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Calendario de marzo

Calendario litúrgico

Santo del día, 11 de marzo: Santa Áurea de San Millán

Conmemoración

c. 1042 – 1069

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Áurea —llamada también Oria o Auria— nació hacia 1042 en Villavelayo, un pueblo de montaña de la actual La Rioja, en el norte de España. Sus padres fueron García y Amuña; a su madre se la venera también como santa. Era tierra de frontera, marcada por siglos de guerra.

Muy joven pidió una vida entregada a la oración y apartada del mundo. La llevaron al monasterio de San Millán de la Cogolla, uno de los grandes centros religiosos del reino, y allí eligió una forma de vida poco común: la de reclusa. Los monjes la emparedaron en una celda pegada al muro de la iglesia de San Millán de Suso, con una ventana frente al altar mayor y al coro. Desde ese hueco seguía la misa y el canto de las horas. En esa celda pasó el resto de su vida, entre oración continua, ayuno y penitencia dura. La gente subía a buscarla para pedirle consejo y encomendarse a sus oraciones. Se conservan relatos de visiones suyas: santa Águeda, santa Cecilia y santa Eulalia, y la Virgen María.

Al cabo de los años enfermó y murió en su celda un 11 de marzo, acompañada por su director espiritual. La enterraron en la cueva del monasterio; en su casa natal de Villavelayo se levantó después una ermita en su honor. Casi todo lo que sabemos de ella viene de una vida latina que en el siglo XIII el poeta Gonzalo de Berceo puso en castellano, el Poema de Santa Oria, uno de los primeros textos de nuestra lengua dedicados a una mujer. Nunca hubo un proceso moderno de canonización: su culto es antiguo, local y todavía vivo en La Rioja.

Oración a Santa Áurea de San Millán

Dios de la vida escondida, que llamaste a santa Áurea a encerrarse en una celda para no separarse nunca de ti, enséñanos a buscar el silencio donde tú hablas. Que sepamos, como ella, sostener a los demás con la oración cuando no podemos ayudarlos de otro modo. Danos su fidelidad en los días largos y su paz al esperarte. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir

Conmemoración

c. 800 – 859

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Eulogio nació en Córdoba hacia el año 800, en una familia cristiana acomodada de la ciudad. Se formó con el clero de la iglesia de San Zoilo y con el abad Espera-in-Deo, junto a su amigo Álvaro de Córdoba. Ordenado sacerdote, llegó a ser una de las cabezas de la comunidad cristiana bajo el emirato omeya.

Intentó peregrinar a Roma y no pudo. Viajó entonces a los monasterios de Pamplona y Zaragoza y volvió cargado de manuscritos que ayudaron a sostener la cultura cristiana visigoda en al-Ándalus. A partir de 850, muerto Abd al-Rahmán II, la presión sobre los cristianos se endureció. Eulogio acompañó y animó a los suyos, y sobre todo escribió: el Memorial de los santos, el Documentum martyriale y el Apologético dejaron constancia de los llamados mártires de Córdoba. Estuvo preso en 851.

Años después dio refugio a Leocricia, una joven de familia musulmana que se había hecho cristiana. Los descubrieron y lo llevaron ante el tribunal. Le ofrecieron salvarse si renegaba; respondió que su oficio era predicar y alumbrar a quien buscara la fe. Lo degollaron el 11 de marzo de 859, cuando acababa de ser elegido arzobispo de Toledo. Lo enterraron en San Zoilo y en 883 sus restos fueron llevados a Oviedo, donde se conservan en la Cámara Santa de la catedral.

Oración a San Eulogio de Córdoba

Señor, tú diste a san Eulogio palabras firmes cuando le pidieron callar. Concédenos su valentía serena para no negar la fe cuando cueste, y su caridad para acompañar a quien busca la verdad. Que sepamos, como él, hablar sin odio y sostener a los perseguidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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