Calendario litúrgico
Santo del día, 7 de septiembre: Santa Regina de Alise (de Autún), virgen y mártir
Conmemoraciónc. 237 – c. 253
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Regina fue una joven cristiana martirizada en Alise, en la Galia, durante el siglo III. Alise era la antigua Alesia, la ciudad donde Julio César había capturado a Vercingétorix. Su historia se conoce por una passio escrita mucho después de los hechos, de modo que los detalles del relato son tradición piadosa más que crónica verificada; lo que sí está firmemente atestiguado es su culto, muy antiguo y muy extendido.
Según ese relato, su madre murió al darla a luz y su padre, un ciudadano pagano de Alise, la entregó a una nodriza cristiana que la educó en la fe. Cuando el prefecto Olibrio supo de su familia y quiso casarse con ella, Regina se negó. Su propio padre intentó convencerla del buen partido y, al no lograrlo, la encerró. Fue azotada y atormentada. Durante la prisión, cuenta la passio, recibió el consuelo de una visión de la cruz y de una voz que le prometía que su liberación estaba cerca. Al día siguiente la torturaron de nuevo y la decapitaron.
Su veneración se difundió por Francia, Borgoña y Alemania. Hacia el año 750 existía ya en Alesia una basílica con un monasterio anexo donde se creían conservados sus restos; después las reliquias fueron trasladadas a Flavigny, donde también se guardan las cadenas de su prisión. En el siglo XVII, Flavigny y Osnabrück se disputaron sus reliquias, y en 1693 el obispo de Autún zanjó el pleito autorizando a las dos ciudades a exponer sus relicarios. En 1604 se fundó en París una cofradía dedicada a ella. El pueblo que creció junto a su santuario lleva hasta hoy el nombre de Alise-Sainte-Reine. El arte la representa con la palma del martirio, el hacha del verdugo y las cadenas.
Invocada por quienes padecen tortura.
Oración a Santa Regina de Alise (de Autún)
Señor, tú diste a santa Regina, siendo muy joven, la fuerza de no ceder ni ante el poder ni ante los suyos. Danos a nosotros esa misma libertad interior para decir que no a lo que nos aparta de ti. Consuela a quienes hoy sufren cárcel y tortura por causa de la justicia, y haz que ninguno se sienta solo. Amén.
San Clodoaldo (san Cloud), presbítero
Conmemoraciónc. 522 – c. 560
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Clodoaldo era bisnieto de Clodoveo, el primer rey franco bautizado, e hijo del rey Clodomiro de Orleans. Cuando su padre murió, él y sus dos hermanos quedaron al cuidado de su abuela, santa Clotilde. Pero sus tíos Childeberto y Clotario querían el reino: apartaron a los niños de la protección de la abuela y mataron a los dos mayores. Clodoaldo, el menor, logró escapar con ayuda de unos amigos.
Tenía derecho a reclamar la herencia y la corona. No lo hizo. Repartió sus bienes entre los pobres y se retiró a vivir cerca de París bajo la guía del ermitaño Severino, dedicado al estudio de la Escritura y a una vida austera. Más tarde pasó una temporada en la Provenza, donde su caridad lo hizo conocido. A petición de la gente, el obispo Eusebio lo ordenó sacerdote, y como sacerdote sirvió hasta el final.
Murió un 7 de septiembre, probablemente hacia el año 560, en Nogent, junto al Sena. El pueblo que creció alrededor de su tumba tomó su nombre: Saint-Cloud, hoy en las afueras de París. Su historia impresionó porque un príncipe que había visto asesinar a sus hermanos por el poder decidió no disputarlo.
Patrono de los fabricantes de clavos.
Oración a San Clodoaldo (san Cloud)
Dios nuestro, san Clodoaldo pudo reclamar un trono y prefirió servirte pobre entre los pobres. Líbranos del afán de tener y de mandar, y sana en nosotros la memoria de las heridas recibidas. Enséñanos a perdonar y a poner nuestra vida en tus manos. Amén.
