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Novena a Santiago Apóstol

Novenas

Novena a Santiago Apóstol

Comienza 16 de jul.Fiesta 25 de jul.

Santiago el Mayor, hermano de Juan e hijo de Zebedeo, fue uno de los tres apóstoles más cercanos a Jesús y el primero de los Doce en dar la vida por Él. La tradición lo recuerda como el apóstol que llevó el Evangelio a Hispania, y es patrono de España y de muchas ciudades y pueblos de América. Su fiesta es el 25 de julio; la novena se reza del 16 al 24 de julio, o en cualquier momento del año para pedir una gracia.

Cada día de la novena se reza la oración inicial, la meditación y oración del día, y se termina con la oración final.

Fechas de la novena en 2026

¿Cuándo empieza la novena a Santiago Apóstol en 2026?
En 2026, la novena a Santiago Apóstol comienza el jueves 16 de julio. Son nueve días de oración que culminan en la fiesta.
¿Cuándo es la fiesta de Santiago Apóstol?
En 2026, la fiesta de Santiago Apóstol se celebra el sábado 25 de julio.

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Oración inicial para todos los días

Señal de la Cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío: por ser tú quien eres, bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente, con la ayuda de tu gracia, nunca más pecar, apartarme de las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Te ofrezco mi vida, mis obras y mis trabajos en satisfacción de mis pecados, y confío en tu bondad y misericordia infinita que me los perdonarás por los méritos de tu preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me darás la gracia para enmendarme y perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

Oración para todos los días

Glorioso apóstol Santiago, a quien Jesús llamó junto al mar de Galilea y eligió entre sus amigos más cercanos: tú dejaste la barca, las redes y a tu padre para seguir al Maestro sin mirar atrás. Con Pedro y con Juan fuiste testigo de sus milagros más grandes, contemplaste su gloria en el monte de la Transfiguración y lo acompañaste en la noche de su agonía en el huerto.

Jesús transformó tu carácter ardiente en celo por el Reino, y tú le respondiste con una fidelidad que llegó hasta el martirio: fuiste el primero de los apóstoles en derramar su sangre por Él. La tradición te recuerda como el apóstol que llevó el Evangelio hasta los confines de la tierra conocida, y desde hace siglos multitudes de peregrinos caminan hasta tu sepulcro buscando a Dios.

Hoy vengo a ti con confianza. Tú conoces el cansancio del camino, la lucha contra el propio carácter y el precio de la fidelidad. Intercede por mí ante el Señor: alcánzame una fe firme, una esperanza que no se rinda y una caridad generosa. Y si es para gloria de Dios y bien de mi alma, alcánzame también la gracia que te pido en esta novena. Amén.

Se lee a continuación la consideración del día.

Día 1

El llamado junto al lago

Lectura: Marcos 1,16-20

Santiago no estaba en el templo ni en oración cuando Jesús lo llamó. Estaba trabajando: sentado en la barca con su padre Zebedeo y su hermano Juan, remendando las redes después de una noche de pesca. Era un día cualquiera, con las manos ocupadas y la cabeza en lo de siempre. Y en medio de esa rutina pasó Jesús, lo miró y lo llamó.

El Evangelio dice que Santiago y Juan dejaron a su padre en la barca con los jornaleros y se fueron detrás de Él. No pidieron explicaciones ni negociaron condiciones. Tampoco sabían todo lo que vendría: los caminos, las persecuciones, la cruz. Sabían solamente que valía la pena seguirlo.

Dios también me llama en lo cotidiano. No espera a que mi vida esté ordenada o a que tenga tiempo libre. Me llama en la cocina, en la oficina, en el tráfico, en el cansancio de la noche. Muchas veces su llamado es pequeño: rezar un momento, perdonar a alguien, hacer bien mi trabajo, tener paciencia con los míos. Otras veces pide más. Santiago me enseña que la respuesta no se deja para mañana.

