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Calendario de septiembre

Calendario litúrgico

Santo del día, 19 de septiembre: San Jenaro, obispo y mártir

Memoria libre

† c. 305

Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.

De la vida de san Jenaro se sabe poco con certeza histórica. Nápoles y Benevento se disputan su ciudad natal, y fue obispo de Benevento, en la Campania italiana. Su culto es antiquísimo: hay testimonios de que ya se lo veneraba hacia el año 431 y frescos del siglo V en las catacumbas de Nápoles lo representan.

Murió durante la gran persecución de Diocleciano, a comienzos del siglo IV, junto a un grupo de compañeros: el diácono Sosio de Miseno, el diácono Próculo de Pozzuoli, los laicos Eutiques y Acucio, y su propio diácono Festo y el lector Deseo. El delito por el que los prendieron fue haber confesado públicamente la fe. Detenidos por el gobernador de la Campania, fueron condenados a muerte y decapitados cerca de Pozzuoli, donde también los sepultaron. La tradición sitúa el martirio hacia el año 305.

Sus reliquias anduvieron de una ciudad a otra durante siglos —Nápoles, Benevento, el monasterio de Montevergine— hasta regresar definitivamente a Nápoles en 1497, cuando se lo proclamó patrono principal de la ciudad. Allí se conserva una ampolla de vidrio con un coágulo de su sangre que, en ciertas fechas, se vuelve líquido a la vista de todos: suele ocurrir el primer domingo de mayo, el 19 de septiembre y el 16 de diciembre, este último en memoria de la erupción del Vesubio de 1631, de la que los napolitanos se creyeron librados por su intercesión. La Iglesia nunca ha definido el hecho como milagro, pero el pueblo de Nápoles lo espera cada año con una devoción que no ha decaído.

Patrono de la ciudad de Nápoles y de los donantes de sangre.

Oración a San Jenaro

Dios nuestro, que nos permites venerar la memoria de tu mártir san Jenaro; concédenos gozar de su compañía en la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Nuestra Señora de La Salette

Conmemoración

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

El 19 de septiembre de 1846, en una ladera de los Alpes franceses cerca de la aldea de La Salette, dos pastorcitos vieron a una mujer envuelta en luz que estaba sentada y lloraba. Ellos eran Maximino Giraud, de once años, y Melania Calvat —llamada también Melania Mathieu—, de quince. Casi no se conocían entre sí y ninguno de los dos sabía apenas el catecismo.

La Señora les habló en francés y luego en el dialecto de la zona, para que la entendieran bien. Se quejó de dos cosas concretas: la blasfemia y el abandono del domingo, el día del Señor, convertido en un día más de trabajo. Les advirtió que si el pueblo no cambiaba vendrían malas cosechas: las papas se pudrirían, el trigo se haría polvo, las uvas y las nueces se echarían a perder. Y les pidió algo al alcance de cualquiera: «cuando no puedan más, recen al menos un Padrenuestro y un Avemaría». A cada uno le confió además un secreto, que ambos enviaron por escrito al papa Pío IX en 1851. Junto al lugar de la aparición brotó una fuente a la que se atribuyeron después numerosas curaciones.

El obispo de Grenoble, monseñor Philibert de Bruillard, después de una investigación cuidadosa y en medio de fuertes polémicas, declaró cierta la aparición y autorizó el culto el 16 de noviembre de 1851. En la montaña se levantó un santuario y nacieron los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette, presentes hoy en varios países de América Latina. A la Virgen de La Salette se la invoca como la Madre que llora por sus hijos y pide reconciliación.

Oración

Virgen de La Salette, Madre que lloraste por nosotros en aquella montaña: mírate hoy en nuestras familias divididas y en nuestro cansancio. Enséñanos a guardar el domingo y a no maltratar el nombre de Dios. Danos un corazón que sepa volver, y la sencillez de rezar aunque sea un Padrenuestro y un Avemaría cuando ya no podamos más. Reconciliadora de los pecadores, ruega por nosotros. Amén.

San José María de Yermo y Parres, presbítero

Memoria libre

1851 – 1904

Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.

José María de Yermo y Parres nació el 10 de noviembre de 1851 en la hacienda de Jalmolonga, en Malinalco, Estado de México, hijo de una familia acomodada. Su madre murió cuando él era muy pequeño, y lo criaron su padre y una tía en un ambiente profundamente cristiano. A los dieciséis años entró al seminario y fue ordenado sacerdote el 24 de agosto de 1879 en León, Guanajuato.

El giro de su vida ocurrió pocos años después, en León. Cerca de la iglesia del Calvario vio a unos recién nacidos abandonados, en peligro de muerte, sobre un basurero donde los cerdos hurgaban. La escena lo marcó para siempre. En vez de limitarse a lamentarla, buscó una casa, reunió a cuatro colaboradoras y el 13 de diciembre de 1885 inauguró el Asilo del Sagrado Corazón de Jesús. De ese asilo nació la congregación de las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, dedicada a atender a los abandonados en lo espiritual y en lo material.

De ahí en adelante su vida fue una sucesión de obras concretas: escuelas, hospitales, casas para ancianos, orfanatos y un centro para mujeres que querían dejar la prostitución. No le faltaron dificultades, incomprensiones ni deudas, pero no abandonó ninguna de esas casas. Al final de su vida envió a sus religiosas a misionar entre los tarahumaras de la sierra de Chihuahua, un trabajo que continúa. Murió en Puebla el 20 de septiembre de 1904, a los cincuenta y dos años. San Juan Pablo II lo beatificó el 6 de mayo de 1990 en la basílica de Guadalupe, durante su visita a México, y lo canonizó en Roma el 21 de mayo del año 2000. En el calendario propio de México su memoria libre se celebra el 19 de septiembre.

Oración a San José María de Yermo y Parres

Señor Dios, que encendiste en san José María de Yermo y Parres un amor entrañable por los más pequeños y abandonados: concédenos, por su intercesión, ojos que vean al que sufre y manos dispuestas a servirlo. Que no nos baste lamentar el dolor ajeno, sino que sepamos hacer algo por él. Danos su confianza en tu Corazón cuando las fuerzas y los recursos falten. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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