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Salmo 103

Bendice, alma mía, al Señor: el salmo de la misericordia

El Salmo 103 es el gran canto de gratitud de la Biblia. Empieza hablándose a sí mismo, «Bendice, alma mía, al Señor, y guárdate de olvidar ninguno de sus beneficios», porque la memoria agradecida hay que despertarla: el perdón recibido, la salud recuperada, la vida rescatada.

Y en su centro está el retrato de Dios que más consuela: compasivo y benigno, tardo en airarse, que aleja nuestras culpas «cuanto dista el oriente del occidente» y se compadece como un padre se compadece de sus hijos. Rézalo para dar gracias, o para recordar quién es Aquel a quien le rezas.

En la numeración de la Vulgata, que siguen muchos devocionarios católicos, este salmo aparece como Salmo 102.

1. Bendice, ¡oh alma mía!, al Señor, y bendigan todas mis entrañas su santo Nombre.

2. Bendice al Señor, alma mía, y guárdate de olvidar ninguno de sus beneficios.

3. Él es quien perdona todas tus maldades; quien sana todas tus dolencias;

4. quien rescata de la muerte tu vida; el que te corona de misericordia y gracias;

5. el que sacia con sus bienes tus deseos, para que se renueve tu juventud como la del águila.

6. El Señor hace mercedes, y hace justicia a todos los que sufren agravios.

7. Hizo conocer a Moisés sus caminos, y a los hijos de Israel su voluntad.

8. Compasivo es el Señor y benigno, tardo en airarse y de gran clemencia.

9. No durará para siempre su enojo, ni estará amenazado perpetuamente.

10. No nos ha tratado según merecían nuestros pecados, ni dado el castigo debido a nuestras iniquidades.

11. Antes bien cuanta es la elevación del cielo sobre la tierra, tanto ha engrandecido él su misericordia para con aquellos que le temen.

12. Cuanto dista el oriente del occidente, tan lejos ha echado de nosotros nuestras maldades.

13. Como un padre se compadece de sus hijos, así se ha compadecido el Señor de los que le temen.

14. Porque él conoce bien la fragilidad de nuestro ser. Tiene muy presente que somos polvo,

15. y que los días del hombre son como el heno: cual flor del campo, así florece, y se seca.

16. Porque el espíritu estará en él como de paso; y así el hombre dejará pronto de existir y le desconocerá el lugar mismo que ocupaba.

17. Pero la misericordia del Señor permanece desde siempre y para siempre sobre aquellos que le temen. Su justicia no abandonará jamás a los hijos y nietos

18. de aquellos que observan su alianza, y conservan la memoria de sus mandamientos, para ponerlos en práctica.

19. El Señor asentó en el cielo su trono; y su reino dominará sobre todos.

20. Bendecid al Señor todos vosotros, ¡oh ángeles suyos!, vosotros de gran poder y virtud, ejecutores de sus órdenes, prontos a obedecer la voz de sus mandatos.

21. Bendecid al Señor todos vosotros que componéis su celestial milicia, ministros suyos que hacéis su voluntad.

22. Criaturas todas de Dios, en cualquier lugar de su universal imperio, bendecid al Señor. Bendice tú, ¡oh alma mía!, al Señor.

Traducción de Félix Torres Amat (dominio público).

Preguntas frecuentes

¿Para qué se reza el Salmo 103?

Para dar gracias: por un favor recibido, por la salud, por el perdón, o simplemente por todo lo que solemos olvidar. También se reza para recordar cómo es Dios (compasivo, paciente, misericordioso como un padre) cuando la imagen que uno tiene de él se ha endurecido.

¿El Salmo 103 y el Salmo 102 son el mismo?

Sí. En la numeración de la Vulgata latina, la que siguen muchos devocionarios y libros litúrgicos católicos, este salmo aparece como Salmo 102. En la numeración hebrea, que usan la mayoría de las Biblias actuales, es el Salmo 103. El texto es el mismo.

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