Calendario litúrgico
Santo del día, 8 de julio: San Procopio de Escitópolis, mártir
Conmemoración† c. 303
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Procopio pertenecía al clero de Escitópolis, una ciudad de Palestina, a comienzos del siglo IV. Su nombre se conserva gracias a Eusebio de Cesarea, el historiador de la Iglesia antigua, que escribió una obra entera sobre los mártires de esa tierra: Los mártires de Palestina. Eusebio vivió aquellos años y conoció los hechos de cerca, así que este es uno de los pocos relatos de martirio que descansa sobre un testimonio contemporáneo y no sobre actas legendarias.
La persecución de Diocleciano empezó en el año 303 y golpeó con fuerza a Cesarea de Palestina. Procopio fue el primero de aquellos mártires. Lo llevaron ante el tribunal del gobernador y, apenas comparecer, le ordenaron sacrificar a los dioses. Respondió que solo conocía a uno a quien fuera justo ofrecer sacrificio. Entonces le mandaron hacer libaciones en honor de los cuatro emperadores que gobernaban el imperio en ese momento. Procopio citó un verso del poeta: el gobierno de muchos no es bueno; que haya un solo jefe y un solo rey. La respuesta molestó a los jueces y fue decapitado en el acto.
Su culto quedó firme en la región: en el siglo VI había en Escitópolis una iglesia dedicada a él. El Martirologio Romano lo recuerda el 8 de julio, aunque Eusebio sitúa su muerte en junio; la diferencia entre el calendario oriental y el latino explica el traslado. Con el tiempo, la tradición griega adornó su historia y lo convirtió en un soldado, pero el relato antiguo y sobrio de Eusebio es el que la Iglesia latina conserva.
Oración a San Procopio de Escitópolis
Señor Jesús, tú diste a san Procopio la respuesta justa en el momento más difícil, cuando le pidieron negarte. Guarda nuestra fe cuando cueste sostenerla delante de otros. Enséñanos a decir la verdad sin agredir y a no doblarnos por miedo. Y recibe a los que hoy siguen muriendo por creer en ti. Amén.
Santos Áquila y Priscila, esposos
ConmemoraciónEs una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Áquila y Priscila son de los pocos santos cuya historia se lee directamente en el Nuevo Testamento. Eran un matrimonio judío que fabricaba tiendas de campaña. Tuvieron que salir de Roma cuando el emperador Claudio expulsó a los judíos de la ciudad, hacia el año 49 o 50, y se instalaron en Corinto. Allí llegó Pablo, que tenía el mismo oficio, y se quedó a vivir y a trabajar con ellos. Así empezó una amistad que duró el resto de la vida del Apóstol.
La pareja acompañó a Pablo a Éfeso. En esa ciudad instruyeron a Apolo, un judío de Alejandría elocuente y fervoroso al que le faltaba conocer del todo el camino cristiano. En su casa se reunía la comunidad: Pablo saluda a la iglesia que se congrega en casa de ellos. Después volvieron a Roma, y más tarde regresaron a Éfeso, probablemente huyendo de la persecución de Nerón. Pablo los llama sus colaboradores y dice que arriesgaron la cabeza por él.
No se sabe cómo ni cuándo murieron. El Martirologio Romano los conmemora juntos el 8 de julio. Benedicto XVI les dedicó una catequesis entera en 2007: dos esposos que trabajaban, se mudaban, abrían su casa y enseñaban la fe, sin ser apóstoles ni obispos. La Iglesia los recuerda como muestra de que el evangelio también avanzó por matrimonios comunes.
Oración a Santos Áquila y Priscila
Señor, tú quisiste que tu Iglesia creciera en casas comunes, alrededor de una mesa y un trabajo, como la de Áquila y Priscila. Bendice a los matrimonios que hoy sostienen la fe de los suyos. Haz de nuestra casa un lugar donde otros se sientan recibidos. Y danos, como a ellos, amigos fieles en el camino. Amén.
