sales. Reconoció en él al director espiritual que buscaba y esa amistad marcó el resto de su vida. Juntos fundaron la Orden de la Visitación de Santa María, establecida canónicamente en Annecy el 6 de junio de 1610, domingo de la Santísima Trinidad. La intuición era sencilla y nueva para su tiempo: un monasterio donde pudieran entrar también mujeres viudas, mayores o de salud frágil, a las que las órdenes de entonces no admitían, y donde la santidad se buscara con dulzura y en lo cotidiano, no con penitencias heroicas.

Juana esperó a dejar encaminados a sus hijos antes de entrar ella misma. Después recorrió Francia sin descanso fundando y visitando comunidades: a su muerte había cerca de ochenta y seis monasterios. Murió en el monasterio de la Visitación de Moulins el 13 de diciembre de 1641. Fue beatificada en 1751 y canonizada en 1767. La Iglesia la venera como mujer que atravesó el matrimonio, la viudez, la crianza y el gobierno de una orden sin dejar de buscar a Dios, y que acompañó a muchas otras almas en la oscuridad interior que ella misma conocía bien.

Oración a Santa Juana Francisca de Chantal

Dios nuestro, que condujiste a santa Juana Francisca por diferentes caminos en su vida terrena y la enriqueciste con preclaros méritos, concédenos, por su intercesión, que fieles a nuestra vocación seamos siempre testigos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

San Euplio de Catania, diácono y mártir

Conmemoración

† 304

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Euplio era diácono en Catania, en Sicilia, durante la última gran persecución del imperio, la de Diocleciano. En aquellos años el delito no era solo confesarse cristiano: también lo era guardar los libros sagrados, que las autoridades mandaban entregar y quemar. Euplio fue arrestado precisamente por eso, por tener consigo los Evangelios.

Su proceso se conserva en un documento antiguo, la Pasión de san Euplio, que los estudiosos consideran históricamente creíble y que llama la atención por lo escueto y directo de su relato. Llevado ante el gobernador Calvisiano, Euplio respondió sin rodeos: soy cristiano y deseo morir por el nombre de Cristo. Lo torturaron y volvieron a interrogarlo varias veces para que se retractara. Cuando le ordenaron sacrificar a los dioses, dijo que solo adoraba a la Trinidad. Fue condenado a ser decapitado el 12 de agosto del año 304, y lo llevaron al lugar de la ejecución con el libro de los Evangelios colgado del cuello. Según las actas, caminaba dando gracias a Cristo, como quien va a recibir una corona. Murió de rodillas, rezando.

Catania lo venera desde entonces como copatrono de la ciudad junto con santa Águeda. Su nombre aparece cada 12 de agosto en el Martirologio Romano. Es el testimonio de un ministro sencillo que no quiso entregar la Palabra que tenía la tarea de proclamar.

Patrono de la ciudad de Catania, junto con santa Águeda.

Oración a San Euplio de Catania

Señor, tú diste al diácono san Euplio el valor de no entregar tu Palabra ni siquiera bajo tortura. Concédenos amar el Evangelio como él lo amó, y guardarlo no en un cofre sino en la vida. Que sepamos confesar tu nombre con sencillez cuando cueste hacerlo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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