Calendario litúrgico
Santo del día, 8 de marzo: San Juan de Dios, religioso
Memoria libre1495 – 1550
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Juan Ciudade nació en 1495 en Montemor-o-Novo, Portugal, en una familia pobre. Siendo niño terminó en Oropesa, en Toledo, donde trabajó muchos años como pastor. En 1523 se enroló en los ejércitos de Carlos V y combatió en Fuenterrabía, en Pavía y en la defensa de Viena. Fue también librero ambulante. Durante décadas vivió sin rumbo claro, lejos de la fe de su infancia.
Todo cambió en Granada, en 1539. Tenía cuarenta y cuatro años cuando escuchó predicar a san Juan de Ávila sobre la misericordia de Dios, el reparto injusto de la riqueza y el deber de cuidar a toda persona sin distinción. Juan reaccionó con tal violencia interior —gritos, golpes, penitencia pública— que lo encerraron en el hospital de dementes de la ciudad. Allí vio cómo trataban a los enfermos: encadenados, golpeados, abandonados. Al salir supo qué tenía que hacer con el resto de su vida.
Empezó recogiendo enfermos en el zaguán de una casa prestada y después abrió su propio hospital en la calle Lucena, en Granada. Pedía limosna de noche por las calles con una frase que se hizo famosa: «Haced bien, hermanos, para vosotros mismos». Recibía a todos —enfermos, mendigos, prostitutas, huérfanos—, los lavaba, los alimentaba y les daba una cama limpia y separada. Ese modo de organizar el cuidado, con higiene y trato digno, fue el germen del hospital moderno.
Murió en Granada el 8 de marzo de 1550, agotado y enfermo tras arrojarse al río Genil para salvar a un joven que se ahogaba. Sus compañeros se organizaron después como Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, presente hoy en decenas de países. Fue beatificado en 1630 por Urbano VIII y canonizado el 16 de octubre de 1690 por Alejandro VIII.
Patrono de los hospitales, de los enfermos, del personal de enfermería, de los bomberos y de los libreros.
Oración a San Juan de Dios
Dios nuestro, que infundiste en san Juan de Dios el espíritu de misericordia, concédenos que, ejerciendo la caridad con los hermanos, merezcamos llegar al Reino eterno con tus elegidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
San Faustino Míguez, presbítero
Conmemoración1831 – 1925
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Faustino Míguez nació el 25 de marzo de 1831 en Xamirás, en la diócesis de Ourense, Galicia. Entró con los escolapios, los religiosos fundados por san José de Calasanz para enseñar gratis a los niños pobres, profesó en 1853 y fue ordenado sacerdote en 1856.
Al año siguiente lo enviaron a Cuba, a Guanabacoa, donde enseñó y formó maestros. Allí empezó a estudiar en serio las plantas y sus propiedades curativas, una afición que lo acompañó toda la vida. De vuelta en España siguió con las ciencias naturales: analizó las aguas de la ciudad, preparó materiales escolares sencillos para enseñar historia natural y desarrolló remedios de origen vegetal que le dieron cierta fama.
Pero su obra principal fue otra. En Sanlúcar de Barrameda comprobó que las niñas del lugar no tenían escuela, y el 2 de enero de 1885 fundó el Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora, dedicado a la educación integral de niñas y jóvenes. Pasó sus últimos treinta y siete años en Getafe, cerca de Madrid, donde murió el 8 de marzo de 1925, a los noventa y cuatro años. Juan Pablo II lo beatificó el 25 de octubre de 1998 y el papa Francisco lo canonizó el 15 de octubre de 2017.
Invocado por los educadores y por las niñas y jóvenes sin acceso a la escuela.
Oración a San Faustino Míguez
Señor, tú diste a san Faustino Míguez ojos para ver a las niñas que nadie miraba y manos para curar y enseñar. Ayúdanos a reconocer a los que quedan fuera. Danos su paciencia larga y su confianza en el trabajo escondido. Bendice a los maestros y a quienes cuidan enfermos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
