Salmo 27
El Señor es mi luz y mi salvación: el salmo del valor
«El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién he de temer yo?» El Salmo 27 es la oración del valor: se reza cuando hay que enfrentar algo que asusta (un diagnóstico, un conflicto, una decisión difícil) y hace falta recordar que no vamos solos.
Tiene además uno de los deseos más hermosos de toda la Biblia: pedir una sola cosa, vivir en la casa del Señor y buscar su rostro. Y termina con el consejo que uno quisiera escuchar en cualquier espera: aguarda al Señor, cobre aliento tu corazón.
En la numeración de la Vulgata, que siguen muchos devocionarios católicos, este salmo aparece como Salmo 26.
1. El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién he de temer yo? El Señor es el defensor de mi vida: ¿quién me hará temblar?
2. Mientras están para echarse sobre mí los malhechores, a fin de devorar mis carnes, esos enemigos míos que me atribulan, esos mismos han flaqueado, y han caído.
3. Aunque acampen ejércitos contra mí, no temblará mi corazón. Aunque me embistan en batalla, entonces mantendré firme mi esperanza.
4. Una sola cosa he pedido al Señor, ésta solicitaré; y es que yo pueda vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida; para contemplar las delicias del Señor, frecuentando su templo.
5. Él es quien me tuvo escondido en su Tabernáculo; en los días aciagos me puso a cubierto en lo más recóndito de su pabellón.
6. Me ensalzó sobre una roca; y ahora me ha hecho prevalecer contra mis enemigos. Por tanto estaré alrededor de su Tabernáculo, inmolando sacrificios de júbilo o acción de gracias; cantando y entonando himnos al Señor.
7. Escucha, ¡oh Señor!, mis voces, con que te he invocado; ten misericordia de mí y óyeme.
8. Contigo ha hablado mi corazón; en busca de ti han andado mis ojos. ¡Oh, Señor! tu cara es la que yo busco.
9. No apartes de mí tu rostro; no te retires enojado de tu siervo. Sé tú en mi ayuda; no me desampares, ni me desprecies, ¡oh Dios, salvador mío!
10. Porque mi padre y mi madre me desampararon; pero el Señor me ha tomado por su cuenta.
11. Arregla, Señor, mis pasos en tu camino, y dirígeme por la recta senda, a causa de mis enemigos.
12. No me abandones a los deseos de mis perseguidores; porque han conspirado contra mí testigos inicuos; mas la iniquidad ha mentido o dañado a sí misma.
13. Yo espero que veré algún día los bienes del Señor en la tierra de los vivientes.
14. Aguarda al Señor, y pórtate varonilmente; cobre aliento tu corazón, y espera con paciencia el Señor.
Traducción de Félix Torres Amat (dominio público).
Preguntas frecuentes
¿Para qué se reza el Salmo 27?
Para pedir valor frente al miedo: ante un problema de salud, un conflicto, una decisión difícil o cualquier situación que intimide. También es el salmo de quien busca a Dios de verdad, «tu cara es la que yo busco», y de quien necesita paciencia en la espera.
¿El Salmo 27 y el Salmo 26 son el mismo?
Sí. En la numeración de la Vulgata latina, la que siguen muchos devocionarios y libros litúrgicos católicos, este salmo aparece como Salmo 26. En la numeración hebrea, que usan la mayoría de las Biblias actuales, es el Salmo 27. El texto es el mismo.
