Calendario litúrgico
Santo del día, 23 de noviembre: San Clemente I, papa y mártir
Memoria libre† c. 99
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Clemente fue obispo de Roma en los últimos años del siglo I. Es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto. San Ireneo, que escribía poco después, dice de él que había visto a los apóstoles y que seguía en contacto vivo con la predicación y la tradición apostólica. Esa cercanía explica el peso que tuvo su palabra.
De él se conserva un documento extraordinario: la Carta a los Corintios, escrita hacia el año 96, poco después de la muerte del emperador Domiciano. Es el escrito de un obispo de Roma más antiguo que se conoce fuera del Nuevo Testamento. La ocasión fue un conflicto: en Corinto, unos cristianos jóvenes habían depuesto a los presbíteros de la comunidad. Clemente intervino desde Roma para restablecer la paz, y lo hizo con autoridad y con enorme respeto. Benedicto XVI, al comentarla, subrayó que la carta entiende la estructura de la Iglesia como algo sacramental y no político, que explica la sucesión apostólica y que incluye prescripciones litúrgicas. Termina con una gran oración, la más antigua que se conserva después de los textos del Nuevo Testamento en la que se reza por las autoridades civiles.
Sobre su muerte hay que ser honestos: los testimonios que le dan el título de mártir son posteriores, de los siglos IV al VI, y no permiten afirmar como hecho histórico seguro ni el modo ni el lugar de su muerte. La tradición lo presenta desterrado y ahogado con un ancla al cuello, y por eso el ancla es su símbolo en el arte. La Iglesia lo celebra el 23 de noviembre como memoria libre, junto con san Columbano. En Roma su nombre sigue vivo en la basílica de San Clemente, uno de los lugares donde mejor se ve, capa sobre capa, la continuidad de la fe cristiana en la ciudad.
Oración a San Clemente I
Dios todopoderoso y eterno, que eres admirable en tus santos, concédenos celebrar con alegría la fiesta de san Clemente, sacerdote y mártir de tu Hijo, quien dio testimonio con su muerte, de los misterios que celebraba y confirmó, con su ejemplo lo que predicaba con su palabra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
San Columbano, abad
Memoria librec. 543 – 615
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Columbano nació hacia el año 543 en Leinster, al sureste de Irlanda. Se formó primero en las artes liberales y luego estudió la Escritura con el abad Sinell, en Cluain-Inis. Cerca de los veinte años entró en el monasterio de Bangor, bajo el abad Comgall, donde vivió una disciplina severa de oración, ascesis y estudio, y fue ordenado sacerdote. Bangor marcó para siempre su manera de entender la vida monástica.
Cuando ya rondaba los cincuenta años, hacia el 590, salió de Irlanda con doce compañeros. No huía: seguía el ideal irlandés de la peregrinatio pro Christo, dejar la propia tierra por amor a Cristo. El rey franco les cedió la fortaleza romana en ruinas de Annegray, y de ahí nacieron Luxeuil y Fontaine. Luxeuil se convirtió en el gran centro de irradiación monástica irlandesa en el continente; de aquellas casas salieron después más de doscientas fundaciones. Columbano escribió dos reglas, la Regula monachorum y la Regula coenobialis, y un tratado penitencial, De poenitentiarum misura taxanda, con el que introdujo en el continente la confesión privada y repetible, la forma que después se generalizó en toda la Iglesia.
No fue un hombre cómodo. Discutió con los obispos francos por la fecha de la Pascua y por la práctica penitencial, criticó abiertamente la conducta de algunos de ellos y reprendió al rey Teodorico por su adulterio. En el año 610 lo expulsaron y lo deportaron. Cruzó los Alpes, y hacia el 612 o 613 el rey de los longobardos le dio unas tierras en el valle del Trebbia: allí fundó Bobbio, un monasterio que llegaría a ser un centro cultural comparable a Montecasino. Murió el 23 de noviembre del 615. Su memoria libre se celebra ese mismo día, junto con la de san Clemente I.
Oración a San Columbano
Dios nuestro, que en san Columbano uniste de modo admirable la misión evangelizadora y la vida monástica; por su intercesión y ejemplo, concédenos que te busquemos a ti sobre todas las cosas y trabajemos con empeño por la extensión de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Beato Miguel Agustín Pro, presbítero y mártir
Memoria libre13 de enero de 1891 – 23 de noviembre de 1927
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Miguel Agustín Pro Juárez nació el 13 de enero de 1891 en Guadalupe, Zacatecas, México. Su padre era ingeniero de minas y la familia vivía con holgura; dos de sus hermanas entraron en la vida religiosa. A los veinte años, después de unos ejercicios espirituales con los jesuitas, entró en la Compañía de Jesús. Casi enseguida la revolución mexicana lo empujó al exilio: pasó por Estados Unidos, España, Nicaragua y Bélgica, y fue en Bélgica donde recibió la ordenación sacerdotal en 1925. Arrastraba desde hacía tiempo un problema estomacal grave que lo llevó a varias operaciones sin que mejorara.
Regresó a México en 1926, en plena persecución religiosa. El gobierno de Plutarco Elías Calles había endurecido el control del culto católico con la llamada Ley Calles, y ejercer el ministerio era delito. El padre Pro lo ejerció igual, y a fondo: organizó puntos clandestinos para repartir la comunión, celebró misa en casas particulares y lugares improvisados, atendió a los pobres de la Ciudad de México y usó toda clase de disfraces para moverse sin ser reconocido. Tenía un sentido del humor famoso y una audacia que exasperaba a la policía.
En noviembre de 1927 fue detenido junto con su hermano Humberto y otros católicos, acusado falsamente de participar en un atentado con bomba contra el presidente electo Álvaro Obregón. No hubo juicio ni proceso legal alguno. El 23 de noviembre de 1927 lo llevaron ante el pelotón de fusilamiento. Pidió un momento para rezar, se puso de pie y abrió los brazos en cruz, con el rosario en una mano y el crucifijo en la otra. Dijo: «Señor, Tú sabes que soy inocente», y gritó «¡Viva Cristo Rey!». Las fotografías de su ejecución, tomadas por orden del propio gobierno para escarmiento, terminaron dando la vuelta al país y al mundo. San Juan Pablo II lo beatificó el 25 de septiembre de 1988. Sigue siendo beato: para la canonización falta un milagro reconocido.
Oración a Beato Miguel Agustín Pro
Beato Miguel Agustín Pro, que llevaste a Cristo a escondidas por las calles de tu ciudad y moriste con los brazos abiertos gritando que Él reina: alcánzame valor cuando tenga miedo y alegría cuando la fe cueste. Enséñame a servir sin ruido y a perdonar como perdonaste. Que también mi vida diga, sin gritar, ¡Viva Cristo Rey! Amén.