Oración del día

Santiago, que dejaste tus redes en cuanto Jesús te llamó: ayúdame a reconocer su voz en medio de mi vida diaria y a responderle con prontitud. Líbrame de las excusas y de las demoras, y alcánzame un corazón disponible para lo que Dios quiera pedirme. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 2

Hijo del trueno

Lectura: Marcos 3,13-17; Lucas 9,51-56

Cuando Jesús eligió a los Doce, a Santiago y a su hermano Juan les dio un sobrenombre: Boanerges, que quiere decir «hijos del trueno». Tenían un temperamento fuerte y apasionado. Una vez, cuando un pueblo de Samaria no quiso recibir a Jesús, los dos hermanos le preguntaron si quería que mandaran bajar fuego del cielo para acabar con ellos. Jesús se volvió y los reprendió.

Jesús no eligió a Santiago a pesar de su carácter, ni le pidió que dejara de ser quien era. Lo eligió con todo lo que era, y fue educando ese fuego con paciencia. El celo que quería castigar a los que rechazaban al Maestro se convirtió con el tiempo en el celo que lo llevó a dar la vida por Él. La gracia no destruye nuestra naturaleza: la sana y la perfecciona.

Todos tenemos un temperamento que a veces nos traiciona: la impaciencia, el enojo, la dureza con los demás, la necesidad de tener la razón. Jesús no se asusta de eso. Quiere tomar esa misma fuerza y ponerla al servicio del amor. Hoy puedo presentarle con sinceridad lo que me cuesta de mí mismo y pedirle que lo transforme.

Oración del día

Santiago, hijo del trueno, tú conociste la impaciencia y el enojo, y dejaste que Jesús los transformara en amor. Intercede por mí para que el Señor sane mi carácter: que mi fuerza se vuelva servicio, mi impaciencia se vuelva mansedumbre y mi celo sea siempre caridad. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 3

Testigo de la vida

Lectura: Marcos 5,21-24.35-43

Jairo, jefe de la sinagoga, se echó a los pies de Jesús suplicándole por su hija, que estaba muriendo. Mientras iban de camino, llegaron a avisarle que ya era tarde: la niña había muerto. Jesús le dijo que no tuviera miedo, que solamente tuviera fe. Y no permitió que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan.

En la casa todos lloraban. Cuando Jesús dijo que la niña no estaba muerta sino dormida, se burlaron de Él. Santiago entró en la habitación y vio cómo Jesús tomaba a la niña de la mano y le decía que se levantara. Y la niña se levantó. Santiago fue testigo de que no hay situación tan cerrada que Dios no pueda abrir.

Hay dolores en mi vida que parecen definitivos: una relación rota, un hijo alejado, una enfermedad, un sueño que se murió. A veces los demás, y hasta yo mismo, ya los doy por perdidos. Jesús me repite lo mismo que a Jairo: no tengas miedo, solamente ten fe. Él quiere entrar en esa habitación donde todo parece terminado. Santiago, que lo vio con sus propios ojos, puede acompañarme a confiar.

Oración del día

Santiago, testigo del poder de Jesús sobre la muerte: te confío hoy lo que en mi vida parece perdido. Alcánzame una fe que no se deje vencer por el llanto ni por las burlas, y la confianza de dejar que Jesús entre donde yo ya no tengo esperanza. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 4

Testigo de la gloria

Lectura: Mateo 17,1-9

Jesús tomó otra vez a Pedro, Santiago y Juan y los llevó aparte a un monte alto. Allí, delante de ellos, su rostro brilló como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Una nube luminosa los cubrió, y desde la nube se oyó la voz del Padre que presentaba a Jesús como su Hijo amado y les pedía que lo escucharan. Los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de temor, hasta que Jesús se acercó, los tocó y les dijo que se levantaran.

Poco antes, Jesús les había anunciado su Pasión. La Transfiguración fue un regalo para prepararlos: cuando lo vieran humillado y crucificado, debían recordar que habían visto su gloria. Santiago guardó esa luz en el corazón para los días oscuros.

Dios también me regala momentos de luz: una oración en la que sentí su presencia, una confesión que me dejó en paz, una respuesta inesperada, un momento de consuelo en medio del dolor. No son para quedarme a vivir en ellos, sino para sostenerme cuando vuelva a bajar al llano. Y el mandato del Padre sigue siendo el mismo: escuchar a Jesús.

