Calendario litúrgico
Santo del día, 15 de febrero: San Onésimo
Conmemoración† c. 90
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Onésimo aparece en el Nuevo Testamento dentro de la carta más corta de san Pablo. Era esclavo de Filemón, un cristiano acomodado de Colosas, en Frigia. Huyó de la casa de su amo —según la tradición, después de robarle— y terminó en Roma, donde Pablo estaba preso. Allí escuchó el Evangelio, creyó y fue bautizado.
Pablo lo hubiera querido a su lado, pero decidió devolverlo a Filemón con una carta breve y valiente: le pide que reciba a Onésimo no ya como esclavo, sino como hermano querido. Es uno de los textos más humanos del Nuevo Testamento y quedó en el canon de la Escritura. En el nombre mismo hay un juego que el Apóstol aprovecha: Onésimo significa "útil". La tradición dice que Filemón lo perdonó, le dio la libertad y lo dejó volver junto a Pablo.
Lo que vino después se conoce con mucha menos certeza. San Ignacio de Antioquía, a comienzos del siglo II, saluda a un Onésimo obispo de Éfeso, y autores antiguos como san Jerónimo lo identifican con el esclavo de la carta. La misma tradición añade que fue llevado preso a Roma y que murió lapidado. Los historiadores no pueden confirmar ni esa identificación ni los detalles del martirio, así que conviene tomarlos como memoria antigua y no como dato seguro.
La Iglesia lo venera porque su historia dice algo que el mundo antiguo no decía: que un esclavo fugitivo podía sentarse a la mesa como hermano de su amo y del apóstol que lo bautizó. El Martirologio Romano vigente lo recuerda el 15 de febrero; buena parte de los santorales en español lo sigue celebrando el 16, que era la fecha antigua.
Oración a San Onésimo
Señor Jesús, tú llamaste a Onésimo cuando era un fugitivo y lo hiciste hermano de quienes lo habían tenido por esclavo. Por su intercesión, danos un corazón capaz de perdonar y de dejarnos perdonar. Rompe en nosotros las cadenas del miedo y del rencor. Y enséñanos a mirar a cada persona como lo que es delante de ti: un hermano querido. Amén.
San Claudio de la Colombière
Conmemoración1641 – 1682
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Claudio nació en 1641 en Saint-Symphorien-d'Ozon, entre Lyon y Vienne, en el sur de Francia. Estudió con los jesuitas de niño y entró en la Compañía de Jesús a los diecisiete años. Fue ordenado sacerdote en 1669. Predicaba bien, escribía mejor y tenía fama de hombre equilibrado.
En 1674 lo nombraron superior de la casa jesuita de Paray-le-Monial. Allí conoció a una monja de la Visitación, Margarita María de Alacoque, que decía recibir revelaciones del Corazón de Jesús y a quien casi nadie creía. Claudio la escuchó, examinó despacio lo que contaba y concluyó que era obra de Dios. Fue su director espiritual y el primero que sostuvo públicamente esa devoción. Sin él, la devoción al Sagrado Corazón probablemente no habría salido del convento.
En el otoño de 1676 lo enviaron a Inglaterra como predicador y capellán de María de Módena, duquesa de York y católica en un país donde serlo era peligroso. Cuando estalló la histeria del llamado complot papista, Claudio fue arrestado y encerrado varias semanas. No lo ejecutaron, pero salió de la cárcel con la salud rota y fue expulsado del país. Regresó a Francia en 1679 y volvió a Paray-le-Monial en 1681.
Murió allí el 15 de febrero de 1682, a los cuarenta y un años, de una hemorragia interna. Sus restos se veneran en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial. Fue beatificado en 1929 y canonizado por san Juan Pablo II el 31 de mayo de 1992. Lo que dejó escrito sobre la confianza en Dios se sigue rezando hoy.
Oración a San Claudio de la Colombière
Dios mío, estoy tan persuadido de que veláis sobre todos los que en Vos esperan, y de que nada puede faltar a quien de Vos aguarda todas las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Vos todas mis inquietudes.
Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación; las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de serviros; yo mismo puedo perder vuestra gracia por el pecado; pero no perderé mi esperanza: la conservaré hasta el último instante de mi vida.
Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, solo Tú, has asegurado mi esperanza. Así sea.
