Calendario litúrgico
28 de diciembre: Los Santos Inocentes, mártires
Fiesta† c. 4 a. C.
Es una fiesta, una celebración de rango destacado, un grado por debajo de la solemnidad y reservada a acontecimientos y santos de particular relevancia.
El evangelio de san Mateo cuenta que unos magos llegaron a Jerusalén preguntando por el rey de los judíos que acababa de nacer. Herodes el Grande, que reinaba en Judea bajo la sombra de Roma, se sintió amenazado en su trono. Pidió a los magos que volvieran a informarle dónde estaba el niño; cuando entendió que no regresarían, mandó matar a todos los niños varones de Belén y sus alrededores de dos años para abajo. Un ángel había advertido en sueños a José, y la Sagrada Familia ya iba camino de Egipto.
La Escritura no dice cuántos niños murieron. Belén era una aldea pequeña, así que no se trata de las multitudes que imaginó el arte medieval, pero el número exacto no se conoce y ninguna fuente confiable lo fija. Los estudiosos sitúan el nacimiento de Jesús entre los años 6 y 4 antes de nuestra era, de modo que la matanza habría ocurrido en los últimos años del reinado de Herodes.
La Iglesia los venera como mártires desde muy antiguo: la fiesta está atestiguada ya en el siglo IV, unida a la Navidad. Son mártires de un modo singular, porque no murieron por confesar a Cristo —eran demasiado pequeños para hablar— sino en lugar de Cristo, alcanzados por el odio que buscaba al Niño. Por eso la liturgia de este día viste de rojo, y por eso se los llama flores de los mártires: dieron lo único que tenían, la vida, sin saberlo.
Su fiesta se celebra el 28 de diciembre, el cuarto día de la octava de Navidad. La Iglesia la asocia hoy a la defensa de toda vida humana amenazada, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la memoria de los niños víctimas de la violencia de los adultos.
Oración
Dios nuestro, en este día los mártires inocentes proclaman tu gloria no con palabras sino con su muerte; te pedimos, por su intercesión, que podamos dar testimonio, con la vida, de la fe que confesamos con los labios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