Oración del día

Santiago, que contemplaste a Jesús transfigurado y escuchaste la voz del Padre: ayúdame a guardar en el corazón los momentos en que Dios me mostró su amor, para que me sostengan en la prueba. Enséñame a escuchar a Jesús cada día, en su Palabra y en la oración. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 5

¿Pueden beber el cáliz?

Lectura: Marcos 10,35-45

Santiago y Juan se acercaron a Jesús con un pedido: sentarse uno a su derecha y otro a su izquierda cuando llegara su gloria. Todavía pensaban en un reino de poder y de honores. Jesús les respondió con una pregunta: si podían beber el cáliz que Él iba a beber. Ellos contestaron enseguida que sí, sin entender del todo lo que decían.

Los otros diez se enojaron con los dos hermanos. Entonces Jesús los reunió a todos y les enseñó algo que cambió la historia: entre ellos, el que quisiera ser grande debía hacerse servidor, y el que quisiera ser el primero debía ser esclavo de todos, como el Hijo del hombre, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida.

Jesús le tomó la palabra a Santiago. Años después, bebió el cáliz hasta el final. Aquel «sí podemos», dicho con ingenuidad, se cumplió con su sangre. También yo busco a veces el primer lugar: el reconocimiento, tener la última palabra, que me agradezcan. Jesús me invita a cambiar esa búsqueda por la grandeza escondida del servicio.

Oración del día

Santiago, que aprendiste de Jesús que el más grande es el que sirve: líbrame de buscar los primeros lugares, el aplauso y el reconocimiento. Ayúdame a servir a mi familia, a mis compañeros y a los que más lo necesitan con alegría y sin esperar nada a cambio. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 6

Velar en Getsemaní

Lectura: Marcos 14,32-42

Después de la Última Cena, Jesús fue con sus discípulos a Getsemaní. Dejó a la mayoría a la entrada del huerto y llevó consigo, una vez más, a Pedro, Santiago y Juan. Los mismos que habían visto su gloria en el monte fueron llamados ahora a ver su angustia. Jesús les confesó que sentía una tristeza de muerte y les pidió que se quedaran allí velando.

Se adelantó un poco, cayó en tierra y oró al Padre, pidiéndole que, si era posible, apartara de Él aquel cáliz, pero que no se hiciera su voluntad sino la del Padre. Cuando volvió, los encontró dormidos. Tres veces se repitió la escena. Santiago, que había dicho que podía beber el cáliz, no pudo velar ni una hora.

Jesús no los rechazó por su debilidad. Les dijo que el espíritu está dispuesto pero la carne es débil, y siguió amándolos. También yo me duermo muchas veces cuando Dios me pide velar: cuando alguien a mi lado sufre y no lo acompaño, cuando dejo la oración para después, cuando me distraigo en lo que no importa. Santiago me enseña que se puede volver a empezar.

Oración del día

Santiago, que acompañaste a Jesús en su agonía y conociste tu propia debilidad: alcánzame la gracia de velar y orar para no caer en la tentación. Dame un corazón despierto para acompañar a los que sufren y para no dejar solo a Jesús en los que hoy viven su propio Getsemaní. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 7

Primer apóstol mártir

Lectura: Hechos 12,1-3

Después de Pentecostés, Santiago anunció a Cristo resucitado con la fuerza del Espíritu Santo. Hacia el año 44, el rey Herodes Agripa comenzó a perseguir a la Iglesia para ganarse el favor de algunos, y mandó matar a espada a Santiago, hermano de Juan. Así, el primero de los Doce en dar la vida por Jesús fue aquel a quien Jesús le había preguntado si podía beber su cáliz.

El libro de los Hechos lo cuenta en una sola frase, sin adornos. La fidelidad de Santiago no fue un gesto heroico de un momento, sino el fruto de muchos años de seguimiento: de caídas y levantadas, de correcciones aceptadas, de un corazón que fue aprendiendo a amar. El trueno se había vuelto ofrenda.

Hoy la mayoría de nosotros no enfrentará una espada. Pero todos estamos llamados a un martirio cotidiano: ser fieles cuando cuesta, decir la verdad cuando es incómoda, defender la fe con respeto, cumplir las promesas del matrimonio, del sacerdocio o de la amistad aunque lleguen días difíciles. Santiago intercede por quienes sufren por su fe y por quienes necesitamos perseverar.

