Calendario litúrgico
27 de noviembre: Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
Memoria libreEs una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
El 27 de noviembre de 1830, en la capilla de la casa madre de las Hijas de la Caridad, en la calle del Bac de París, una joven novicia llamada Catalina Labouré vio a la Virgen María de pie sobre un globo terráqueo. De los anillos de sus manos salían rayos de luz que bajaban hacia la tierra. Alrededor de la imagen se formó un óvalo con letras doradas: «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti». Entonces el cuadro giró y Catalina vio el reverso: la letra M coronada por una cruz y, debajo, los corazones de Jesús y de María, uno rodeado de espinas y el otro atravesado por una espada, con doce estrellas alrededor.
La Virgen le pidió que mandara acuñar una medalla igual a lo que estaba viendo, y le prometió gracias a quienes la llevaran con confianza. No fue la única aparición: la primera había sido el 18 de julio de aquel mismo año, y hubo una tercera poco después. Catalina no habló del asunto con nadie más que con su director espiritual, el padre Aladel, que tardó en creerle. Fue él quien obtuvo el permiso de monseñor de Quélen, arzobispo de París, y las primeras medallas se acuñaron el 30 de junio de 1832.
Al principio se la llamó simplemente medalla de la Inmaculada Concepción. La gente empezó a atribuirle curaciones, conversiones y auxilios de todo tipo, y el pueblo terminó bautizándola con el nombre que hoy conocemos: la Medalla Milagrosa. La devoción se extendió por el mundo con una rapidez sorprendente y sigue viva en toda América Latina. El 23 de julio de 1894, el papa León XIII instituyó una fiesta con misa y oficio propios para el 27 de noviembre, fecha de aquella aparición.
Oración
Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.
San Jacobo el Interciso, mártir
ConmemoraciónEs una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
San Jacobo, llamado el Interciso, fue un mártir de Persia originario de Beth Lapat, en la región del Beth Huzaye, el actual Juzistán. Ocupaba un puesto importante en la corte del rey Yazdegerd I y, presionado por el ambiente cortesano, renegó de la fe cristiana. Su madre y su esposa le escribieron una carta reprochándole la traición, y esa carta lo hizo volver en sí. Un día lo sorprendieron leyendo las Sagradas Escrituras y fue denunciado al rey.
Los relatos de su martirio, muy difundidos en Oriente, cuentan que fue ejecutado mediante amputaciones sucesivas de los miembros, de donde le viene el sobrenombre de Interciso, es decir, «el cortado en pedazos». Los detalles de esa pasión y de los traslados posteriores de sus reliquias pertenecen al género hagiográfico y no pueden darse por históricamente comprobados; lo que sí está firmemente atestiguado es su culto antiguo, tanto en las iglesias orientales como en la latina, y su inscripción en el Martirologio Romano, que sitúa su muerte en tiempos del emperador Teodosio el Joven. Su memoria se celebra el 27 de noviembre.
Oración a San Jacobo el Interciso
San Jacobo, tú tuviste miedo y negaste al Señor, pero supiste volver. Alcánzanos la gracia de levantarnos cada vez que caemos y de no avergonzarnos nunca de nuestra fe. Que nadie nos aparte de Cristo. Amén.
