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Calendario de enero

Calendario litúrgico

Santo del día, 21 de enero: Santa Inés, virgen y mártir

Memoria

c. 291 – c. 304

Es una memoria, la celebración habitual del santo en el día que le corresponde dentro del calendario de la Iglesia.

Inés fue una niña romana de familia noble que vivió a finales del siglo III. Siendo muy joven, de apenas doce o trece años, había entregado su corazón a Cristo con un voto de virginidad. Cuando varios pretendientes ricos, entre ellos el hijo del prefecto de Roma, pidieron su mano, ella los rechazó uno a uno. Despechado, uno de ellos la denunció como cristiana en plena persecución del emperador Diocleciano.

Los testimonios más antiguos —san Ambrosio, el papa Dámaso y el poeta Prudencio— confirman lo esencial: una niña que prefirió morir antes que renunciar a Cristo. Los detalles de su pasión pertenecen en parte a la tradición: se cuenta que fue expuesta en un lugar de deshonra y que Dios la protegió, que las llamas no la tocaron, y que finalmente murió por la espada, hacia el año 304. San Ambrosio resumió su testimonio así: en una sola víctima hubo un doble martirio, el de la castidad y el de la fe.

La Iglesia la venera desde los primeros siglos. Es una de las siete mujeres, junto con la Virgen María, mencionadas por su nombre en el Canon Romano de la Misa. Sobre su tumba, en la vía Nomentana de Roma, Constantina, hija del emperador Constantino, levantó una basílica que todavía hoy guarda sus reliquias. Como su nombre recuerda la palabra latina agnus, cordero, cada 21 de enero se bendicen en Roma dos corderos con cuya lana se tejen los palios de los arzobispos. Su figura, tan pequeña y tan firme, recuerda que la santidad no depende de la edad ni de las fuerzas humanas, sino de la gracia de Dios.

Patrona de las jóvenes, de las novias y de quienes buscan vivir la pureza

Oración a Santa Inés

Dios todopoderoso y eterno, que eliges lo débil del mundo para confundir a los fuertes, concédenos, por la intercesión de santa Inés, la valentía de serte fieles en toda circunstancia. Que su amor a Cristo, más fuerte que el miedo y que la muerte, nos anime a vivir con un corazón limpio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Santos Fructuoso, obispo, y Augurio y Eulogio, diáconos, mártires

Conmemoración

† 259

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Fructuoso era obispo de Tarragona, en Hispania, y Augurio y Eulogio eran sus diáconos. El domingo 16 de enero del año 259, durante la persecución de los emperadores Valeriano y Galieno, los soldados los arrestaron a los tres. Llevados ante el gobernador Emiliano, se les exigió adorar a los dioses romanos y al emperador. Fructuoso respondió con serenidad: adoro a un solo Dios, que hizo el cielo y la tierra. Los diáconos se mantuvieron igual de firmes.

El 21 de enero fueron condenados a morir quemados en el anfiteatro romano de la ciudad. Antes de entrar al fuego, Fructuoso rechazó una bebida que le ofrecieron, porque aún no era hora de romper el ayuno, y consoló a su comunidad: no les faltará pastor, porque la promesa del Señor no puede fallar. Murieron los tres de rodillas, en oración, en medio de las llamas.

El acta de su martirio, reconocida por los estudiosos como auténtica, es el texto martirial más antiguo de la península ibérica y prueba que ya en el siglo III existía una comunidad cristiana organizada en Tarragona. San Agustín predicó sobre ellos, y su memoria se sigue celebrando cada 21 de enero, especialmente en Tarragona, cuyo anfiteatro conserva la huella de su testimonio.

Patronos de la arquidiócesis de Tarragona

Oración a Santos Fructuoso

Señor Dios, que diste a los santos Fructuoso, Augurio y Eulogio la fortaleza de confesarte hasta la muerte, concédenos permanecer firmes en la fe en medio de las pruebas. Que su oración serena frente al fuego nos enseñe a confiar en tu promesa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Nuestra Señora de la Altagracia, patrona de la República Dominicana

Solemnidad

Es una solemnidad, la celebración de mayor rango en la Iglesia, dedicada al Señor, a la Virgen María o a un santo de especial importancia.

La Altagracia no es una santa sino una advocación de la Virgen María, y en la República Dominicana es la devoción que sostiene la fe del pueblo desde los primeros años de la colonia. Todo gira en torno a un cuadro pequeño, de unos 33 por 45 centímetros, pintado probablemente en Sevilla entre 1500 y 1515. Muestra el nacimiento de Jesús: María contempla al Niño recostado sobre la paja, con san José detrás y un rayo de luz que baja del cielo. Los registros históricos atribuyen su llegada a la isla a los hermanos Trejo, hacia 1508, y desde entonces el cuadro se venera en Higüey. Con el tiempo se le añadió un marco de oro, piedras y esmaltes.

La fecha del 21 de enero viene de un hecho concreto. En 1692, los hombres de Higüey y El Seibo que fueron a la batalla de la Limonade regresaron sin bajas y lo atribuyeron a la protección de la Virgen; en agradecimiento quedó fijada la fiesta anual. Con los siglos la devoción se volvió identidad nacional: en 1922, por disposición de Pío XI, la imagen fue coronada canónicamente, y en 1979 Juan Pablo II la coronó personalmente durante su visita a Higüey. En 1992, ante ese mismo cuadro, el Papa consagró el país a la Virgen llamándola expresamente Patrona de la República Dominicana.

La basílica de Higüey, consagrada en 1971, recibe cada año cientos de miles de peregrinos: cerca de 800.000, casi la décima parte de la población dominicana. El 21 de enero es feriado nacional. La devoción dejó huella hasta en los nombres: una proporción notable de las dominicanas se llama Altagracia. El nombre mismo explica la fe del pueblo: por la alta gracia de Dios recibimos a Jesucristo.

Patrona de la República Dominicana.

Oración

Dios te salve, María, llena de gracia: te saludo, Virgen María, con las palabras del Ángel. Me postro ante tu imagen, Patrona de la República Dominicana, para proclamar tu bendito nombre de la Altagracia.

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