Oración del día

Santiago, primer apóstol mártir, que diste tu vida por Jesús con valentía: alcánzame la gracia de ser fiel en lo pequeño y en lo grande, hasta el último día de mi vida. Fortalece a los cristianos perseguidos en el mundo y a todos los que hoy sufren por su fe. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 8

La Virgen y el apóstol

Según la tradición

Una antigua tradición cuenta que Santiago llevó el Evangelio hasta Hispania, en el extremo occidental del mundo conocido. El trabajo era duro y los frutos, pocos. Según esa misma tradición, estando a orillas del río Ebro, en Zaragoza, desanimado junto a un pequeño grupo de discípulos, la Virgen María se le presentó sobre una columna para animarlo a seguir adelante y a construir allí un templo. De ahí nace la devoción a la Virgen del Pilar, tan querida en España y en toda América.

Más allá de los detalles de la tradición, hay una verdad que la Iglesia vive desde el principio: María acompaña a los apóstoles. Estuvo con ellos en el Cenáculo esperando al Espíritu Santo, y sigue acompañando a los que anuncian a su Hijo, sobre todo cuando se cansan.

¿Cuántas veces me he sentido como Santiago a orillas del río, con la impresión de que mis esfuerzos no sirven para nada? En la familia, en el trabajo, en la oración, en la educación de los hijos. En esos momentos, la Madre de Jesús viene a sostenerme. Ella es columna firme para los que vacilan.

Oración del día

Santiago, a quien la tradición recuerda consolado por la Virgen María en tu cansancio: enséñame a acudir a ella cuando me desanimo. Que María sea la columna que me sostiene cuando siento que mis esfuerzos no dan fruto, y que nunca abandone la tarea que Dios me confió. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Día 9

Peregrino y patrono

Lectura: Mateo 28,16-20

Desde hace más de mil años, peregrinos de todo el mundo caminan hacia Compostela, donde la tradición venera el sepulcro de Santiago. Caminan días y semanas, con ampollas y lluvia, con alegría y con preguntas. Muchos llegan buscando algo que no saben nombrar, y se encuentran con Dios en el camino.

La fe que Santiago anunció cruzó también el océano. En América, su nombre está en ciudades, pueblos, parroquias y familias: Santiago de Chile, Santiago de los Caballeros, Santiago de Querétaro, Santiago de Cuba y tantos otros lugares lo tienen como patrono. Generaciones de nuestros abuelos le encomendaron sus cosechas, sus viajes y sus hijos. Esa fe llegó hasta nosotros como una herencia.

Toda la vida cristiana es una peregrinación. Caminamos hacia la casa del Padre, a veces con paso firme y a veces arrastrando los pies. No caminamos solos: nos acompaña Jesús, que prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, y nos acompañan los santos. Al terminar esta novena, le pedimos a Santiago que siga caminando a nuestro lado y que nos haga, como él, testigos del Evangelio en nuestra tierra.

Oración del día

Santiago, apóstol peregrino y patrono de tantos pueblos de América: bendice a nuestras familias, a nuestras ciudades y a nuestras naciones. Acompáñame en el camino de esta vida, levántame cuando me canse y no permitas que me desvíe de la meta, que es Dios. Haz de mí un testigo alegre de Jesús. Amén.

Petición personal, en silencio. Tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias.

Oración final para todos los días

Oración final

Señor Jesús, que llamaste a Santiago para que fuera tu amigo, tu testigo y tu apóstol, y le concediste la gracia de ser el primero en dar la vida por ti: por su intercesión, concédenos seguirte con generosidad, servir a los demás con humildad y perseverar en la fe hasta el final.

Protege a tu Iglesia, bendice a nuestras familias y a nuestros pueblos, consuela a los que sufren, da fuerza a los que caminan cansados y lleva a tu Reino a los que han partido de este mundo. Y si es para tu gloria y nuestro bien, concédenos la gracia que pedimos en esta novena.

Te lo pedimos a ti, que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

V. Santiago Apóstol,R. ruega por nosotros.

Si se desea, se cantan o rezan los Gozos a Santiago Apóstol.

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