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Calendario de agosto

Calendario litúrgico

Santo del día, 28 de agosto: San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

Memoria

354 – 430

Es una memoria, la celebración habitual del santo en el día que le corresponde dentro del calendario de la Iglesia.

Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, en el norte de África. Su padre, Patricio, era pagano y se bautizó poco antes de morir; su madre era santa Mónica, que rezó por él durante años. De niño lo inscribieron como catecúmeno, pero, como era costumbre entonces, no lo bautizaron.

Estudió retórica en Cartago y llegó a ser profesor. Fue un hombre inquieto, ambicioso y desordenado hasta cerca de los treinta y dos años. Buscó respuestas en el maniqueísmo, una doctrina que dividía el mundo entre dos principios enfrentados, y quedó insatisfecho. Enseñó en Roma y después en Milán. Allí escuchó predicar a san Ambrosio y empezó a caer la resistencia que llevaba dentro. Su madre lo había seguido hasta Italia sin soltarlo. En la Pascua del año 387 Agustín recibió el bautismo de manos de Ambrosio.

Volvió a África, vendió lo que tenía y se retiró con unos amigos a vivir en comunidad. Fue ordenado sacerdote en Hipona y hacia el año 395 o 396 quedó como obispo de esa ciudad portuaria. Durante casi cuarenta años predicó, escribió, resolvió pleitos de sus fieles y discutió con donatistas y pelagianos. Escribió las Confesiones, donde cuenta su propia vida y su búsqueda de Dios sin maquillarla, y La Ciudad de Dios, respuesta a quienes culpaban a los cristianos del saqueo de Roma en el año 410.

Murió el 28 de agosto del año 430, mientras los vándalos sitiaban Hipona. La Iglesia lo cuenta entre los grandes doctores y sigue leyéndolo dieciséis siglos después. La frase con la que abre las Confesiones resume su vida: el corazón está inquieto hasta que descansa en Dios.

Oración a San Agustín

Dios nuestro, renueva en tu Iglesia el espíritu que infundiste en el obispo san Agustín, para que, llenos de ese mismo espíritu, tengamos sed solamente de ti, fuente de la verdadera sabiduría, y te busquemos como autor del amor verdadero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

San Moisés el Etíope (San Moisés el Negro), monje y mártir

Conmemoración

c. 332 – c. 407

Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.

Moisés era esclavo de un funcionario en Egipto. Su amo lo despidió acusándolo de robo y de haber matado a un hombre. Quedó suelto y terminó al frente de una banda de asaltantes que aterrorizaba el valle del Nilo. Era grande, fuerte y violento, y así vivió buena parte de su juventud.

Huyendo de las autoridades, se escondió entre unos monjes que vivían en el desierto de Escete, cerca de Alejandría. Esperaba un refugio y encontró otra cosa: hombres pobres, tranquilos y contentos. Eso lo desarmó. Dejó su vida anterior y se quedó con ellos. Los comienzos fueron duros y le costó la disciplina del monasterio, pero perseveró. Con los años llegó a ser guía espiritual de una colonia de ermitaños y fue ordenado sacerdote.

De él se cuentan escenas que la tradición monástica conservó. Una noche unos ladrones entraron en su celda; él los redujo sin esfuerzo, los cargó hasta la capilla y preguntó a los monjes qué hacer con ellos, porque no quería castigarlos. Los ladrones se convirtieron. Otra vez lo reprocharon por haber roto el ayuno para dar de comer a unos hermanos hambrientos, y la comunidad reconoció que había cumplido el mandato de la hospitalidad. Y cuando lo llamaron a juzgar la falta de otro monje, llegó cargando un cántaro que perdía agua y explicó: sus pecados corrían detrás de él sin que los viera, y ese día venía a juzgar los errores ajenos.

Hacia el año 407, con unos setenta y cinco años, avisaron que unos bandidos venían a atacar la colonia. Los hermanos quisieron defenderse y Moisés se lo prohibió: que se retiraran, dijo, en lugar de tomar armas. Él se quedó con otros siete y recibió a los atacantes con los brazos abiertos. Los ocho murieron allí. Hoy se lo recuerda como un apóstol de la no violencia.

Oración a San Moisés el Etíope (San Moisés el Negro)

Señor, tú alcanzaste a Moisés cuando ya nadie apostaba por él. Recuérdanos que ninguna vida está perdida para tu misericordia. Danos su valentía para desarmar el corazón antes que la mano. Y enséñanos a mirar nuestras propias faltas antes de juzgar las de otro. Amén.

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