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Calendario de noviembre

Calendario litúrgico

Santo del día, 11 de noviembre: San Martín de Tours, obispo

Memoria

c. 316 – 397

Es una memoria, la celebración habitual del santo en el día que le corresponde dentro del calendario de la Iglesia.

Martín nació hacia el año 316 en Sabaria, en la provincia romana de Panonia, la actual Szombathely, en Hungría. Su padre era oficial del ejército y lo hizo enrolarse siendo todavía muy joven. Así llegó a la Galia, destinado en la ciudad de Amiens.

Allí ocurrió la escena por la que se le recuerda en todo el mundo. Un día de mucho frío, a las puertas de la ciudad, se cruzó con un mendigo medio desnudo que temblaba. Martín no llevaba dinero, así que cortó su capa militar en dos y le dio la mitad. Esa noche soñó que Jesús se le aparecía cubierto con aquel trozo de tela. Poco después pidió el bautismo y dejó el ejército. Buscó a san Hilario, obispo de Poitiers, y se puso bajo su enseñanza. Con él comenzó una vida de monje y fundó en Ligugé una de las primeras comunidades monásticas de las Galias, donde pasó unos diez años en oración y estudio de la Escritura.

En el año 371 el pueblo de Tours lo eligió obispo casi a la fuerza. Martín aceptó, pero no cambió de vida: siguió vistiendo pobremente y se retiró a un monasterio a las afueras, Marmoutier, donde llegó a reunir a unos ochenta monjes. Desde allí recorrió los campos, fundó parroquias rurales y evangelizó una región todavía muy pagana. Defendió a los acusados ante las autoridades imperiales y se opuso a que se diera muerte a los herejes, lo que le costó enemistades. Murió en Candes, en la Turena, el 8 de noviembre del 397; la Iglesia lo celebra el 11, día en que fue sepultado en Tours. Su tumba se convirtió en uno de los grandes lugares de peregrinación de Europa. De la reliquia de su capa (capella) viene la palabra capilla.

Patrono de los soldados y de la Guardia Suiza Pontificia.

Oración a San Martín de Tours

Dios nuestro, que fuiste glorificado por la vida y por la muerte del obispo san Martín de Tours, renueva en nuestros corazones las maravillas de tu gracia, para que ni la vida ni la muerte puedan separarnos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

San Menas de Egipto, mártir

Conmemoración

† c. 300

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Menas fue un soldado del ejército romano, de origen egipcio, destinado en Cotieo, en Frigia. Cuando los emperadores Diocleciano y Maximiano publicaron sus edictos contra los cristianos, Menas dejó las armas y se retiró a la soledad de las montañas, donde vivió de ayuno, vigilia y oración.

Durante una gran fiesta pública bajó al circo de la ciudad y declaró en voz alta que era cristiano. Fue llevado ante el prefecto Pirro, azotado, torturado y finalmente decapitado, hacia el año 300. Sus restos fueron trasladados a Egipto, al desierto de Mareotis, entre Alejandría y el valle de Natrón.

Allí creció uno de los santuarios más visitados del cristianismo antiguo. Miles de peregrinos llegaban a su tumba en busca de curación, y el lugar, hoy conocido como Abu Mena, se convirtió en una verdadera ciudad con basílicas, un pozo sagrado y baños. Las excavaciones realizadas a comienzos del siglo XX sacaron a la luz cientos de pequeñas ampollas de barro con la inscripción griega «eulogía tou hagíou Mena», recuerdo de san Menas, que los peregrinos llevaban a casa con agua o aceite del santuario. Esas ampollas se han encontrado por todo el Mediterráneo y son la mejor prueba de lo extendida que estuvo su devoción. Los detalles concretos de su martirio nos llegan por relatos tardíos, de modo que la Iglesia venera con certeza al mártir, aunque su biografía conserva rasgos legendarios.

Invocado por los viajeros y por quienes buscan algo perdido.

Oración a San Menas de Egipto

San Menas, que dejaste las armas del emperador para servir solo a Cristo, alcánzanos la valentía de confesar la fe sin miedo. Acompaña a los que van de camino y a los que andan perdidos. Que tu intercesión nos consiga la salud del cuerpo y, sobre todo, la del alma. Amén.

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