Salmo 121
Alcé mis ojos a los montes: el salmo del caminante
El Salmo 121 es un canto de los peregrinos que subían hacia Jerusalén: la oración del que va de camino y levanta la vista buscando ayuda. Por eso se reza antes de un viaje, al empezar una etapa nueva (un trabajo, una mudanza, un comienzo) y también al comenzar el día.
Su promesa es concreta: el que te guarda no se duerme. Ni el sol de día ni la luna de noche; el Señor custodia tu salida y tu llegada, «desde ahora y para siempre». Es un salmo corto, perfecto para llevarlo de memoria y repetirlo en el camino.
En la numeración de la Vulgata, que siguen muchos devocionarios católicos, este salmo aparece como Salmo 120.
1. Alcé mis ojos hacia los montes de Jerusalén, de donde me vendrá el socorro.
2. Mi socorro viene del Señor que creó el cielo y la tierra.
3. No permitirá que resbalen tus pies, oh alma mía, ni se adormecerá aquel que te está guardando.
4. No por cierto, no se adormecerá, ni dormirá el que guarda a Israel.
5. El Señor es el que te custodia; el Señor está a tu lado para defenderte.
6. Ni de día el sol te quemará, ni de noche te dañará la luna.
7. El Señor te preservará de todo mal. Guardará el Señor tu alma.
8. El Señor te guardará en todos los pasos de tu vida, desde ahora y para siempre.
Traducción de Félix Torres Amat (dominio público).
Preguntas frecuentes
¿Para qué se reza el Salmo 121?
Es el salmo del caminante: se reza antes de salir de viaje, al comenzar algo nuevo y al empezar el día, para poner el camino bajo la custodia de Dios. Forma parte de los «cánticos de las subidas» que los peregrinos rezaban camino a Jerusalén.
¿El Salmo 121 y el Salmo 120 son el mismo?
Sí. En la numeración de la Vulgata latina, la que siguen muchos devocionarios y libros litúrgicos católicos, este salmo aparece como Salmo 120. En la numeración hebrea, que usan la mayoría de las Biblias actuales, es el Salmo 121. El texto es el mismo.
