Calendario litúrgico
Santo del día, 26 de septiembre: Santos Cosme y Damián, mártires
Memoria libre† c. 287
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Cosme y Damián fueron dos hermanos médicos que ejercieron su oficio en Egea, un puerto de Cilicia, en el sur de la actual Turquía. La tradición dice que nacieron en Arabia y que estudiaron en Siria. Atendían a los enfermos sin cobrar nada. Por eso en Oriente se les llamó anárgiros, es decir, "los que no aceptan plata". Esa gratuidad, más que cualquier discurso, acercó a muchos a la fe cristiana.
Murieron mártires durante la persecución de Diocleciano. Los relatos antiguos cuentan que el prefecto Lisias los mandó arrestar, los sometió a tormentos y al final los hizo decapitar; junto a ellos habrían muerto sus hermanos Antimo, Leoncio y Euprepio. Conviene decirlo con honestidad: las actas de su martirio son tardías y legendarias, y los detalles no se pueden comprobar. Lo que sí está firmemente atestiguado es su culto, muy antiguo. Fueron sepultados en Ciro, en Siria, y su tumba atrajo peregrinos desde muy temprano.
La devoción llegó pronto a Roma. El papa Félix IV, entre los años 526 y 530, les dedicó una iglesia en el Foro Romano, cuyos mosaicos siguen estando entre los más valiosos de la ciudad. Sus nombres entraron en el Canon Romano de la Misa y todavía hoy se pronuncian allí. La Iglesia los recuerda como patronos de quienes curan: médicos, cirujanos, farmacéuticos, dentistas. Gente que trabaja con el cuerpo ajeno y que puede convertir su oficio en servicio. Su memoria es libre y se celebra el 26 de septiembre; antes de la reforma del calendario se celebraba el 27, día ligado probablemente a la dedicación de su basílica romana.
Patronos de los médicos y cirujanos, y también de farmacéuticos y dentistas.
Oración a Santos Cosme y Damián
Te alabamos, Padre, en la conmemoración de tus santos Cosme y Damián, porque a ellos les diste la gloria eterna, y a nosotros nos proteges con admirable providencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
