Calendario litúrgico
Santo del día, 17 de septiembre: San Roberto Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia
Memoria libre1542 – 1621
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Roberto Belarmino nació el 4 de octubre de 1542 en Montepulciano, cerca de Siena, en Italia. Por parte de madre era sobrino del papa Marcelo II. Entró en la Compañía de Jesús el 20 de septiembre de 1560 y estudió teología en el Colegio Romano, en Padua y en Lovaina, con Tomás de Aquino y los Padres de la Iglesia como maestros de cabecera. Fue ordenado sacerdote en 1570.
Enseñó primero en Lovaina y después, entre 1576 y 1586, ocupó la cátedra de apologética en el Colegio Romano. De esos años nace su obra mayor, las «Controversias», donde expone con orden y sin insultos los puntos discutidos con los reformadores. Escribió también un catecismo breve, la «Doctrina cristiana breve», pensado para gente sencilla, que se tradujo a muchísimas lenguas. El papa Clemente VIII lo creó cardenal el 3 de marzo de 1599 y en 1602 lo nombró arzobispo de Capua, donde predicó con frecuencia y visitó personalmente su diócesis. Después regresó a Roma para servir en las congregaciones de la Curia y participó en varios cónclaves.
Junto al hombre de estudio hubo siempre un hombre de oración. Escribió libros espirituales muy leídos, como «De ascensione mentis in Deum» y «De arte bene moriendi», y vivió con notable pobreza personal, repartiendo entre los pobres lo que recibía. Murió en Roma el 17 de septiembre de 1621. El papa Pío XI lo beatificó en 1923, lo canonizó en 1930 y lo proclamó doctor de la Iglesia en 1931. La Iglesia lo recuerda como el pastor que defendió la fe con argumentos y no con desprecio, y que enseñó lo mismo a teólogos que a niños.
Oración a San Roberto Belarmino
Dios nuestro, que para defender la fe de tu Iglesia otorgaste a san Roberto Belarmino sabiduría y entereza admirables, concédenos, por su intercesión, que tu pueblo se alegre de profesar íntegramente esta fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Santa Hildegarda de Bingen, virgen y doctora de la Iglesia
Memoria libre1098 – 1179
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Hildegarda nació en Bermersheim, en la región alemana de Alzey, en una familia noble. A los ocho años sus padres la entregaron como oblata al monasterio benedictino de Disibodenberg, y allí hizo su profesión religiosa en 1115. Hacia 1136 sucedió a Jutta de Sponheim al frente de la comunidad de monjas.
Desde niña tuvo visiones, pero solo en la madurez se animó a ponerlas por escrito. Nacieron así el «Scivias», el «Liber vitae meritorum» y el «Liber divinorum operum». En 1147 el papa Eugenio III, en el sínodo de Tréveris, aprobó sus escritos y le permitió hablar en público, un gesto poco común para una mujer de su tiempo. Hildegarda recorrió entonces ciudades y catedrales de Alemania predicando, escribió unas cuatrocientas cartas a papas, obispos, monasterios y autoridades civiles, y compuso cincuenta y ocho homilías sobre los evangelios. También escribió sobre medicina y ciencias naturales, y creó una música propia recogida en la «Symphonia armoniae caelestium revelationum», que todavía hoy se canta y se graba.
Como el monasterio se le quedó pequeño, hacia 1150 fundó el de Rupertsberg, cerca de Bingen, y se trasladó allí con unas veinte hermanas; en 1165 fundó otro al otro lado del Rin, en Eibingen, y fue abadesa de los dos. Murió en Rupertsberg el 17 de septiembre de 1179. Su culto era antiguo, pero su causa nunca se había cerrado formalmente: el 10 de mayo de 2012 Benedicto XVI la inscribió en el catálogo de los santos mediante una «canonización equivalente» y extendió su culto a toda la Iglesia. El 7 de octubre de 2012, al abrir el Sínodo de los Obispos, la proclamó doctora de la Iglesia universal junto con san Juan de Ávila.
Oración a Santa Hildegarda de Bingen
Dios nuestro, fuente de la vida, que llenaste de espíritu profético a santa Hildegarda, virgen, haz que, ayudados por su ejemplo e intercesión, conozcamos tus caminos y, en medio de las tinieblas de este mundo, percibamos la claridad de tu luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
