Calendario litúrgico
Santo del día, 21 de abril: San Anselmo de Canterbury, obispo y doctor de la Iglesia
Memoria librec. 1033 – 21 de abril de 1109
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Anselmo nació hacia el año 1033 en Aosta, en los Alpes del norte de Italia. De joven dejó su casa y anduvo un tiempo por Borgoña y Francia, hasta que la fama del maestro Lanfranco lo llevó a la abadía benedictina de Bec, en Normandía. Entró como monje en 1060. Tres años después fue nombrado prior y, en 1078, abad. En Bec enseñó, escribió y formó monjes durante casi treinta años. Allí compuso el Proslogion, donde busca a Dios con la razón sin dejar nunca de rezar, y también las oraciones y meditaciones que todavía hoy se leen.
En 1093 fue consagrado arzobispo de Canterbury, en Inglaterra. No buscó el cargo y el cargo le costó caro. Defendió la libertad de la Iglesia frente a los reyes Guillermo el Rojo y Enrique I, sobre todo en el largo pleito por las investiduras, y eso le valió dos destierros: uno entre 1097 y 1100, y otro entre 1103 y 1107. En los dos fue acogido en Roma por el Papa. Volvió a Canterbury en sus últimos años y se dedicó a reformar al clero.
Murió el 21 de abril de 1109. La Iglesia lo venera como uno de los grandes maestros de la fe. Se lo llama padre de la escolástica porque enseñó a pensar lo que se cree sin separar el estudio de la oración: para él, entender era una forma de adorar. En 1720 el papa Clemente XI lo declaró doctor de la Iglesia. Su celebración es memoria libre, es decir, cada comunidad puede tomarla o dejarla según el día litúrgico.
Oración a San Anselmo de Canterbury
Dios nuestro, que concediste al obispo san Anselmo buscar y enseñar los misterios de tu sabiduría, ven en ayuda de nuestra inteligencia con la luz de la fe, para que el corazón goce con las verdades que nos has revelado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
San Conrado de Parzham, religioso capuchino
Conmemoración22 de diciembre de 1818 – 21 de abril de 1894
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Juan Evangelista Birndorfer nació el 22 de diciembre de 1818 cerca de Parzham, en Baviera, Alemania, el menor de una familia numerosa de campesinos. Creció trabajando la tierra en una región que todavía se recuperaba de las guerras napoleónicas. Desde muchacho buscaba lugares apartados para rezar y tenía fama de poner paz donde había pleitos.
Ya adulto entró con los frailes menores capuchinos y tomó el nombre de Conrado. Hizo su profesión religiosa en 1852 y fue destinado al convento de Altötting, junto al santuario mariano más visitado de Baviera. Allí lo pusieron de portero. Se quedó en esa portería cuarenta y un años. Abría la puerta a peregrinos, mendigos, enfermos y curiosos; escuchaba, repartía comida, daba consejo y volvía a abrir. Repartía el pan de los pobres sin llevar cuenta y ayudó a sostener una obra de caridad para niños abandonados.
Su vida entera cabía entre la puerta y el sagrario: pasaba largas horas ante el Santísimo, casi siempre de noche, y rezaba a la Virgen con una confianza sencilla. Los que lo trataron decían que adivinaba lo que traía cada visitante antes de que hablara. Murió el 21 de abril de 1894, agotado por el trabajo. Su causa se detuvo por la Primera Guerra Mundial, pero aun así fue canonizado en 1934, apenas cuarenta años después de su muerte, un plazo llamativamente breve. Su fiesta se celebra el 21 de abril entre los capuchinos y en las iglesias de lengua alemana.
Oración a San Conrado de Parzham
San Conrado, hermano portero, tú pasaste cuarenta y un años abriendo la puerta a quien llamaba, sin cansarte de las mismas caras ni de los mismos pedidos. Enséñame a hacer bien lo pequeño y a no buscar que me lo agradezcan. Dame tu paciencia con la gente y tu gusto por el silencio delante de Dios. Cuando el día se me haga largo, recuérdame que Jesús está esperando del otro lado. Amén.
