Calendario litúrgico
9 de noviembre: Dedicación de la Basílica de Letrán
FiestaEs una fiesta, una celebración de rango destacado, un grado por debajo de la solemnidad y reservada a acontecimientos y santos de particular relevancia.
Hoy la Iglesia no celebra a un santo sino a un edificio, y conviene explicar por qué. La basílica de San Juan de Letrán, en Roma, fue la primera gran iglesia construida después del edicto del emperador Constantino, que en el año 313 dio libertad de culto a los cristianos. Constantino entregó al Papa los terrenos que habían pertenecido a la antigua familia romana de los Laterani, y allí se levantaron la basílica, el baptisterio y el patriarcado, es decir, la residencia del obispo de Roma. Los papas vivieron en el Letrán hasta el traslado a Aviñón; a su regreso se instalaron en el Vaticano. Durante casi mil años ese palacio fue la casa del Papa y allí se celebraron cinco concilios ecuménicos.
En su fachada la basílica lleva escrito lo que es: madre y cabeza de todas las iglesias de la ciudad y del mundo. No es un título de honor vacío. Letrán, y no San Pedro, es la catedral del Papa como obispo de Roma, y por eso es la iglesia más antigua y la primera en dignidad de toda la cristiandad. La tradición sitúa su dedicación el 9 de noviembre del año 324, por el papa san Silvestre. Incendios y terremotos la destruyeron varias veces a lo largo de los siglos, y otras tantas fue reconstruida; también se la llama basílica del Divino Salvador.
La fiesta se extendió a toda la Iglesia como signo de comunión con la Sede de Pedro. Pero, como recordaba Benedicto XVI, no celebramos ladrillos. El templo de piedra es símbolo de la Iglesia viva, de la comunidad cristiana. Los apóstoles lo dijeron primero: los bautizados somos «piedras vivas», y Cristo es la piedra angular. Cada Eucaristía y cada gesto real de caridad van construyendo ese templo espiritual que Dios habita de verdad.
Oración
Dios nuestro, que construyes un templo eterno para ti con las piedras vivas que son tus elegidos, multiplica en tu Iglesia la gracia que le has dado, para que tu pueblo fiel continúe edificando la Jerusalén celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
