Calendario litúrgico
Santo del día, 2 de mayo: San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia
Memoriac. 298 – 373
Es una memoria, la celebración habitual del santo en el día que le corresponde dentro del calendario de la Iglesia.
Atanasio nació en Alejandría de Egipto hacia el año 298. Fue lector, diácono y secretario del patriarca Alejandro, y con él asistió al concilio de Nicea en el año 325, siendo todavía muy joven. Aquel concilio condenó la doctrina de Arrio, que negaba que el Hijo fuera Dios igual que el Padre, y formuló el credo que los católicos seguimos rezando los domingos. Atanasio salió de allí con una convicción que le costaría el resto de la vida: si Cristo no es Dios, no nos ha salvado nadie.
En 328, muerto Alejandro, quedó al frente de la Iglesia de Alejandría. Tenía alrededor de treinta años y por delante cuarenta y cinco de conflicto. Los arrianos contaban con el favor de varios emperadores, y Atanasio no cedió. Lo depusieron y lo desterraron cinco veces a lo largo de treinta años: a Tréveris, a Roma, al desierto egipcio entre los monjes. Sumando los períodos, pasó unos diecisiete años fuera de su ciudad. Siempre volvió. Las fuentes lo describen como un obispo solo frente a todos, incluso frente al emperador, sosteniendo la fe de Nicea.
Escribió mucho y bien. Su tratado "Sobre la encarnación del Verbo" explica por qué Dios se hizo hombre. Su "Vida de Antonio" contó al mundo latino qué era el monacato del desierto y se convirtió en el libro más leído de la literatura cristiana antigua. También escribió cuatro cartas a Serapión sobre la divinidad del Espíritu Santo y unas treinta cartas festivas a las iglesias de Egipto. Murió en Alejandría el 2 de mayo del 373, en el aniversario cuarenta y seis de su ordenación episcopal, en la sede que tanto le había costado conservar. La Iglesia lo cuenta entre los grandes Padres de Oriente y lo honra como doctor de la Iglesia.
Oración a San Atanasio
Dios todopoderoso y eterno, que hiciste de tu obispo san Atanasio un preclaro defensor de la divinidad de tu Hijo; concédenos, en tu bondad, que, fortalecidos con su doctrina y protección, te conozcamos y te amemos cada vez más plenamente. Por nuestro Señor Jesucristo.
San Antonino de Florencia, obispo
Conmemoración1389 – 1459
Es una conmemoración: este día es feria en el Calendario Romano General, así que el santo no tiene celebración propia en el calendario universal. Su memoria se conserva en el Martirologio Romano y en los calendarios particulares de países, diócesis y órdenes religiosas.
Antonio Pierozzi nació en Florencia el 1 de marzo de 1389. Todos lo llamaron siempre por el diminutivo: Antonino. Siendo un adolescente pidió entrar en la Orden de Predicadores, los dominicos, de la mano del beato Juan Dominici, el gran reformador de la orden en Italia. Hizo la profesión hacia 1405 y fue ordenado sacerdote en 1413. Durante décadas gobernó conventos en Cortona, Roma, Nápoles, Gaeta, Siena y Fiésole, y estuvo al frente de la rama reformada de los dominicos en Italia. En 1436 fundó el convento de San Marcos de Florencia, con el apoyo de Cosme de Médicis, y en 1443 abrió allí la primera biblioteca pública de la ciudad.
En 1446 el papa Eugenio IV lo nombró arzobispo de Florencia; fue consagrado en Fiésole el 13 de marzo de ese año. Siguió viviendo con la austeridad del fraile. Reorganizó las parroquias, exigió disciplina al clero, predicó sin descanso y se ocupó personalmente de los pobres, sobre todo de los que pasaban hambre sin atreverse a pedir. Los florentinos lo apodaron "Antonino de los consejos" porque acudían a él lo mismo por un pleito que por una duda de conciencia.
Escribió una "Suma de teología moral" que abrió camino en esa disciplina, con páginas concretas sobre el comercio, el préstamo y el trabajo, y una crónica universal. Murió el 2 de mayo de 1459 y el papa Pío II presidió su funeral. Adriano VI lo canonizó el 31 de mayo de 1523. Su cuerpo se venera en la basílica dominica de San Marcos, en Florencia.
Oración a San Antonino de Florencia
Oh Dios, que hiciste al bienaventurado obispo Antonino insigne por su don de sabiduría; te pedimos con humildad que infundas en nosotros, tus hijos, el espíritu de inteligencia, de verdad y de paz, para que, conociendo con sinceridad lo que te es grato, lo realicemos con todas nuestras fuerzas. Por nuestro Señor Jesucristo.
