Calendario litúrgico
Santo del día, 14 de octubre: San Calixto I, papa y mártir
Memoria librec. 155 – c. 222
Es una memoria libre: su celebración es opcional y puede hacerse o dejarse según el lugar y la comunidad.
Calixto nació en Roma hacia el año 155 y empezó su vida como esclavo. Antes de ser libre pasó por el castigo de las minas, un trabajo durísimo del que pocos volvían. Recuperada la libertad, el papa san Ceferino lo hizo su hombre de confianza y lo ordenó diácono. Le encargó algo muy concreto: el cuidado del cementerio cristiano de la vía Apia, que desde entonces se llama Catacumbas de San Calixto.
Bajo su administración ese cementerio se organizó y se amplió hasta tener cuatro niveles de profundidad y más de veinte kilómetros de galerías, y dejó de depender de propietarios particulares para pasar a ser de la comunidad cristiana: fue el primer cementerio propio de la Iglesia de Roma. Allí siguen los restos de papas y mártires de los primeros siglos.
Al morir Ceferino, en el año 217, el pueblo y el clero de Roma eligieron a Calixto para sucederlo, y gobernó la Iglesia hasta cerca del 222. Su pontificado fue tenso. Un sector rigorista, encabezado por san Hipólito, le reprochaba que un antiguo esclavo presidiera la Iglesia y, sobre todo, su manera de tratar a los pecadores: Calixto readmitía a la comunión, después de penitencia pública, a quienes habían cometido pecados graves, ordenaba a hombres casados más de una vez y reconocía las uniones entre esclavos y mujeres libres, que la ley romana no admitía. Defendió esas decisiones como fidelidad a la misericordia de Cristo.
Una tradición antigua cuenta que, durante un disturbio contra los cristianos, fue arrojado a un pozo profundo y sepultado vivo. No fue enterrado en las catacumbas que llevan su nombre, sino en el cementerio de la vía Aurelia.
Invocado por los sepultureros y por quienes cuidan los cementerios cristianos.
Oración a San Calixto I
Dios nuestro, que llamaste al papa san Calixto a servir a la Iglesia y a promover la piedad por los fieles difuntos, fortalécenos por el testimonio de su fe para que, libres del pecado, alcancemos la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
